El precio del libro (España, siglos XIX-XX) 


in : Cátedra, Pedro M., López-Vidriero, María Luisa (dir.), Páiz Hernández, María Isabel de (ed.), La memoria de los libros. Estudios sobre la historia del escrito y de la lectura en Europa y América, Salamanca, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2004, tomo II, p. 511-527.

 




 

Con alguna razón suele establecerse una relación más o menos mecánica entre el precio del libro y la incorporación de nuevos lectores a la cultura escrita/impresa y la generalización de la lectura (Botrel, 2003a), en la medida en que su abaratamiento va acompañando y favoreciendo su adquisición y presencia en las bibliotecas públicas y privada

            De ahí el interés por analizar en la larga duración -desde los incunables hasta los « Clásicos del siglo XX » de El País, pongamos por caso-, la evolución del precio absoluto y relativo del libro en relación con la de su consumo y aprecio, para poder decir, por ejemplo, que en la España del siglo XIX, mientras el número de títulos producidos quedaba multiplicado por más de 7 entre 1833 y 1914, y el de los alfabetizados por más de tres entre 1860 y 1920 (Botrel, 2003, 1993), el precio (medio) del libro quedó dividido por… : aquí una cifra –¿ 12, 15 ?- aún por determinar.

El caso es que los historiadores del libro, si conocemos los precios de los/algunos libros, no conocemos el precio del libro, y menos aún podemos periodizarlo, relacionándolo con la evolución pareja de la mecanización de la fabricación, analizando la incidencia de la evolución de los distintos componentes del precio de coste del libro y del precio de catálogo, según Unwin . En resumidas cuentas : no se sabe cuánto ni cuándo… se abarató el libro y apenas cómo.

Además, aun cuando se conozca el precio del libro como se conoce el precio del pan de libra y media, el precio de un libro no puede entenderse sin tener en cuenta otros factores mucho más culturales y subjetivos, como son la diversificación de la oferta y las evoluciones habidas en el libro como producto, en las necesidades a que responde y en las representaciones sociales con él vinculadas, así como, por supuesto, en las prácticas derivadas/asociadas,  para un bien en el que se confunden o disocian –según- el contenido y el continente (el texto y las imágenes/el libro, folleto, etc.) y cuya necesidad social o vital no es constante según épocas, clases y hasta regiones en España.

Al tener en cuenta las dimensiones económicas y técnicas del precio del libro, el historiador no puede olvidarse de la microeconomía del consumidor y  del lector…

A partir de la información por ahora disponible, exploremos, pues, unas posibles vías para apreciar el precio y los precios del libro y de los libros a lo largo de los siglos XIX y XX en España.

 

1. La evolución del precio del libro [i] .

El caso es que el libro no ha formado parte –al menos en el siglo XIX- de los sectores líderes de la economía, y , por ahora, no disponemos de las imprescindibles estadísticas históricas, y, hasta la publicación en 1901 de Bibliografía española, la primera bibliografía (casi) nacional corriente, ni siquiera de series constituidas y continuas de precios de libros. Por otra parte, las monografías « industriales » aunque muy buenas son más bien escasas y geográficamente limitadas  y son muchas las dificultades inherentes a la explotación de unos datos heterogéneos, dispersos, discontinuos, y hasta a menudo dudosos.

 El cálculo del precio medio a partir del precio de catálogo está, pues, aún por hacer y sólo cuando dispongamos de los resultados, nos será dable comparar la evolución del precio medio del libro con la del índice histórico de los precios y de la renta (media también), y llegar a la estimación de un precio relativo medio. Es lo que hace F. Barbier (1985, 108) para Francia, e importaría poder comparar con España.

Contentémonos, pues, con ofrecer algunos datos homogéneos y por ende comparables[ii].

Así por ejemplo, el precio medio del libro que en 1867 pudo ser de 26.5 reales (6.62 pesetas) se calcula en sólo 4.58 pesetas en 1920 (-30%)[iii], cuando, entre estas dos fechas, el índice de precios al por mayor aumentó en un 131% (de 98.3 a 227.6, con una base 100 en 1913) (Carreras, 1989).

En 1840, para adquirir los 6 tomos de Sancho Saldaña  de Espronceda (12 pesetas), un jornalero de los parques y jardines de Madrid tenía que dedicar un 30% de su sueldo mensual (156 reales) ; en 1996, el precio de la misma obra -que no es el mismo libro- (1.296 pesetas) sólo representaba un 2% de un salario mínimo interprofesional (64 695 pesetas según el Anuario de El País), quedando, pues, dividido por 15 el precio de Sancho Saldaña para  su comprador.

En 1873, un Episodio nacional de Pérez Galdós se vendía por 8 reales (2 pesetas), 3 pesetas en 1929, 30 pesetas después de 1963, 200 en octubre de 1982, 913  en 1998 (18a edición de Alianza editorial) y 1.538 en la del Círculo de los lectores en 1999. Entre 1873 y 1929, su precio ha aumentado en un 50% cuando el índice de los precios al por mayor lo hizo en un 88% (Carreras, 1989). De ahí que su precio, en Barcelona, equivalga en 1873 a 6.89 panes de libra y media (Conard/Lovett, 1969)  y a 6.38 en 1929  (11.42 y  7.69, respectivamente, en la provincia de Jaén)y que lo que en 1873 representaba un 16% del salario mensual de un ordenanza, quede en el 1.37% del salario mínimo interprofesional en 1996, con un  precio efectivo dividido casi por 12, pues.

Lo bueno sería poder constituir series de precios a partir de un mismo título y obra, y poder hacerse una idea más precisa de aquel ritmo secular de abaratamiento, señalando aquellos momentos en los que parecen haberse dado unos giros significaticos, como entre 1840 y 1850, después de 1870 (con la novela a peseta) o entre 1914 y 1920, cuando el aumento aparente de precio oculta un efectivo abaratamiento, por ejemplo[iv].

Pero conste que el precio medio sólo sirve para indicar una tendencia y tal vez unas evoluciones en el ritmo, ya que su cálculo se hace a partir de los precios de unos libros cuyas características son dispares y además han evolucionado al filo de los años : al precio medio del libro no corresponde ningún libro medio. 

 El precio medio unitario teórico (formal) sirve para hacerse una idea abstracta del precio unitario efectivo del libro que puede resultar encarecido por la necesidad de encuadernarlo o puede resultar más barato de hecho ya que está encuadernado ; su ponderación con el número efectivo de precios cumulados a partir del número de ejemplares producidos/puestos a la venta resulta difícil o casi imposible al no tener informaciones exactas sobre todos los títulos (por ejemplo, los de las colecciones « populares » que pueden ser libros o entregas o fascículos) y menos sobre las tiradas…  El hecho es que no se compran libros de precio medio ya que no existe  el libro de libra y media como para el pan : varía su precio según los géneros.

Así, por ejemplo, en 1840 los precios de catálogo variaban de 1 a 34 y, en 1967-70,  los había de menos de 25 pesetas (18,85%) y de más de 500 (4,22%) (Cendán Pazos, 1972, 147). Todo es libro, pero un tomo de la « Biblioteca continua » en 1840 o  de una novela de kiosco no es una Farmacopea o un libro universitario. Incluso de un mismo texto pueden existir varios libros y existir en una misma fecha varias ofertas de distintos precios, con una edición de lujo y una edición económica, como suele suceder con las obras publicadas por Ayguals de Izco (Baulo, 1998).

            En cambio no existen variaciones mensuales, ni siquiera anuales como en el caso del pan, aunque sí, hasta los años 1880,  se observan unas disparidades entre Madrid y las provincias donde el precio del libro resulta más elevado. Así, pues,  cuando se suprime tal discriminación, el precio del libro no varía para los madrileños pero se abarata para los lectores de provincias. De cualquiera manera, aunque el precio de catálogo no cambia –pero se pueden hacer descuentos o, al revés, aplicar sobrecargos, como en Hispanoamérica-, el precio relativo, que es el efectivo, varía según el nivel de vida del que lo compra : para poder decir que un libro le ha costado un huevo a uno o una sería preciso conocer el precio de la docena o referirse a libros equivalentes a garbanzos, o a … misas, como en 1874, para Los himnos y cánticos de la iglesia en verso castellano por el Dr. D. Justo Barbageno que se dan por aplicación de 4 misas o de tres según la clase de impresión (en papel satinado o papel común)[v] . Sólo así se puede llegar a entender cómo los dos reales que costaba en 1847 el Libro de los niños de Martínez de La Rosa es bastante más que los 75 céntimos que se piden por él en 1933, encuadernado en cartoné, además. 

El precio medio ha de servir, pues, para definir magnitudes y marcar tendencias dentro de un proceso global de abaratamiento, pero diferenciado y por periodizar, buscando en la evolución de los distintos componentes del precio de catálogo unas posibles explicaciones.

 

2. La formación del precio de catálogo.

Si nos referimos al modelo de Unwin aún valedero para la España del XIX hasta después de la Guerra Civil, ¿qué puede ofrecernos el examen de aquellos tres tercios que corresponden a los tres grupos de costes que componen el precio de catálogo :  coste industrial o de fabricación (de manufactura más que de industria), coste de distribución, costes varios (Mangada, 1972) ?

Empecemos por los dos últimos que parecen apuntar hacia un encarecimiento del precio del libro.

 En los costes varios, entran, por ejemplo, los derechos del autor y  de la propiedad intelectual –con la desaparición de esta partida cuando caduca el plazo previsto por ley-. Aún no disponemos de estudios diacrónicos al respecto, sabemos que la afirmación y el mayor respeto de estos derechos pudieron ser causa de encarecimiento del recio de coste. Lo mismo pasa con la relativa profesionalización de la profesión de editor, con la subsiguiente remuneración de un director literario y, a veces, artístico. Pero el libro de texto donde la remuneración del autor propietario de la obra sigue por mucho tiempo representando un alto porcentaje de los gastos globales, en detrimento del editor y del librero merecería un estudio específico.

 

Por lo que respecta a los costes de distribución, nos constan las (legítimas) reivindicaciones de los libreros para cobrar un tanto por ciento más elevado del 25% -y menos- al 33%, lo cual van consiguiendo (incluso, aunque en menor proporción, incluso para los libros de texto) (Botrel 1988, 2001). Aumenta el porcentaje del librero mientras disminuye el precio relativo del libro… ¿ Dónde se han de encontrar, pues, los factores de abaratamiento ?

Posiblemente en el coste industrial (o neto de fabricación)…  Aquí conviene repetir una y otra vez que una historia del libro y de su(s)  precio(s) desconectada de la de la prensa (de los periódicos) no tiene sentido, sobre todo cuando se contempla la incidencia de la materia prima y de la mecanización de la impresión en la evolución de los precios.

Para el  papel, conviene poder observar la evolución del precio de la resma. Ahora bien : si sabemos que la producción de papel discontinuo se ha multiplicado por dos entre 1851 y 1873 y la del continuo por 3 entre 1856 y 1879, y que el precio de venta de los 100 kgs por Papelera española pasa de 57.58 pesetas en 1900 a 43.48 en 1914 (Gutiérrez i Poch, 1994), no podemos observar la evolución del precio medio a lo largo de los años. Tampoco existe una clase única de papel : puede ser de tina o continuo, común o fino, con toda clase de dimensiones, etc. En 1896-98, por ejemplo, para los libros editados por Gregorio del Amo, el precio de la resma de papel varía entre 7 y 24 pesetas[vi]. No obstante disponemos de bastantes datos sueltos que permiten decir que baja el precio de la resma : de 30 pesetas la resma en 1857 a unas 12/13 pesetas en 1897, por ejemplo[vii]. Pero, en 1872, en la primera edición de El Audaz, el precio del papel representa aún el 59, 37% del precio de fabricación y el 36, 75% del precio de venta…

Diríamos que el precio nominal del papel ha quedado dividido por más de dos entre mediados y fines del siglo XIX –o sea mucho más si se tiene en cuenta la evolución del índice de los precios- pero que sigue teniendo una fuerte incidencia en el precio de coste.

Para los costes de molde (según el cuerpo) y tirada o impresión por pliego, es preciso observar la evolución de los precios por pliego y/o número de ejemplares, variables según el tamaño, el número de páginas que entran en el pliego y el número de ejemplares. No se suelen desglosar estas partidas, pero se supone que ha de notarse la incidencia de la mecanización en pro del abaratamiento, a pesar de la amortización de las necesarias inversiones. Otra vez sólo disponemos de datos sueltos, bastante heterogéneos, pero podemos observar que el molde y tirada de 1.000 ejemplares de un pliego se facturaban 35 pesetas en 1857 para Melancolías : rimas y cántigas de Antonio Arnao y sólo 25 pesetas en 1931 cuando de un pliego de un Episodio nacional de Galdós se trata : ha bajado el precio en un 28,5 % cuando los precios al por mayor aumentaron en un 70 %[viii].

Muy puntualmente, podremos observar las consecuencias económicas de la introducción de la estereotipia, y mucho más tarde de la linotipia, así como de los progresos técnicos en la reproducción de los elementos gráficos.

En cuanto a las demás operaciones, como el plegado y el alzado, que entran en el precio (fijo) del libro, y la encuadernación (en la que se suele distinguir el precio de la cubierta), también resultan afectadas por la mecanización y baja su precio[ix],  pero ¿ según qué ritmo ?

Por fin, sobre la evolución del coste de la mano de obra, la historia social nos suministra algunas informaciones al respecto[x], y el ensanchamiento del mercado nacional y exterior, con el paulatino aumento de las tiradas, tuvo obviamente una incidencia positiva sobre la evolución de los precios.

A partir de estos datos, ¿es posible  estudiar la incidencia de los distintos factores en  la evolución de los costes globales de fabricación hacia el abaratamiento del coste de producción del libro ?

 Otra vez se nos plantea el problema de la escasez y heterogeneidad de los datos  : no se puede comparar el coste de producción de un número de El Hurón (no se sabe de cuántos ejemplares) en la imprenta Miñón de León que en 1820 importaba 130 reales con el del Boletín oficial del Ministerio de Hacienda en abril de 1850 [xi], o de Madrid  Cómico (Botrel, 2001).  En 1871-72, para La Fontana de Oro y El Audaz de Galdós[xii],  el coste de fabricación representa entre el 48 y el 59% del precio de venta y, a principios del siglo XX, según Blasco Ibáñez el coste de producción de un Episodio nacional vendido 2 pesetas  es de 30 y pico céntimos (un 15%) y el de una Novela contemporánea a 3 pesetas, 40 céntimos y tantos (un 10%)… (Herráez, 1999, 44).

Gracias a la explotación de algunos datos conservados en el archivo de la Casa Hernando (Botrel, 1993a, 385-470), podemos observar la evolución del coste de producción de dos productos idénticos (ne varietur) entre 1903 y 1931 y 1892 y 1925, respectivamente, inclusive la incidencia de los derechos de autor y de la remuneración del editor. Entre 1903 y 1931, el coste de producción (papel, impresión y encuadernación) de Geometría (1a parte) de Miguel Ortega y Sala aumentó en un 40.92% (de 8.800 a 12.401, 65 pesetas), mientras el precio de venta lo hacía sólo en  un 20% (de 15 a 18 pesetas; 14 en 1906), con una disminución de un 3.70% de los beneficios atribuidos al editor y un aumento de 24, 47% para el autor (de 22.574 a 28.099 pesetas o sea del 50.36% del precio de venta al 52, 04%).

En cambio, entre 1892 y 1925 (o sea : 6 ediciones después), el coste de producción de de Elementos de matemáticas… de Felipe Picatoste –un prolífico autor de libros de texto de toda clase- aumentó en un  158%  (de 3.340 a 8. 637, 33 pesetas), mientras el precio de venta sólo aumentaba en un 15% (de 6.50 a 7.50 pesetas) ; los beneficios del editor aumentaron en un 15%, mientras bajaban los del autor en un 34.14%. Pero, por tratarse de libros de texto, a lo mejor no serán representativos del libro, ni siquiera para ese limitado lapso de tiempo…

De cualquier forma, sería necesario poder contrastar esta evolución en la larga duración con la historia precisa y variada de la mecanización del proceso de producción (trabajo propio de un historiador de las técnicas y de la economía…) y también de las políticas del libro ya que existieron y tuvieron unas notables influencias sobre la evolución de los precios de ciertos componentes del precio.

            Recordemos brevemente la incidencia positiva del abaratamiento de las tarifas de correo para los impresos, la evolución de los medios de pago, la políticas de subvenciones o ayudas a la exportación, etc. (cf. Bahamonde, 1993, Martínez Rus, 2000). Caso aparte es el de la incidencia de los progresos de la escolarización sobre los libros de texto y su precio : en una situación de escasa demanda y casi nula competencia, el libro de texto no fue motor del desarrollo editorial hasta fechas bastante recientes y su precio resultó poco afectado por las leyes del mercado…

Hasta aquí, las consideraciones sobre el precio objetivo a contrastar ahora con el precio aparente o subjetivo de los libros.

 

3. Nuevos libros y nuevos precios.

Abaratar el libro es abaratar la « lectura » que es lo que durante mucho tiempo preferentemente se busca y  la mayor baratura es también una nueva baratura, relacionada con la diversificación de la oferta y del abanico de los precios y la variedad resultante para el consumidor/lector.

            Para ilustrar la primera idea, es preciso observar la emergencia y la permanencia en el discurso de los editores dirigido a los nuevos lectores, del socorrido argumento comercial de la baratura, con una especie de publicidad comparativa, susceptible de ser decisivo para unos lectores/compradores aún ecómicamente débiles o con no muy  firmes motivaciones o necesidades... (Botrel, 1993b, 1996). Lo confirman a su modo las preocupaciones manifestadas por la Iglesia católica ante tal baratura[xiii].

Esta nueva baratura -siquiera aparente o engañosa-  coincide con la diversificación de la oferta y nuevos modos de comercialización del libro : cambia el aspecto y la idea del libro-mercancía. En todo caso, se vuelve menos homogénea y « unitaria » con la diversificación de tamaños. Al mismo tiempo, evoluciona el modo de producción y adquisición con la fragmentación de las  bibliotecas de periódicos, de las publicaciones por entregas o, luego, de las colecciones semanales, con una proyectada adecuación al nivel económico y cultural de los lectores/compradores.

En la sincronía, antes del sistema del hard cover y paperback, ya desde los años 1840 se ve cómo se pueden proponer dos precios distintos para una misma obra, bajo forma de dos y más libros distintos (si está por hacer o si está hecho)[xiv].

            En la corta diacronía puede variar de manera importante el precio de un mismo texto, caso de María o la hija del jornalero[xv] o de Los Españoles pintados por si mismos[xvi], aunque, claro está, no se trata del mismo libro…

Esta « nueva », « impresionante », « inédita » baratura remite, en efecto, al problema de los precios aparentes y efectivos :  una novela contemporánea de Galdós encuadernada a la rústica, como Fortunata y Jacinta,  se vendía 3 pesetas, igual que un tomo « de luxe »de la Biblioteca Arte y Letras, como La Regenta, con sus ilustraciones, su bonita encuadernación editorial/industrial con tapas cromolitografiadas, cortes pintados en azul con motivos florales, libro muy emblemático de aquel tándem « art-industria » destacado por Pilar Vélez (1989, 238).

En la diacronía más larga, la evolución del mercado del libro de lance (con sus almonedas, sus rebajas y sus baratillos), y del libro antiguo (con sus subastas internacionales y sus libreros anticuarios), arroja unas tendencias contradictorias al abaratamiento y al encarecimiento y da cuenta de una nueva relación con el libro, con su valor de cambio y/o de uso y una clara escala en los usos : un mismo libro puede no cambiar y  tener varios precios en el tiempo: sólo cambia la relación que se tiene con él.

            El desarrollo del sistema de lectura pública con el préstamo, pero también prácticas crípticas como el oír o copiar un libro permite borrar la propia realidad del precio y se llega hasta suprimirla con la gratuitad : la propia Iglesia católica se esforzará por repartir folletos y buenas lecturas gratuitas para contrarrestar las malas lecturas y en los 1960 para La Lechera será un argumento comercial regalar novelas.

Como se puede ver con estos contados ejemplos, con la cuasi desaparición de las situaciones de monopolio y una creciente competencia, cambia el libro y la idea del libro, se amplía la oferta para un mismo texto e incluso « producto » (como puede pasar con las ediciones de bolsillo). Lo más importante, tal vez, no es que el libro sea más barato, sino que exista una  diversificada oferta de libros más baratos y que se trate cada vez más de bienes sustituibles.

            Esta diversificación de la oferta y de los precios, se supone que coincide con unos nuevos equilibrios dentro de la producción/oferta editorial, con una creciente especialización y la aparición de unas categorías relacionadas con una segmentación social, sexual, por edades (el libro infantil, por ejemplo), con la posibilidad de elegir para un mismo título entre varios libros (con ilustraciones, sin ellas, encuadernadas a la rústica, etc.).

Pero aquellos nuevos lectores de unos nuevos productos con nuevos precios, ¿cuál pudo ser su idea del precio del libro ?

 

4. El precio subjetivo.

Aquí el estudio meramente económico y bibliológico ha de completarse con uno más antropológico de cuando el precio  « no tiene precio », cuando el precio es aprecio. Al cambiar la pauta y el sistema de representación del libro, caben a todas luces muchos matices y hasta disparidades en cada momento : si existe una visión de referencia dominante, no existe une visión media sino en la mente de los que proyectamos anacrónicamente nuestras propias representaciones y expectativas. También evolucionaron las necesidades a que responde el comprobado consumo : en la vieja clasificación marxiana el libro al pasar de ser una necesidad terciaria, a secundaria y tal vez primaria obviamente cambia de precio.

El comportamiento del lector no obedece, pues,  exclusivamente  a  leyes económicas : en el  deseo de leer y de leer tal o cual obra, y más aún en el deseo y en la construcción de una relación con el libro se han de buscar sus más hondas motivaciones.

Otra vez el  estudio del discurso editorial y del comportamiento de los coleccionistas o de los propietarios de libros puede suministrarnos informaciones y pistas al respecto.

 Desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX y tal vez en el XXI, se relaciona la cantidad de lectura con el precio. Sirva de ejemplo lo que dice el prospecto de la Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig en 1850, cuando argumenta que sólo costará un real la entrega  « que encerrará en letra muy clara un tomo en 8° íntegro de las ediciones ordinarias. El Pablo y Virginia ilustrado con 12 láminas solo costará en nuestra Biblioteca un real. El Diablo mundo que se ha vendido 28 sin ilustrar, costará 2 reales con 12 láminas ». 

            Esta noción de cantidad de lectura aplicada a unos productos de lujo remite a unos hábitos de consumo primario (buscar la mejor relación cantidad/precio) y se supone que los compradores consumidores hacen dicho cálculo, aunque no es frecuente tenerlo en cuenta a la hora, no sé si de producir libros,  al menos hacer sociología de la lectura[xvii]

Ahora bien : en mayo de 1852, algún peón de carreteras zamorano habrá « preferido » comprar alguno de los 2.000 ejemplares del papel o romance « en que se declara el horroroso atentado cometido por el regicida D. Martín Merino », con sus 4 páginas y 260 versos, dando por el el 6% de su jornal,  y no los 6.000 versos de El Diablo mundo en edición (ilustrada) de Gaspar y Roig, aun cuando le habría salido tres veces más barato relativamente si a cantidad de lectura se refiriera, si pudiera comparar, si no prestara más interés por la actualidad (el atentado contra Isabel II del 2-II-1852), si pudiera dedicar la mitad de su jornal a esta compra, etc.

Lo mismo se puede observar comparando el precio efectivo de la lectura de un Episodio nacional, por una parte[xviii], y de La Ciega del Manzanares, novela por entregas de Julián Castellanos y Velasco, por otra : en ésta, la misma cantidad de lectura cuesta 9 reales en vez de 8 y sobre todo por el precio de la obra en 2 tomos por encuadernar (unos 80 reales) pudiera adquirir una serie de Episodios encuadernados a la rústica que sale incluso más barata (60 reales) suscribiéndose.

            Interesa partir de estos procesos de construcción de relaciones con el libro, reveladoras de los precios efectivos o implícitos que se le presta, como en el caso de los nuevos coleccionistas implicados en la fabricación de un autolibro (Botrel, 2002), con un libro-modelo presente en el horizonte de que dan cuenta las encuadernaciones artesanales o caseras, por ejemplo.

Fuente de información al respecto serán las marginalia manuscritas –el discurso del lector en y sobre su libro- presentes en los libros : una o varias firmas, un precio, una fecha, etc. , además del discurso liminar « clásico » del propietario o de los, a veces, inesperados comentarios.

Así, por ejemplo, en un ejemplar del  Catecismo esplicado de Mazo, encontramos el siguiente comentario manuscrito: "Mi propio dueño es José Requejo Buelga, que me compró en la librería de Rafael Cornelio de Oviedo ; y dió por mí doce rs. siendo maestro en la parroqa. de Campom., el año décimo sesto de su magisterio en ella ; y el de 1864 de la creación del mundo, segun la opinion mas comun. Soy su dueño José Requejo Buelga" (apud Infantes, Lopez, Botrel, 2003).

En esta doble e insistente afirmación de apropiación vemos cómo, al contemplarse ufano en el espejo del libro, haciendo que éste hable -sumiso- de su dueño y de su circunstancia económica y profesional, incluso con ironía  de almanaque, al maestro de escuela sólo le importa manifestar en primera persona : soy su dueño, atribuyéndole al libro comprado un valor muy superior a los 12 reales que le ha costado[xix]; un precio subjetivo relacionado con un valor simbólico, confirmado con el comportamiento de los compradores en la almoneda leridana estudiada por Meritxell Botargues (2000, 157-164).

Pero de otro precio da cuenta el que el propietario de la Verídica historia del crimen de Poitiers. El secuestro de una hija o 25 años de martirio (inspirada, por cierto, en un canard francés), cuyo ejemplar, malamente encuadernado en cartoné[xx], le habrá costado 2 pesetas 50 (después del Proceso de Montjuich), haya escrito en la portada con letra aplicada y laboriosa, subrayándolo, Es propiedad de Eugenio Gómez, dándole  un precio simbólico obviamente superior a los 10 reales que le costara el libro.

Poquito a poco, sumando observaciones de este u otro tipo, llegamos a la sensación que se da una especie de desbarajuste de los precios, de unos precios que no se ajustan ni al valor « objetivo » de la mercancía o del bien adquiridos ni a la idea que se tiene del que la compra y nos encontramos con una como microeconomía de la necesidad y del deseo, muy distinta y lejana de la macroeconomía del precio medio…

Sobran ejemplos. Pensemos nada más en la posible frustración experimentada por los lectores de los años 1850 al comprar una edición económica cuando sabían que existía una de lujo o al tener que recortar el folletín para hacer un libro, cuando existían libros hechos por el mismo periódico, y también libros desvinculados del periódico y de mejor calidad. O en el fenómeno de las colecciones y de las suscriciones a los club de lectores que permite medir el impacto respectivo de los factores económicos y simbólico-suntuarios. Cualquier libro no tiene el valor de su precio para un obrero –más aún si tiene motivaciones militantes- que ha de dedicar entre el 65 y el 75% de su presupuesto a la alimentación primaria… Lo mismo se puede decir de un bibliófilo adinerado... ¿ Cuándo se empieza a tirar un libro ? ¿ Quién, al revés, se empeña en  concertarlo o a ponerle una protección ?

            Todas estas obviedades, de puro sabidas, a propósito del precio, sirven para recordar a los que hablamos del libro y del lector que existe, pues, un amplio abanico de productos, bienes y comportamientos que sugieren una variedad de relaciones evolutivas que coexisten en un mismo espacio : el libro puede tener el mismo precio y no tener el mismo valor y para la historia cultural importa también saber/querer observar estas variaciones y disparidades…

 

Conclusión.

            Como se ha visto, el precio del libro es un tema complejo, incluso en la época contemporánea, y tenemos trabajo para rato…

            De la incidencia del precio « objetivo » sobre/en la adquisición o no de los libros, pero sobre todo de tal o cual libro, no cabe duda, y su abaratamiento acompaña la relativa masificación de su producción y consumo. Faltan sin embargo muchos estudios seriales y monográficos sobre el precio y su composición para poder aquilitarla en cada momento y en la larga duración, para poder observar analizar las evoluciones, aceleraciones y rupturas en relación con la historia de la incorporación de los Españoles a la cultura escrita/impresa. Me consta por ejemplo que he privilegiado ejemplos sobre el libro literario, cuando el libro escolar, científico y útil nos depararía tal vez tendencias harto distintas. Conste que, mientras no tengamos datos fehacientes en la larga duración de poco han de servirnos los consabidos datos sueltos…

            La historia económica y técnica del libro que suele hacerse desde el punto de vista del editor o del librero, se ha de acompañar, pues, por una historia cultural del mismo, desde el punto de vista del comprador/lector : teniendo en cuenta la multiplicación y la multiplicidad de la oferta libresca y por ende de los precios –efectivos y aparentes- y de otro precio, « subjetivo », el que le da, no ya sólo el mercado, sino un metamercado donde se ajusta el valor de los bienes desde unas expectativas que no coinciden con el poder adquisitivo  (Botrel, 2000). Este es un campo apenas explorado.

            Con una visión que combine la macrovisión sociológica de las distintas comunidades « lectoras » en la diacronía –mujeres, pueblo, niños, profesionales-, y de lo que comparten, imbricado o superpuesto, y la microvisión, con dimensión antropológica, del individuo lector, ya que lo mismo que no existe el libro medio, no existe el gusto medio ni el lector medio : aún no se ha escrito el manual del infalible historiador del libro o manera de catar libros y lectores, y, para el libro como para el lector, es preciso recordar, por supuesto, la infinita variedad del ser[xxi].

 

Jean-François Botrel (Pilar/Univ. Rennes 2).

 

 

Obras citadas :

 

Bahamonde Magro, Angel (dir.), Las comunicaciones en la construcción del Estado contemporáneo en España : 1700-1936. El Correo, el telégrafo y el teléfono, Madrid : Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, 1993.

 

Barbier, Frédéric,  « Une production multipliée », en Roger Chartier, Henri-Jean Martin (dir.), Histoire de l'édition française. III. Le temps des éditeurs. Du Romantisme à la Belle Epoque, Paris : Promodis, 1985, págs. 103-121.

 

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[i]  Del precio como expresión monetaria del valor absoluto (nominal) y del precio como valor relativo (efectivo).

 

[ii] En su modélico Catálogo de las obras impresas en Granada entre 1800 y 1899, Emilio Delgado López –Cózar y José Antonio Cordón García (1990, 262) lamentan sólo poder contar con noticias al respecto sobre una centena de impresos cuando hacen el repertorio de más de 2.800…

 

[iii] Cálculos realizados a partir del Boletín Bibliográfico Español y de Bibliografía española, respectivamente.

 

[iv] Para Francia, J.-Y.  Mollier (2001, 91) observa una tendencia a la baja permanente con precios  de 3.50 francos alrededor de 1838, 1 franco en 1852-55, 0.95 y 0.65 para las colecciones populares en 1904-05.

 

[v][v] Boletín del clero del Obispado de León, 16-III-1874.

 

[vi] Datos recogidos en 1972 en la documentación « para papelote » de la Librería Católica de los Hijos de Gregorio del Amo. Entre 1908 y 1913, el precio del papel utilizado para las distintas ediciones varía entre 6.90 y 52 pesetas, siendo el precio de 12 pesetas el más frecuente (como entre 1896 y 1898).

 

[vii] . Para las poesías de Arnao en 1857, el precio de la resma es de 120 reales (30 pesetas) (para el papel fino : 8 rs /mano o sea : 160 reales resma y 40 pesetas); para El Audaz : 70 reales (17.5 ptas) en 1871 ;  para los 2.000 ejemplares de  La perfecta casada (1897) : 13.25 pesetas la resma ; para  El libro de los consuelos (7a edición de 1911) : 12.70/ resma ; para un  Catecismo de Ripalda : 19 pesetas en 1912, etc.

 

[viii] En 1810, el molde e impresión de un pliego de 16 p. in 4°  (tirada de 2600 ejs pero en lectura encarnado y negro) :  378 rs (94.5 peseta); 80 rs el pliego de La Elocuencia forense de Andino en 1829; en 1857 : un pliego del  « tomo 2° de las poesías » de Antonio  Arnao  importaba 130 reales (molde : 60 ; tirada de 1.000 ejs : 40 ; tinta, desperfectos, etc. 30). En 1909, los costes de fabricación de Las tardes del sanatorio de Silvio Kossti importaban 948.45 ptas por 1.300 ejemplares. En 1931 : el molde se facturaba 16.52 ptas por pliego, la tirada : 8.50 por millar y la cubierta (diseño, tirada y tintas de 4 colores) 60 pesetas los 6.000.

 

 

[ix]  En 1814, se cobraba más de 14 reales por encuadernar en pasta (sin precisión de formato) ; en 1851, Miguel Ginesta factura 3 a 6 rs un volumen in 8° en pasta (0.80 peseta en casa de Perdiguero en 1890) ; en 1857, el presupuesto de encuadernación para las poesías de Arnao anuncia 20 rs /100 ejemplares, pero en la factura : 60 rs/100 ejemplares ; en 1871-1872, la encuadernación 100 ejemplares de La Fontana de Oro importa 30 reales y  20 rs. los 100 para El Audaz (en rústica).

 

[x] Según La Voz de Galicia, en 1907, en una imprenta de La Coruña, la composición de 100 líneas de una obra a 25 cíceros del cuerpo 8, con líneas interlineadas a 4 puntos, y 44 líneas por plana se remuneraban al tipógrafo Esteban Fernández 4.75 pesetas. O sea, para el propietario, 29.92 pesetas el pliego sin corregir (La Voz de Galicia, 18-I-1907).

 

[xi]  En abril de 1850, la Imprenta nacional cobra 18 maravedís para los 2.000 primeros ejemplares y 11 ms para los 2.500 restantes del n° 14, pero 27 y 16,5 por el n°16, por la impresión de los 4.500 ejemplares del Boletín oficial del Ministerio de Hacienda (AHN. Hacienda 286).

 

[xii] Acaso haya llegado el momento de dedicarles a los 2.036 ejemplares (1984 comunes y 52 finos) de la primera edición de La Fontana de Oro o los 2.000 de El Audaz, vendidos 2 pesetas en 1871-72, todo el cariño y  la precisión erudita que suelen merecer los libros antiguos. Por las notas tomadas de un documento de la imprenta de J. Noguera (conservado en la Casa Museo Benito Pérez Galdós), nos consta que para 1984 ejemplares de La Fontana de Oro : el molde, tirada y papel importaron 6.760 reales, la encuadernación y papel, molde y tirada cubierta : 871.52. Para los  52 ejemplares de papel fino, la  tirada importó 60 reales y el  papel y encuadernación 210 y encuadernación. Para El Audaz, el molde y  tirada (de 2 000 ejemplares) : importaron 2.520 reales (26, 52% del coste de fabricación), el papel (común): 5 580 (61, 89%), la encuadernación, papel y tirada cubierta : 1.100 (11 ,57%). El precio de catálogo de La Fontana de Oro y El Audaz se había fijado en  2 pesetas.

 

[xiii] Así, por ejemplo, La Censura,  a propósito de la Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig, publicada bajo la dirección de D. Eduardo Chao, escribe lo siguiente : "el incentivo de las láminas y de la baratura ha de proporcionar gran número de compradores entre las personas de menos capacidad e instrucción » (n° 79, enero de 1851, p. 633) ; y a propósito de la Biblioteca universal, publicada por la empresa del Semanario Pintoresco Español y de La Ilustración bajo la dirección de D. A. F. de los Ríos :  "creemos (...) que lo más acertado y prudente es aguardar la publicación de cada obra, y si fuere conocidamente buena, entonces podrá tomarse. Costará algo más ; pero ¿qué importa? ¿Por ventura no es mejor gastar algunos reales más que arriesgar la salud del alma? ¿No tienen mayor precio para los padres y los esposos la inocencia y la virtud de sus hijos y mujeres que un poco de oro vil?" (n° 77, noviembre de 1850, p. 610).

 

[xiv] . Un mismo libro (título) puede ser ofrecido por varios precios : así por ejemplo, El Pilluelo de Madrid. Biblioteca pintoresca, original, curiosa y entretenida por D. Alfonso García Tejero (320 p. en 16° marquilla con 5 grabados) pudo adquirirse por entregas (5 a 2 rs en Madrid y 2,5 en provincias o sea 10 y 12,5 reales), pero adelantando el precio al suscribirse a cualquiera de las obras de la Sociedad literaria costaba la mitad (5 y 6 rs.) y después de publicado por entregas (20 rs.). Lo mismo se puede observar a propósito de la edición económica de Espartero ; 6 cuartos la entrega de 16 p. en 8° mayor, pero 4 cuartos adelantando el precio de 4 entregas…(apud Baulo, 1998).

 

 

[xv] En 1846, la edición de gran lujo (dos grandes y hermoso tomos, con más de doscientos grabados y un "magnífico y parecido retrato del autor) está a la venta por 160 rs en Madrid y 200 en las provincias, franco el porte (con entregas a 2 y 2.5 rs); en 1850, la misma edición de lujo importa 108 rs en Madrid y 135 en provincias (siempre en rústica) ; en cuanto a la séptima edición económica (50 entregas, con los mismos grabados), en 1850 ya sólo cuesta 50 reales ; pero, para aquellos que asocian mecánicamente la ideología con un pública esta expresión socialista a lo Sue, equivale todavía  a más de 12 veces el sueldo diario de un peón de carreteras en Zamora y menos de 6 veces el mismo sueldo en Barcelona.

 

[xvi] En 1843 valía 200 reales y puede adquirirse ocho años más tarde sólo por 20 (Botrel, 1997, 33).

 

[xvii] La cantidad de lectura  que contiene un pliego de una historia de cordel (de muy apretada y compacta tipografía) y la que contiene una entrega de novela por entregas (con mucho blanco y tipos gordos) no tiene comparación y, sin embargo, se suelen atribuir estos productos a un público « popular ».

 

[xviii] Los Episodios nacionales tiene un promedio de 440.000 signos por tomo de 8 reales ó 2 pesetas.

 

[xix] En 1856, el sueldo de un maestro variaba entre 2.500 (en los pueblos de menos de 1.000 habitantes) y 8.000 reales anuales (en los pueblos de más de 40 000 habitantes, según M. Tuñón de Lara (1961, 104).

 

[xx] 25 cuadernos de 16 p. in 4° con numeración de las páginas por cuaderno y no para la totalidad.

 

[xxi] Agradezco a Jesús Antonio Martínez Martín su ayuda en el acopio de las imprescindibles inforrmaciones estadísticas sobre precios históricos.