Los nuevos coleccionistas en la España del siglo XIX



El Libro antiguo español. VI. De libros, Librerías, Imprentas y Lectores, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2002, p. 53-65.

 

Los nuevos coleccionistas en la España del siglo XIX1.

 

         El largo e ininterrumpido proceso de extensión del " compartir social de las prácticas de lo escrito " a lo largo del siglo XIX  permitió, a partir de los años 1830, la aparición de unos " nuevos lectores " - lectores suplementarios y lectores distintos de los anteriores - (Botrel, 1996, 47). Ahora bien :  en las nuevas relaciones proyectadas y operadas con el impreso - el libro , el periódico, etc. -, consta que para el editor y el cliente-lector, la colección desempeñó un papel decisivo.

         La colección o sea, la operación elemental que consistió en asociar al lector "raso" a la construcción del libro-volumen y el diseño editorial encaminado a crear y satisfacer, por la suscrición u otras formas, unas aspiraciones aún imprecisas o ingenuas.

         El análisis del discurso editorial que acompaña los sucesivos proyectos o programas encaminados a inducir un comportamiento esperado por parte de una clientela cada vez más social y sexualmente identificada, por una parte, y el examen práctico de unos cuantos objetos resultantes de la cooperación "productora " -el folletín-libro, el libro por entregas, el periódico-libro, las colecciones y bibliotecas 2, ha de permitirnos comprender cómo la producción y adquisición fragmentada y escalonada del libro por el coleccionador o sea, sencillamente el que collige (de cum-ligare : atar juntos) las distintas partes constitutivas de un volumen, libro o "tomo", como entonces se decía, pudo contribuir al aprendizaje del libro por el futuro nuevo lector y coleccionista, en la diacronía .

 

El folletín-libro. La confección de un libro a partir de la colección de folletines es tal vez la primera manifestación de una práctica de coleccionador/coleccionadora en la España del siglo XIX 3 ; da cuenta de una práctica lectora derivada de un impreso periódico adquirido más bien diariamente y por suscripción .

         A partir de los años 1840, la prensa diaria acentúa su polimorfismo y polivalencia incluyendo como argumento publicitario en el espacio creado del "folletín", la publicación progresiva bajo forma de columnas truncadas o de páginas numeradas o no. En ellas, de manera casi siempre continua pero fragmentada, se imprime y da a leer un texto que, cada vez más, resulta ser una novela (Lécuyer/Villapadierna, 1995) : entre el 20-09 y el 31-12-1853 Las Novedades llegará, por ejemplo, a publicar 8 títulos (Atar Gull de E. Sue, Inés de las Sierras de C. Nodier, Mis prisiones de S. Pellico, etc.) que suman 463 páginas y 82 grabados...

         El resultado puede ser una serie ordenada, con número de orden, de columnas o páginas impresas con, en el verso, un texto ajeno a la obra y que se pretende completar y conservar (recortándolo) o, cada vez más, un conjunto de futuras páginas numeradas y organizadas de tal manera que se utilicen las dos caras 4 . En este caso, la disposición de las páginas casi requiere su separación para una ulterior encuadernación que suele ser prevista por el periódico al proponer "folletines encuadernables" e incluir portada e índice, llegando hasta repartir cubiertas y proponer a veces las tapas editoriales para la encuadernación de un libro cuyo proceso de derivación puede incluir, pues, tanto una manera de coleccionar primitivo como una producción editorial con todas de la ley: precisará, por ejemplo, La Voz del Pueblo  de 11-10-1855 que "el folletín se publicará de tal forma que pueda ser cortado y encuadernado, dando 6 páginas diarias que darán un tomo cada dos meses para el cual repartiremos gratis una cubierta de color " 5. La lectura en el mismo periódico, si puede efectivamente existir a veces, no es, pues, la práctica mayoritaria ni el objetivo final que sería la conservación a través de una colección específica : no se conserva la colección del periódico sino que solo se colecciona una parte, el folletín .

         De ahí, por una parte, una práctica coleccionadora derivada del mismo impreso al que se arranca cortándosela,  la parte de la plana primera o primera y segunda, por lo general, en la que va impreso el texto codiciado y, por otra parte, para aquellos suscritores que pretenden conservar la colección del periódico, la oferta de un libro "hecho", derivado de la publicación en el periódico (sin necesidad de una nueva composición tipográfica, utilizando los mismo plomos y haciendo tiradas aparte) : así lo prevé Las Novedades  del  7-02-1854, al observar que  " hace mucho tiempo que muchos de ellos (los lectores) que desean conservar sin cortarlo el folletín de las ediciones de la mañana y mediodía y varios de los que lo son a la edición de la tarde nos han escitado a que hiciéramos una impresión aparte de las obras que diéramos en aquella sección del periódico". Los textos publicados en el folletín pasarán a incluirse en "Bibliotecas" cuyos sucesivos números  regalados o comprados puede coleccionar el suscritor neo-coleccionista (cf.infra).

         La referencia dominante es obviamente el libro y compite con él la prensa comparando las respectivas cantidades de lectura que ofrece  o proponiendo, con el periódico, libros por hacer o libros hechos :El Eco de los folletines (" la más abundante en lectura y la más barata de todas las colecciones de libros") anuncia que formará todos los trimestres un tomo de 480 páginas 960 columnas con 120 a 150 grabados que habrán importado 12 reales y La Moda Elegante. "Periódico de señoras y señoritas indispensable en toda casa de familia" observa, en el año 36 de su publicación, que   "la lectura es selecta e instructiva y su contenido excede en el año de 6O tomos en 8°" ;  de la "Biblioteca de Las Ocurrencias " se regala un  tomo para cada suscrición a un semestre del diario y dos para un año, vendiendo el tomo suelto 75 cts., etc.

         El resultado de las prácticas efectivas de los coleccionadores se puede observar en los baratillos más que en las bibliotecas, en los folletines encuadernados (o no) conservados : desde una sencilla puntada (luego serán grapas o clips de latón) hasta una encuadernación "canónica" a la holandesa -muy a menudo pobre y elemental- o con cubiertas editoriales.

         Estos libros confeccionados artesanalmente se distinguen de los editorialmente producidos por la irregularidad del corte de la tijera o del imperfecto guillotinado, por la variación en los márgenes, por la incorrecta colocación (ladeada) y correspondencia (entre páginas par e impar) de las manchas, por lo rudimentario de la encuadernación (cf. la escasa calidad del cartón y del papel jaspeado, etc.). El resultado puede ser lo que se observa en un ejemplar de Oliverio Twist  (564 p.), publicado en el folletín de El Siglo Futuro  en 1900, con su somera encuadernación con lomo en cuero rústico, con "nervios" ahuecados y tejuelo reservado con mención manuscrita del título, tapas con papel jaspeado "industrial" pero puntas azules, marcada irregularidad en los cuatro márgenes, manchas a menudo "ladeadas" que no coinciden entre recto y verso de la página, capítulos separados por un espacio en blanco pero seguidos (pueden empezar en una página par), papel de periódico, por supuesto, cortes con tijeras muy burdos, guardas de recuperación o sea un libro construido y apropiado, con las apariencias de un producto legítimo del cual el autolibro derivado del folletín hace simbólicamente las veces 6.

         El que se trate de una práctica derivada -segunda y subordinada- traduce una compleja jerarquía, con el carácter accesorio del libro resultante con respecto al impreso fuente pero también su carácter al fin y al cabo superior por la transformación y conservación del mero impreso efímero en perenne libro.

         Llama la atención el hecho que el papel se trate al fin y al cabo como el tejido, con la perspectiva de una confección a partir de unos patrones y figurines suministrados por el periódico y el libro -cortar y coser son labores propias de la mujer, labores de "su sexo"-, a partir de un objeto abandonado por el jefe de familia y trasferido a la o a las mujeres de la casa, pudiendo llegar hasta las criadas como le pasa a Petra con las tías de Ana Ozores en La Regenta. La habilidad de la mujer en casa, costurera y lectora de periódicos de moda (complejísimos por la variedad y heterogeneidad del material) se aplica con asiduidad y facilidad a la prensa, con una actividad lectora públicamente programada desde unos presupuestos interclasistas, como en La Moda elegante cuyo cuyo " precioso album" resultante de la colección de los números del año será " digno de ocupar un lugar preferente lo mismo en el gabinete de la aristocrática familia que la mesa de labor de la menos acomodada señorita ".

         Las condiciones de adquisición y lectura del folletín-libro pueden ser interpretadas, pues, como una pedagogía del acceso facilitado, si no generalizado, a la lectura como práctica corriente (diaria, semanal, etc.) o como frustración en alguna medida provechosa ya que impele a desear un libro hecho en el que el ritmo de la lectura no sea el del periódico o del editor. Algo parecido se puede observar a propósito de otro producto editorial contemporáneo pero más sofisticado : la entrega.

 

El libro por entregas. Aquí el proyecto editorial, cara al cliente-lector ( el discurso editorial solo se refiere al "lector"), es hacer que adquiera o pueda adquirir la totalidad de las partes constitutivas de un libro por hacer y que resulte un libro hecho con la cooperación del consumidor coleccionador. La meta y la referencia es, otra vez, el libro (un "tomo" o varios tomos) al cual se llega a través de una serie ordenada de sublibros, las entregas que pueden constar de varios pliegos. Lo importante para el caso es, pues, que desde un principio el sistema de producción y comercialización obliga y ayuda al lector a proyectarse en la posesión final de un libro cuidadosamente valorado en todos sus aspectos : "edición de lujo con letras de adorno", "elegante cubierta de color",  "primorosos/preciosos grabados alusivos  intercalados en el texto", "gran tamaño y abultado volumen", "buen papel satinado", "elegantemente encuadernado", etc. son calificaciones utilzadas por la Sociedad Literaria de Madrid, por ejemplo 7.

         Esta proyección queda codificada, con un constante recurso al tiempo de la realización -el futuro-, con unas precisas relaciones contractuales de las que se pueden deducir las prácticas cooperativas esperadas y materializadas. Puede ilustrarlo el siguiente discurso a propósito de algunas publicaciones de la Sociedad Literaria Madrileña de W. Ayguals de Izco entre 1845 y 1851:

 

"constará esta obra de cuatro o cinco tomos de más de 200 páginas cada uno en 16° marquilla ; cinco entregas de 64 páginas que formarán un tomo de 32O páginas in 16° marquilla con cinco preciosos grabados ; las cinco entregas saldrán en el término de tres meses ; toda la obra saldrá sin interrupción y quedará  publicada en el próximo octubre lo más ; cada entrega que constará de 16 páginas o sea de dos pliegos en cuarto marquilla, con su cubierta sólo costará dos reales ; saldrán las entregas todos los sábados sin falta, con tal rapidez que en breve quedarán publicados los tres o cuatro tomos lo más de que constará la obra ; los suscriptores de Madrid deberán pagar de cuatro en cuatro entregas por adelantado (los de provincias de ocho en ocho a fin de disminuir los olvidos y las molestias que suelen originar las renovaciones demasiado frecuentes ; al fin de cada tomo se repartirá una elegante cubierta en papel de color ; las láminas conservarán los títulos en francés, pero al fin de la obra irá su traducción y un guión que indique el modo de colocarlas en el libro ; es necesario adelantar por lo menos el importe del primer tomo al hacer la suscripción y así sucesivamente.  El primer tomo saldrá el 15 de diciembre, y los demás sucesivamente sin interrupción ; a la mayor brevedad se obtendrán los 6 tomos, o sea toda la obra ; está en prensa el tomo inmediato, cuyo importe deben adelantar los señores suscriptores si no quieren experimentar retraso en su recepción" (apud Baulo, 1998, 461, 482, 487, 506).

 

         Analicemos la lógica y la táctica en sus distintas fases .

         La primera es la transformación del pliego, base de la producción, en una entrega, base de la comercialización y del consumo. Cada entrega viene a ser un minilibro provisional - puede incluir una lámina - con su cubierta 8. Se van adquiriendo y coleccionando así una serie de libritos crisálides pendientes de su metamorfosis en libro-mariposa... Es la segunda fase, la transformación de la serie de pliegos, cuadernos, entregas o sub-libros en uno o varios tomos viene programada por la numeración seguida de cada entrega así como por las habituales signaturas y demás precisiones (fin del tomo primero, etc.) impresas en los pliegos 9. Su ultimación viene condicionada por el suministro final de la portada, de la pauta, plantilla o guión para la colocación de las láminas exentas necesaria para la encuadernación y de la cubierta.

         Vemos, pues, cómo el editor ayuda al lector a cooperar en el cumplimiento de un objetivo deseado, pero de modalidades impuestas, manteniéndole en vilo, al principio, con un derroche de informaciones sobre el libro final y su gestación a través del minilibro intermedio cuya específica entidad se magnifica con los atributos de un libro, como es la cubierta o portada . Todas aquellas descripciones, valoraciones y comparaciones actúan como incentivo pero también como compensación transitoria de la frustración debida a la incompletud y dan indirectamente cuenta  de la expectativa/expectación del "lector" con, por supuesto, una insistencia sobre la rapidez y la puntualidad, no siempre comprobada.

         ¿ Cuál puede ser la práctica del lector/coleccionador ? Cada semana, recibe, pagándola por adelantado o conforme se va publicando, su cantidad de páginas y texto en pliegos/entregas que puede ir leyendo (cf. Botrel, 1974) pero sobre todo acumulando, viendo cómo va cobrando forma, abultándose, el futuro y  deseado libro.

         Llega el momento de despojar cada sub-libro de su cubierta identificadora y vía un alzado propio o ajeno, ayudado por las informaciones facilitadas por el editor y el impresor, transformar algo completo pero aún inestable y precario en un verdadero libro por la encuadernación. Esta puede ser más o menos somera o elaborada : desde el mero cosido de los pliegos por el mismo propietario de la obra 10 hasta una encuadernación a la holandesa por un encuadernador con tapas de papel jaspeado y lomo con filetes y dorados e incluso las iniciales del propietario, pasando por la imitación la encuadernación canónica con seudo nervios o tejuelos y piel de escasa calidad, utilizando -para el investigador es una ganga - las cubiertas de las entregas como contratapas de recuperación. Todas remiten a una clara idea de lo que ha de ser un libro.

         En el siglo XX, ya será costumbre preparar, como la Editorial Castro, "tapas especiales para la encuadernación lujosa de estas obras a precios económicos", y  tenerals a disposición de los suscritores que deseen encuadernarlas" (El Calvario del obrero , 1930). 

         Interesa comprobar cómo un elemento clave para la identificación del conjunto inestable como libro es a saber las láminas exentas, le merece al lector o al encuadernador una atención especial : se observa, en efecto, que en la encuadernación de dichas láminas se cuida la más precisa correspondencia y contiguidad (cada vez que es posible), colocándolas como página par o impar de tal manera que haga juego, con su debido pie de imprenta, con el texto de la otra página impar o par. Este detalle remite a la función desempeñada por estas ilustraciones y a unas prácticas lectoras íntimamente relacionadas con las del coleccionador, como se ve (cf. Botrel, 1998).

         Unas situaciones no conformes nos permiten apreciar mejor lo que supone el trabajo de colección : las primeras entregas, más fáciles de encontrar que las demás por ser más numerosas, permiten, a través de su discurso incitativo, entender cómo puede llegarse a tomar la decisión de entrar en la lógica de la colección pero también su fragilidad, de que dan cuenta las obras no completas (por interrupción de la adquisición) o no encuadernadas (en estado de entregas o en estado de alzado). La posibilidad de adquirir al detall unas obras terminadas que se despachan a retazos, como en casa editorial de M. Núñez Samper, es otra ilustración de que la capacidad de inversión simbólica en el libro se adelanta a menudo a la capacidad económica y el coleccionador habrá podido llegar a ser coleccionista al adherir a una línea editorial identificable por el label de la casa editoral y una política de fidelización, caso del autoproclamado Palacio de la novela de la Editorial Castro, por ejemplo, en los años 1930.

 

El periódico-libro. Otra actividad de colección se aplica a las publicaciones periódicas - las "revistas" sobre todo -, con sus fechas sucesivas y  números seguidos, que también "se reparten ", con efímeras cubiertas impresas que vienen a ser un espacio de diálogo con los suscritores o clientes 11. La numeración continua de las páginas prepara una posible encuadernación final en la que se incluyen la portada y los índices, o cualquiera otra técnica de conservación (carpetas, etc.) y así lo plantea muy a las claras El Cuento nuevo  que "aparece el jueves de cada semana y es como puede apreciar el lector una revista de lujosa presentación que tiene como finalidad la formación de elegantes tomos de a doce cuentos cada uno " 12. Esta práctica puede aplicarse solo a un semestre o a un año sin que exista el proyecto de tener la colección completa. De ahí tantos tomos encuadernados pero sueltos que andan por ahí. Esto apunta claramente hacia un doble uso : el uso diario, semanal o mensual y el uso final y duradero de un bien dos veces conseguido y disfrutado e indefinidamente enseñado/usado dentro del núcleo familiar, contemporáneo y futuro, por transmisión patrimonial. Se ve perfectamente cuando de periódicos de novelas se trata con la publicación/consumo semanal de varias novelas simultáneas y su conservación final en tomos encuadernados.

 

Colecciones, bibliotecas y coleccionistas. Aunque teóricamente anterior en su aparición, las colecciones o bibliotecas de libros hechos como "conjunto de obras independientes, con numeración o sin ella, cuya relación, que puede ser temática, con más frecuencia se limita a igualdades de características y a un título colectivo que se repite en cada una de ellas, además del suyo propio" (Martínez de Sousa, 1993) 13, pueden considerarse como una cuasi culminación del proceso.

         Ya se sabe que en España, las colecciones o bibliotecas  no empezaron a cobrar verdadera relevancia sino después de 1833 (Montesinos, 1966, 123) y en la fase primitiva, pudieron presentar determinadas características de la producción periódica o por entregas como la publicación escalonada -a veces periódica- de varios tomos incluso para una misma obra dividida en varios tomos y que progresivamente se completa, dentro de una línea editorial, con la pretensión , pues, de llegar a formar "un todo" 14, con la adquisición pasiva y casi impuesta a veces de la integralidad 15. Contribuye a ello de manera señalada la atribución a cada tomo de un número correlativo dentro de la serie.

         En la fase ulterior, la división de una misma "biblioteca" en varias secciones permite, en un principio, satisfacer , bajo una forma editorial homogénea, unas necesidades heterogéneas : en 1886, la "Biblioteca enciclopédica popular ilustrada" editada por Gregorio Estrada lleva publicados 82 tomos en las 6 secciones de que consta (Artes y Oficios, Agricultura, Cultivo y Ganadería, Conocimientos útiles, Historia, Religión, Literatura) y regala la Revista popular de conocimientos útiles a todo suscritor de las 6 secciones de la Biblioteca (4 reales tomo en rústica y 6 en tela).

         La "Biblioteca Mignon" de B. Rodríguez Serra, iniciada en 1899, con sus diminutos y elegantes volúmenes in-16° alargado y sus cubiertas impresas a dos colores con ilustraciones "de notables dibujantes", permitirá, por 75 céntimos ejemplar, a unos nuevos coleccionistas distinguirse" accediendo a una bibliofilia compartida (Botrel, 1998).

         A principios del siglo XX, se puede observar cómo en la colecciones de novelas semanales se combinan las características de la prensa periódica  y de las entregas (numeración seguida, ritmo de publicación semanal, etc.) con la posibilidad también de una encuadernación por semestres o años. La adhesión a la línea de la colección tiene por consecuencia mecánica la aceptación pasiva de cada una de las obras que en ella se publican, con una satisfacción "global" de una necesidad, específica tal vez de capas sociales no muy preparadas para la elección autónoma de obras de recreo y demás. Este es el caso de la "Colección Universal" de Calpe que, desde julio de 1919 hasta mayo de 1920, publica 220 números, apareciendo 20 números de unas cien páginas (15 x10,5) cada mes al precio de 50 cents cada número (40 céntimos por suscrición trimestral, semestral o anual).

         La publicación de Obras completas de un autor que empieza a ser más frecuente en el último cuarto del siglo XIX (cf. Alarcón, Pereda, Pardo Bazán...) o de series (Episodios nacionales, Novelas Españolas Contemporáneas de Galdós), ofrecen una situación en alguna medida parecida a la de la novela completa con relación al folletín y garantizan una homogeneidad por lo general acompañada por unas opciones formales de mayor prestigio para coleccionistas de un determinado autor, ya.

         Al filo de los años, la colección llegará a funcionar como una mera referencia que permite al que escoge una obra dentro de la colección adquirir un producto por decirlo así labelizado por la línea editorial -forma y contenido-, con una práctica de adquisición ya más selectiva y sin aspiración a llegar a la completud.

         Mientras tanto, la biblioteca, la colección, las Obras completas siguen siendo el medio superior para los ex-nuevos lectores pero aún no tan veteranos de acceder a un saber o a un placer construido y labelizado pero también de manera simbólica de distinguirse de otros lectores, menos "ilustrados", y incluirse en la cultura dominante.

 

Los nuevos lectores y la colección en la diacronía. Con una problemática más diacrónica, sociológica y casi psicológica, se puede intentar caracterizar las relaciones evolutivas entre los coleccionadores/coleccionistas y las prácticas de los nuevos lectores.

         El interés por conservar algo efímero y fraccionado como las publicaciones periódicas ya existía en el siglo XVIII y se prolonga en el XIX para toda clase de publicaciones literarias y científicas, más que políticas : esta preocupación, vemos cómo pudo afectar hasta las historias "de cordel" publicadas por Manuel Martín 16.

         La innovación más significativa, tal vez sea la instauración del sistema de la edición económica al lado o, mejor dicho, después de la de lujo, para una misma obra, lo cual permite que la posibilidad de coleccionar se extienda a nuevos clientes menos adinerados, dejándoles la frustración de no poder acceder por ahora  al libro de lujo 17.

         También se puede observar cómo de la colección ómnibus y miscelánea se pasa progresivamente a la categoría de biblioteca (pero también de publicación periódica) adscrita a una función o a una "clase" como entonces se decía, con el correlativo comportamiento coleccionista distintivo.

         A contrario, la ausencia de un proyecto de colección (en ambos sentidos) en el público de las series de romances de cordel o aleluyas 18, sí presentes, pero con otra finalidad, en los coleccionistas bibliófilos como Usoz o Gayangos, o en la mayoría de las colecciones dramáticas 19, traducen unos usos que diferencian por una parte lo fundamentalmente espectacular de lo libresco y lo embrionario y excepcional del consumo de lo escrito de una práctica más construida y regular.

         Lo cierto es que el coleccionador tiene vocación de coleccionista y  los editores con segundas pero legítimas intenciones comerciales acompañaron y/o favorecieron estea aspiración con empresas idóneas: este es el caso de las Bibliotecas de periódicos con un traslado del molde de la publicación periódica a la publicación unitaria (cf. supra), de las colecciones enciclopédicas económicas de las colecciones de cuentos previamente publicados en la prensa pero con nueva composición tipográfica (Ezama), o todas aquellas colecciones de asequible bibliofilia como la Biblioteca Diamante, Mignon, etc. a finales del siglo (Botrel, 1998).

         No olvidemos que los nuevos coleccionadores y coleccionistas son, como los nuevos lectores, siempre nuevos y distintos. De ahí que cuando se podía pensar que con la aparición de las novelas a una peseta y menos -no seriadas-, iba a resultar obsoleto el sistema de la comercialización por entregas, se observa al contrario una evolución dentro de una relativa homogeneidad, desde los años 1840 hasta vísperas de la guerra de 1936-1939. Si la colección supone una relación continuamente construida, el libro no se dirige obviamente a las mismas categorías sociales al principio (los 2 000 + 3 000 clientes de la edición del Judío errante por la Sociedad Literaria) y al final (los novelones de El Palacio de la novela), pero todas las evoluciones habidas contribuyen a permitir el acceso al libro y generar otras aspiraciones : la disminución del precio relativo (y de la calidad del papel y de la impresión y de las láminas), el aumento del número de páginas y pliegos de que constan las entregas 20, e incluso la venta según el ritmo deseado por el cliente para obras terminadas, y la significativa asociación de incentivos no relacionados con el libro sino con el "consumo" de lujo -dentro de lo que cabe 21-, hasta favorecer la colección casi indefinida de entregas para llegar a los cupones necesarios para el prometido " regalo ". Con los conocidos resultados : unos pesados tomazos -hasta tres- de 10 cm de espesura, con la idea y la satisfacción, tal vez, de poseer pocos libros, pero libros gordos, aptos para una efectiva o simbólica hartura.

         Con la posibilidad de que lo que se puede observar entre coleccionistas de fascículos y demás objetos impresos contemporáneos(los cromos para los niños con comentarios impresos para unos fines didácticos o no, por ejemplo) se aplique " retrospectivamente" a los primitivos coleccionadores y coleccionistas, es a saber, el mero gusto por la colección, como génesis en la que participa el que queda marginado de la esfera de la producción intelectual, cooperando, pues, con no poca satisfacción de manera efectiva y simbólica en la producción del objeto codiciado 22: un libro, varios libros o una biblioteca, con un aparatoso mueble o con una mera tabla de pino, colección sui generis, sinónima de estatuto social visible, contemplable.

 

Hacia otras prácticas. Una posible individualización desde perpectivas más antropológicas de las prácticas de los coleccionadores/coleccionistas a través de la observación de las producciones resultantes ha de permitir completar, matizar y diversificar lo hasta ahora dicho : el modo de adquisición de las aleluyas o de los cromos por los niños coleccionadores y su frecuente disgregación/reunión en el caso de aleluyas lúdicas o didácticas (Botrel, 1995) ; el plegar y el pegar en vez del cortar y del coser de algunas partes constitutivas del libro ; la costumbre de desviar lo impreso hacia otros significados y objetos 23, combinando lo impreso con la imagen (en los ejemplares "entretejidos") o reutilizando, mediante tijeritas, la imagen pegada y combinada con acuarela para la realización de álbumes como en el caso de la señorita Felisa Alcalde en 1875 ; la trasformación de unos libros de distintas editoriales y tal vez de varios formatos en una biblioteca unitaria sui generis gracias a una encuadernación uniforme y un número de orden 24 ; o las colecciones de "cuadros" (suelen ser estampas cromolitografiadas) seriados expuestos en las paredes de las casas 25, etc., son pruebas de que la colección elemental y la aspiración por coleccionar acompañan la oferta editorial, contribuyendo, en alguna medida, a orientarla.

         Estas reflexiones sobre la colección y los nuevos coleccionistas para quienes la confección de un "autolibro" conlleva la satisfacción de acceder siquiera simbólicamente a la cultura representada del libro, nos recuerdan, pues, la necesidad de no aislar la historia de la lectura de la historia del libro, de sus formas comerciales y editoriales y sobre todo de las prácticas reveladas y reveladoras de un proceso de incorporación a la cultura impresa/escrita, en una perspectiva "etnográfica", cuyos ámbito y contornos han de ser ampliados y documentados a la vez. (Se continuará).

 

J.-F. BOTREL (Univ. Rennes 2/PILAR).

 

1. Una versión abreviada de este trabajo fue leída en el seminario de historia del libro dirigido por María Luisa López Vidriero y celebrado en Salamanca del 5 al 9 de abril de 1999 sobre "La impronta en el libro. La huella del lector y del coleccionista".

 

2. Servirán para el caso los prospectos y anuncios de editores y/o libreros como la Sociedad Literaria de Madrid (SLM), Gaspar y Roig (GR), Manini Hermanos (MH), la Editorial Castro (a) El Palacio de la Novela (PN) un Album de primeras entregas de obras publicadas por M. Nuñez Samper (NS) donde se suele explicar la "parte material" (letra, papel, tamaño, cubierta, láminas, etc.) y la "parte literaria" de las publicaciones, además del precio y de las condiciones de adquisición, así como la observación de una muestra de folletines y, en general, el manejo de muchos impresos de toda clase y fechas que "revelan" muchas más informaciones sobre los usos y prácticas de los nuevos lectores coleccionadores o coleccionistas de lo que se suele suponer.

 

3. Ya en 1976, Leonardo Romero Tobar observaba que "ante la carencia o enmarañamiento de los datos editoriales (...), resulta inseguro determinar si en España se publicaron primero novelas por entregas o " folletines " de periódicos (59) y sugería que "la reconstrucción histórica de la novela " por entregas " puede hacerse casi exclusivamente por hipótesis bibliográficas desprendidas del análisis de los volúmenes encuadernados que se conservan, y de un modo indirecto, a través de los anuncios y críticas periodísticas, de los prospectos anunciadores y de los " folletines " narrativos aparecidos en las publicaciones periódicas" (ibid.). La anterioridad formal del folletín con respecto a la publicación por entregas (como sistema editorial generalizado) no ha de hacernos olvidar que, a lo largo del siglo XIX y después, coexisten ambos fenómenos...

 

4. En 1855, el lector del folletín de Las Novedades en 1855 (Napoleón. Poema por Carlos Rubio)  no puede hacer una lectura seguida del texto : tendría que ir y venir de la 1a a la 2a plana  y vice versa tres veces ya que en la primera se publican las páginas  1, 4 y 5 y en la segunda las páginas 6, 3 y 2. También se puede observar que no se trata de pliegos ni cuadernos, sino que se han de recortar las páginas 1-2, la 3-4 y la 5-6, etc. para preparar una posible encuadernación. En 1882, El Progreso publica sus folletines a 6 columnas (tamaño 63.5 x 45) sin referencia a la forma del libro y, por ende, seguidamente legibles pero solo burdamente encuadernables (cosiendo los folletines recortados).

 

5. Las Novedades , por ejemplo, publica al final de La Salamandra Novela marítima por Eugenio Sué (12-11-1854) ilustrada con 18 grabados (21 x13,5 cm.) una portada con orlas.

 

6. Muchas menciones manuscritas intentan subsanar los posibles fallos editoriales (en la paginación, por ejemplo), pero las más sirven para marcar la propiedad del libro. 

 

7. Es interesante observar cómo la prensa suele reproducir, amplificándolos, los mismos  términos de la editorial como El Fénix (Valencia) de 23-11-1845 a propósito de María  o la hija de un jornalero: la edición es magnífica , en cuarto mayor, papel riquísimo glaseado, tipografía moderna y elegante, tinta de un hermoso brillo, grabados esmerados, adornos, viñetas y todo cuanto en el arte tipográfico puede constituir una obra de lujo (apud Baulo, 1998). A partir de 1848, parece ser que estos elementos técnicos y/o valorativos van escaseando, insistiéndose más en la idea de baratura...

 

8. Suele ser de color como la de los libros encuadernados a la rústica en aquel entonces, y puede observarse cierta variedad en los colores para una misma obra.

 

9. En las "Obras ilustradas" de F. de P. Mellado, los Doce españoles de brocha gorda de A. Flores (1852) (105 p. o sea, 3 entregas de 24 p. + 2 de 16),  cada entrega lleva en la primera página de la entrega una doble signatura : un número correlativo en Obras ilustradas (aquí de 18 a 21) y para Doce españoles de 2 a 4. En la página 5a de cada entrega se repiten ambos números con una x añadida y la repetición de Doce españoles (falta en la 4a entrega.

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10. En el Mercat de San Antoni en Barcelona en 1998, he llegado a ver -¡ sin comprarla !- una novela por entregas de los años 1930, de 25 centímetros de espesor cuyos distintos pliegos (por entregas) habían sido unidos por una tupida red de hilo en forma de rombos, sin tapas.

 

11. En estas publicaciones, también existe la preocupación por incluir cada número de periódico (revista) en una cubierta ("una elegante cubierta de color") que, segúnLa Guirnalda. Periódico quincenal dedicado al bello sexo, "preserva el texto de un deterioro inevitable". Al arrancarlas para la encuadernación, se pierden muchas informaciones útiles para la historia de la prensa, de las empresas o de la cultura.

 

12. En el año XXXV de La Moda elegante se precisa que "cada año forma un hermoso volumen de unas 1260 columnas gran folio, todo lo cual constituye un PRECIOSO ALBUM ". En los años 1890, La Ilustración artística y La Ilustración Española y Americana tienen sus "tapas" de tela roja con estampaciones negras y doradas con el título y el año realizadas en Barcelona por H. Miralles o carpetas. Al final de cada año se reparten la Portada y el Indice general.

 

13. Isabelle Olivero (1999) marca una diferencia entre la colección (reedición caracterizada por la puesta en orden por un erudito o bibliófilo de obras ya publicadas, reuniendo unos textos vecinos por su género o destinación o bien compilaciones que pretenden representar la totalidad del saber) y  la biblioteca (colección de obras publicadas por un mismo editor y que presenta características comunes).

 

14. Esta es, por ejemplo, la fórmula para El Museo de las Damas  publicado por Ayguals de Izco, "colección de las más escogidas e interesantes novelitas que se publican en el extranjero" destinada a "formar una especie de biblioteca de señoras" (o "dedicada al bello sexo").

 

15. En 1852, Gaspar y Roig justifica el depósito de 6 reales y la imposibilidad de "hacer interrupciones" con los siguientes argumentos : "es preferible tener todas las obras de un autor en un mismo tamaño y que sean iguales todos los volúmenes de una estantería " y "si damos algunas obras muy conocidas es por ser indispensables en toda biblioteca", a relacionar con otro argumento :"por mal que venda un libro que ya tengan no puede perder y aun podría ganar bastante "...

 

16. Anuncia que las historias "así sagradas como profanas" que publica todos los martes "se continuarán sin falta, hasta poder componer dos tomos en quarto y se venden sueltas " llegando a formar una Colección de varias historia,... (1767-1768) "que sirvan para la gente sencilla y pobre que no pueden comprar libros" (García Collado, 1997, 377). En la versión encuadernada no cambia la numeración de las páginas  de cada una de las 40 historias y se mantiene la signatura y los reclamos al final de cada plana pero se añade un índice donde los títulos se numeran de I a XX (en cada tomo).

 

17. Con algún desfase en la publicación con respecto a la edición de lujo, la edición económica permite la aqusición de la obra por la mitad del precio, aproximadamente (en 1845 Espartero 6 o 4 cuartos la entrega, con la idea tal vez (frustración) :en 1851, la edición de gran lujo de María o la hija de un jornalero (dos tomos) se vende por 108 y 135 reales y la séptima edición económica de 50 entregas por 50 reales. La  Marquesa de Bellaflor con  64 entregas y dos tomos :128 y 160 reales mientras la edición económica de 64 entregas también,  sólo importa 64 reales ).

 

18. En el caso de los pliegos de aleluyas de la serie Marés (cf. Botrel, 1995) , parece ser que la numeración sólo empieza en 1849 -cuando la publicación había empezado en 1842, lo mismo que para los romances, sin que tal numeración responda, por lo visto, a criterios de colección, sino más bien de mera gestión (cf. Estepa, 1998).

 

19. Existe no obstante una serie numerada de comedias de la imprenta de los Orga, pero en  las galerías dramáticas, la única que por lo visto pone números es la del Círculo Literario Comercial de Salamanca (n° 300 en 1867).

 

20. En 1852, los clientes mejicanos de la "Biblioteca ilustrada" de Gaspar y Roig recibían cada semana en 1852 una entrega (con cubierta de color) equivalente a tres entregas "de Madrid" y, en los años 1880, se pueden adquirir semanalmente 8 entregas de ocho páginas en 4° mayor a cuartillo de real (para La monja emparedada de T. Tárrago y Mateos, por ejemplo).

 

21. En los años 1850, podía "regalarse" a la conclusión de la obra el retrato de MR. Eugenio Sue " (apud Baulo, 1998, 461) y en los años 1920-30,  los incentivos son menos "culturales" pero significativos de un acompañamiento mental del "lector" : los "premios" bajo forma de lotería-ya hacia 1870, "cuantos más números de entregas, más probabilidades"- o de objetos de "lujo" (una "preciosa lámpara para comedor", un "bonito juego de café compuesto de nueve piezas", etc.), con tal que la colección haya sido comprada entera...

 

22. Con todas las precauciones necesarias en la retroaplicación de unos datos contemporáneos, el análisis de las motivaciones (y comportamiento) de 12 coleccionistas de enciclopedias por fascículos en Francia en los años 1960, permite destacar el gusto por la colección debido a las ventajas de la adquisición fraccionada, con una inversión financiera e intelectual no desperdiciada como en la adquisición de un diario, pero sobre todo a la participación del consumidor en la construcción  del libro (Robine, 1970).

 

23. Las láminas de Las galas del amor (SLM, 1851), por ejemplo, también pueden ponerse en cuadros y servir de preciosos adorno en el gabinete más elegante, en cuyo caso deberá recortarse la tira de papel que se ha dejado en uno de los lados para facilitar su encuadernación (apud Baulo, 1998, 488).

 

24. Lo podemos ver con la biblioteca de los 1 250 libros de Ramón Ferrer, comprados los más en casa de Antonio López y encuadernados de manera estrictamente homogénea (tela flexible pobre con en el lomo un tejuelo con el nombre del autor y título de la obra (escrito a máquina) y un n° de orden.

 

25. Así por ejemplo, en las paredes del procurador leridense Joan B. Comes colgaban en 1831 8 cuadros de la "Historia de Robinson". En las de Marià Alies, propietario, en 1838 son diez cuadros de la "Historia de Telémaco " y en casa del escribano Francesc Xavier Soldevila 6 cuadros de la "Historia del Quijote" en 1833 - nótese la denominación por el notario. Pero también pueden ser 8 cuadros de la "Proclamación de Fernando VII" en casa  del comerciante Joan Mensa, en 1825 (Botargues, 2000, 215-218).

 

Obras citadas :

Baulo, Sylvie, La trilogie romanesque de Ayguals de Izco. Le roman populaire en Espagne au milieu du XIXe siècle, Université de Toulouse-Le Mirail, 1998

Botargues i Palasí, Meritxell, Consumo cultural en la ciudad de Lleida (1808-1874), Lleida, Edicions de la Universitat de Lleida/Pagès Editors, 2000

Botrel, Jean-François, "La novela por entregas : unidad de creación y consumo", Botrel § Salaün eds., Creación y público, Madrid: Castalia, 1974, págs. lll-l55

--- (1995), "Les aleluyas ou le degré zéro de la lecture, en Regards sur le XXe siècle espagnol, ed. Jacques Maurice,Paris: Université Paris X-Nanterre, 1995, págs. 9-29.

--- (1996), "Los nuevos lectores en la España del siglo XIX", Siglo diecinueve, 2 (1996), págs. 47-64

--- (1998), "Novela e ilustración : La Regenta leída y vista por Juan Llimona, Francisco Gómez Soler y demás (1884-1885)", en  Actas del I Coloquio de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX. Del Romanticismo al Realismo, eds. L.-F. Díaz Larios & E. Miralles, Barcelona: Universitat de Barcelona, 1998, págs. 471-486

Estepa, Luis (ed.), La colección madrileña de romances que perteneció a Don Luis Usoz y Río, Madrid, Biblioteca Nacional/Comunidad de Madrid, 1998

Ezama Gil, Angeles, El cuento de la prensa y otros cuentos. Aproximación al estudio del relato breve entre 189O y 19OO, Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1992

García Collado, María Angeles, Los libros de cordel en el siglo ilustrado. Tesis, Universidad del País Vasco, 1997

Lécuyer, M.-C., Villapadierna, M., " Génesis y desarrollo del folletín en la prensa española ", en Hacia la literatura del pueblo : del folletín a la novela, ed. Brigitte Magnien, Barcelona: Anthropos, 1995, págs. 15-45

Martínez de Sousa, José, Diccionario de bibliología y ciencias afines, Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez/Pirámide, 1993 (1a ed. 1989)

Mollier, Jean-Yves, Louis Hachette (1800-1864). Le fondateur d'un empire, Paris: Fayard, 1999

Moreno Martínez, Pedro Luis, Alfabetización y cultura impresa en Lorca (l76O-l86O), Murcia: Universidad de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1989.

Olivero, Isabelle, L'invention de la collection. De la diffusion de la littérature et des savoirs à la formation des citoyens au XIXe siècle, Paris, IMEC/Maison des sciences de l'homme, 1999

Robine, Nicole, " L'encyclopédie hebdomadaire et son lecteur ", Education permanente, 6 (1970), págs. 31-46

Romero Tobar, Leonardo, La novela popular española del siglo XIX, Barcelona: Ariel, 1976