Emilia Pardo Bazán, mujer de letras


  en : A. M. Freire López (ed.), Estudios sobre la obra de Emilia Pardo Bazán. Actas de las jornadas conmemorativas de los 150 años de su nacimiento, La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 2003, pp. 155-168.

 






Emilia Pardo Bazán, mujer de letras.

 

            Por más que la propia Emilia Pardo Bazán se considerase como "hembra escritora", "literato", "dramaturgo" o mera "profana aficionada a la hermosura" y sus colegas masculinos la calificaran o tildaran de "sabia y erudita","dama y escritor" o ..."mujer que se mete a hombre", etc. (1), su calidad y condición de "mujer de letras", como réplica española y femenina de "homme de lettres/hombre de letras" (2), es tal vez lo que mejor sirve para dar cuenta de lo que llegó a ser : una mujer cuyo oficio era escribir, cultivando todos los aspectos del  "trabajo literario" y situándose, con clara conciencia, en el llamado "campo literario" o sea : en el "campo de las fuerzas que obran dentro del espacio social relativamente autónomo constituído por los escritores, las obras, las instituciones y todos los fenómenos vinculados relacionados con la práctica literaria" (Détrie, 1992, 10). En dicho espacio se encuentra comprendida Emilia Pardo Bazán como un punto y , como recuerda Pierre Bourdieu (1992, 14), "conocer como tal este punto del espacio literario, que también es un punto a partir del cual se configura un punto de vista singular sobre este mismo espacio, es encontrarse capaz de comprender y sentir, por la identificación mental con una posición construída, la singularidad de dicha posición y de aquel que la ocupa".

            Una primera exploración del campo literario pardobazaniano permitirá observar, pues, cómo se va inscribiendo su propio punto, diminuto al principio, cada vez más divisible y luego distinguido, en un campo copado por unos hombres instituídos los más y cómo va recorriendo "la escala -muy mala de subir- que va de "señorita distinguida" y de familia chapada a la antigua por los cuatro costados, a artista segura, ya que no de su gloria, de su vocación ", como confiaba a Santiago Rusiñol el 21-VII-1895 (Bravo Villasante, 1973, 205). O sea cómo se hace escritora, relativamente autónoma, dentro de un campo literario en vías de autonomización, granjeándose, uno tras otro, con su actividad y trabajo, cada uno de los elementos del capital  simbólico y material que da acceso a la notoriedad literaria.

            Para tal cometido servirán todos aquellos datos objetivos, sacados de sus "obras exteriores" (3), de su correspondencia o de estudios sobre su obra (4), pero también la mirada retrospectiva y, en alguna medida, meliorativa que echa en 1886, en sus "Apuntes autobiográficos" (5), sobre el camino recorrido y lo que es ya una  carrera, construcción armónica y lógica a posteriori de algo que resulta ser un proyecto o una empresa consciente, dejando para otro estudio el examen del periodo posterior en que cobra los réditos de estas inversiones de capital.

           

De escritora a mujer de letras.

            A propósito de las escritoras españolas del siglo XIX, observa M. C. Simón Palmer (1991, IX-XX) que, para ellas, el término escritora no es sinónimo de literata "puesto que cuantitativamente casi la mitad de los trabajos están fuera del campo de la creación" y que "un alto porcentaje no llegó a publicar un libro, e incluso las que lo lograron dieron a conocer gran parte de su producción a través de revistas o periódicos" y no libros, con poco protagonismo público, por consiguiente. De ahí que resulte interesante ver cómo se va desprendiendo y distinguiendo  la joven Emilia del modelo dominante que caracteriza sus primeros años de actividad literaria para llegar a ser literata y más que literata, mujer de letras.

 

             En su primera juventud, Emilia Pardo Bazán es, como la mayor parte de las niñas de la clase media de entonces que han aprendido a leer y escribir, autora de "apuntes" y de poesías para sus adentros (6), para recitar, y, excepcionalmente para ser publicadas en almanaques o en revistas. Está hoy a la vista, gracias a las ediciones de M. Hemingway (1996) y J.-M. González Herrán (2000, 2001), buena parte de todos aquellos primeros versos -flojos- de los años 1865-1875, que paloteaba "archientusiasmada", según recuerda en su biografía de Alarcón, y " o rompía o desparramaba en manos de los amigos de la casa" (Apuntes , A319), poesías de circunstancias "que corrieron bastante y aun llegaron a verse impresas sobre seda con letras de oro, sin culpa mía" o en un folleto como "El Castillo de la Fada" (1866), poesías de album y almanaque a las que hay que añadir dos o tres dramas "prudentemente cerrados bajo llave a penas concluídos" (Apuntes, B20). Incluso el proyecto fallido de publicación de sus poesías, el carácter muy confidencial de Jaime  (cf. Hemingway, 1995) o su participación también bastante convencional en certámenes como el de Orense donde, en 1875, se lleva el premio con su Ensayo crítico de las obras del Padre Feijoo y una rosa de oro por una Oda a Feijoo  o el de Santiago con el accésit ganado el 28-VII-1875 por el poema "Descripción de las Rías Bajas" (Hemingway, 1996, 167) corresponden a esta fundamental tipología de la conformidad.

            En cuanto a sus primeros escarceos periodísticos, los "artículos sueltos de varios asuntos en páginas sueltas" escritos desde 1866 para el público, sabemos que, como Aficiones peligrosas (Paredes, 1989), se dieron a "la discreta penumbra de las revistas regionales" (Apuntes, B31), y no cambia fundamentalmente dicha situación hasta casi el final de los años 1870.

 

             Aunque E.Pardo Bazán sitúa en 1876 el principio de su carrera literaria oficial pública, hasta 1879 no llega para ella el momento de superar, a los 26 años, "un miedo vago a la publicidad arrostrada en forma de libro" (Apuntes, B31) escribiendo "para el público" como entonces se decía: tras la publicación de unos artículos en la Ciencia cristiana , en Madrid ya, prueba E. Pardo Bazán "a escribir algo novelesco" con la publicación por entregas de Pascual López-, en la Revista de España, de ámbito nacional pues, y su posterior publicación de un libro supone un salto cualitativo decisivo para esta "no muy conocida literata" (Bravo Villasante, 1973, 57).

            Cuando acepta E. Pardo Bazán la dirección de la Revista gallega  en 1880, no es novedad el que una mujer ocupe tal cargo, pero tal vez sí que se trate, no de una revista feminina o para niños (Freire, 19-20)) sino de una revista literaria, siquiera de ámbito local/regional donde hace de mujer orquesta : es ella directora, autora, redactora con seudónimo (Torre-Cores), traductora de Un episodio del terror de A. de Vigny, etc. Sabemos que, hasta su salida para Vichy, tomó a pecho el cargo, solicitando con mucho empeño las necesarias colaboraciones y que no le faltaban ambiciones y visión : ahí están los 20 números de una Revista de Galicia  discretamente bilingüe,"ni regionalista ni extranjerista" pero que abre Galicia al horizonte español e incluso europeo (Freire, 1999, 17-18).

            Su extenso estudio sobre Galdós primero y único de una proyectada serie titulada "Estudios de literatura contemporánea" y publicado en varios números de la Revista Europea en mayo-junio de 1880 -otra de las tres revistas culturales de la época (cf. Asún, 1988)-, es otro hito de este momento clave.

            Desde entonces en adelante, va Emilia Pardo Bazán a conquistar, una tras otra, casi todas las posiciones propias del rol masculino de escritor público u hombre de letras entonces, y ocupar un lugar a la vez "conforme" y sui generis en el campo literario.

 

            Sigue, por supuesto, publicando artículos y crónicas en la prensa, pero ahora desde Barcelona le piden colaboraciones para la revista Arte y Letras  y, a partir del número 13, es la única mujer en la lista de colaboradores que publica la revista dirigida por José Yxart. Pronto colabora en el aristocrático y madrileño diario La Epoca con sus artículos sobre la "cuestión palpitante", con obligación ya de "cubrir el compromiso que semanalmente (tiene)" (Mayoral, 1989, 394).

            En vez de las ediciones-homenaje como Jaime  o derivadas de una revista como Pascual López , ya empieza a publicar directamente en libros, como San Francisco de Asís (1882), y sobre todo novelas como Un viaje de novios  en 1881, La Tribuna  en 1883, El Cisne de Vilamorta, en 1885, y con Los pazos de Ulloa  en 1886 y La Madre Naturaleza en 1887, queda admitida en la "cuadra" barcelonesa donde también publica, ya ilustrada, Insolación y Morriña  en 1889.  Ya se cotizan sus colecciones de artículos (La Cuestión palpitante en 1883, De mi tierra. Colección de trabajos literarios, en 1888), de crónicas (Mi romería (1888), Al pie de la Torre Eiffel  y Por Francia y Alemania (1889)) y de cuentos (La Dama joven). Con este libro publicado en 1885 en la Biblioteca (ilustrada) Arte y Letras logra una primera y apetecida consagración editorial (7), confirmada al estrenar con Los Pazos de Ulloa la nueva "Colección de novelistas" de la misma prestigiosa casa editorial.

            Con conciencia ya de ser una escritora pública se adhiere, el 16-VI-1884, a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (8), negocia sus contratos de edición, defiende sus derechos de autor(a), accede al uso de la palabra pública, y procura ensanchar la audiencia de sus obras con la traducción al francés de La Cuestión palpitante (Le naturalisme ,1886) y Bucolique (1887) (9), es asidua en la Biblioteca de la Universidad de Santiago, pero también en la Biblioteca Nacional (de París), proyecta, a sabiendas de que Menéndez Pelayo está haciendo su Historia de las ideas estéticas una Historia de las letras castellanas desde sus orígenes hasta nuestros días  y, en enero de 1889, ofrece al editor Ramírez una Historia de las letras españolas  (10), tiene en su casa de la calle de Tabernas una tertulia literaria los jueves por la noche (Freire, 1999, 19) e incluso, en Madrid, en su casa de la calle de San Bernardo, un salón literario -"academia libre de amigos que form(ó) poco a poco", según ella (Torres, 1980, 427)-, con la que, según Clarín, "pretende reanudar las tradiciones, no muy brillantes en España, de los salones literarios" (Bravo Villasante, 1973, 190).

            Tampoco descuida unas posibles extensiones de su actividad al campo socio-literario como en la sociedad El Folklore gallego "fundada por iniciativa e invitación" de la propia Pardo Bazán, el 29-XII-1883, y de la que se muestra muy entusiasta y eficaz presidenta, estrenándose posiblemente de oradora con este motivo.

            Como señal de reconocimiento por el gremio muy masculino de los escritores  cabe mencionar la ceremonia casi iniciática del banquete que le ofrecen "muchos ilustres escritores y cariñosos amigos", en junio de 1885.

            Con las lecturas en el Ateneo sobre "La Revolución y la novela en Rusia", a partir del 13-IV-1887 (cf. Patiño, 1997), queda consagrada -coronada- la mujer de letras y ya se maravilla Galdós que "una mujer posea aptitudes tan relevantes en todos los órdenes" (Bravo Villasante, 1973, 139).

            Vemos, pues, cómo EPB, va superando casi sistemáticamente todas las pruebas para el ingreso en el gremio de los literatos y hombres de letras, enfrentándose con ellas con no poca energía y pertinacia,  y cómo se marca los puntos obtenidos para la constitución y afirmación de un estatus y de una relativa consagración socio-literaria...

 

En el taller de EPB. Si ahora entramos en la intimidad del taller de Emilia Pardo Bazán, nos encontramos con que estas posiciones conquistadas conllevan unas prácticas propias de una profesional de las letras de las que dan cuenta las múltiples reflexiones  sobre el "trabajo literario" o el "roído oficio", como eufemísticamente dice.

            Ahí están las numerosas y frecuentes alusiones o referencias al trabajo, con un distanciamiento muy profesional y un tanto afectado, sobre el escribir a diario,  el trazar "a escape" o "a vuela pluma" unas cuartillas sobre la mesa de una fonda o de algún cafetín de estación ferroviaria... (11),  pero sin dejar de referirse a "las horas que pas(a), pluma en ristre, y cuartilla enfrente" (Apuntes, B56), ni al cangüelo : "este temor preliminar que sólo la fatuidad o el genio sublime pueden acaso evitarse" (Mayoral, 1989, 400). Como para cualquier escritor profesional la preocupan las cuartillas que tiene que entregar, los plazos "terminantes" que le vienen encima, el "limar y pulir" (Clemessy, 1999, 141 ; Torres, 1980, 429), las pruebas que tiene que corregir, el precio o la tarifa de sus colaboraciones (12), la venta de sus libros (cf. Torres, 1980, 438). Antes de 1880, con motivo del proyecto de un tomo de leyendas, alguna mención manuscrita permite comprobar cómo se va preparando para la literatura "industrial ", al precisar que se tratan de  "planes y bosquejos de dos cuentos para el primer compromiso que tenga de un trabajo literario corto. Servirán para un tomo", al redactar breves guiones argumentales y notar a propósito de un personaje : "se puede cambiar el sexo" (13). Incluso llega a pensar, después de 1889, en cómo podría vivir  exclusivamente del trabajo literario con "15 cuartillas y 8 horas diarias"de su pluma (Bravo Villasante, 1975, 90).

            No falta la defensa activa y reivindicativa de sus derechos : al negociar sus contratos, reservándose el derecho de reimpresión de sus artículos o saliendo, con mucha conciencia de clase, por los derechos de propiedad intelectual -los suyos y los del gremio-, por motivos financieros pero más aún por el principio : "no sólo está interesada la propiedad de un escritor, sino el prestigio, el derecho y la seguridad de todos los que, sujetos siempre a abusos semejantes, se dedican en nuestro país al arte literario", observa a propósito del "incalificable abuso" de que ha sido víctima en La Habana en 1884 (14).         Incluso llega a desprenderse, burlándose de él, de la "sacra fórmula del ritual literario" como es el prólogo, para justificar el inconformismo del autoprólogo : "En vista de todo lo ya apuntado, consideré que, no teniendo Pascual López mayores ínfulas que de novela sencilla y más o menos entretenida, bastábanle para introducción unos renglones de su propia autora"...

            Todos estos son elementos de la cultura propia de una profesional de las letras, quien ya puede hablar a sabiendas de la vida cotidiana de una mujer de letras :" Hoy la halagüeña carta del respetado maestro ; mañana el apretón de manos del nuevo compañero ; ya el inesperado y elogioso artículo ; ya el suelto corto (...) hasta el primer arañazo del envidioso" (Apuntes, B34).

 

Estrategias y tácticas. Para la conquista del estatus y la marcha de su empresa, no oculta EPB el decisivo apoyo que le prestan las relaciones de su familia, pero también, con su peculiar idiosincracia, pone por obra sutiles y pertinaces estrategias y tácticas orientadas a constituirse un sistema de relaciones propio, logrando así granjearse el concurso que "siempre le han prestado sus compañeros en letras", como observa después de haberlo conseguido.

            La colección de 56 cartas recibidas de sendos corresponsales nada más que entre 1878 y 1883 -o las enviadas a Oller, Yxart, Menéndez Pelayo, Pereda, etc.-  testimonian "las amplias y variadas relaciones que ya había establecido la novelista - y no sólo la novelista- dentro y fuera de España, en esa etapa temprana de su vida" (Freire, 1991, 9), de las bases necesarias para la aceptación y el reconocimiento. Lo cierto es que, con su excepcional don de gente y audacia, se va relacionando Emilia Pardo Bazán con todos los que cuentan entonces, ya consagrados, ya en ciernes, en España y en Francia.

            Después de Galicia, Madrid y Santander, que ya tiene "trabajados" a principios de los años 1880, tiene el proyecto obvio de ensanchar su campo literario a Cataluña y, a través de sus coetáneos Yxart y Oller,  sabe y puede establecer contactos con los ya veteranos Milá y Fontanals, Rubio i Ors  o Mosén Verdaguer (Mayoral, 1989, 395). Para hacerse aceptar no duda en leer obras directamente del catalán, y hacer los correspondientes y halagüeños comentarios (cf. Mayoral, 1989, 398, 399), ejercicio al que sabemos que Galdós o Clarín se mostraban reacios (Botrel, 2000).

            En Francia sabrá granjearse el apoyo de los contados críticos más o menos al tanto de la actualidad literaria española como Savine, Tannenberg y Pavlosky  para, a través de ellos, poder codearse con los "literatos de fama" en la época como Hugo o Goncourt - a propósito de Daudet está pensando, el 24-XII-1884, "por dónde le atacar(á)" (Mayoral, 1989, 404)- y aunque sólo llega a conseguir de Zola una apreciación indirecta de su obra (que publica al principio de la tercera edición de La Cuestión palpitante), en el asombrarse de que quieran algunos hacer de ella "un Zola femenino" (Apuntes, B44) habrá no poca satisfacción más o menos callada. Lo cierto es que E. Pardo Bazán es conocida, distinguida, traducida en Francia cuando otros escritores hombres de mayor alcurnia o prestigio en España aún no lo han logrado (15).

            En este trato epistolar o directo que corre parejas con su actividad literaria, cuida EPB de presentarse como lectora y crítica (16), muy al tanto de lo que hacen unos y otros y con propensión a hacer correr las noticias y a hacer de tercera. Es una caballera audaz, atrevida, "liberada" y capaz de darse importancia con sus corresponsales como cuando le escribe a Pereda : "¡ Si supiera V. cuántas veces he hablado en Francia del insigne montañés y de sus libros !" (González Herrán, 1983, 275) y sabrá agradecerle Galdós "la adhesión de una dama y un escritor como Vd." al banquete-homenaje de 1883.

            Por supuesto, tiene por lógico que sus colegas le devuelvan algún servicio y sabe trabajar su propia imagen pública pidiendo reseñas para sus libros al veteranoVentura Ruiz Aguilera -se supone que  halagado por la petición de su joven corresponsal-, a Vidart para Un viaje de novios  (Freire, 1991, 68, 91), o a Clarín, por ejemplo (17). No duda en proponerle, sin rodeos, a Yxart, el 29-VIII-1889, que le escriba una biografía "para la colección que publica Ruiz Cobos, en la cual ya han salido Galdós, Campoamor y Zorrilla ? y añade, con bastante descaro : "¿ Podía usted escribirla pronto?" (Torres, 1980, 441). Llegará hasta animar al propio Pereda, en octubre de 1886, a que siga escribiendo como amiga suya pero también como "amiga (cada día más) de las letras españolas" (González Herrán, 1983, 277) y esta ama de casa que vive aislada "y alejada del trato literario" se muestra muy generosa a la hora de proponerle a Clarín el hospedaje en su casa (Gamallo, 284, 307), y bastante sistemática en la propuesta de intercambio de retratos, manera para ella de manifestar su admiración al corresponsal pero también de darse a ver, conocer y reconocer (18). No se olvida de dedicar personalmente sus libros ni de pedir que le envíen los suyos "sus compañeros en letras" (19).

            No cabe duda alguna, pues, de que sabe EPB cuidar su publicidad e imagen y tomar las necesarias iniciativas ...

            Ahora bien : ¿ por aplicarse a la literatura a la conquista de un estatus y una relativa independencia en el campo literario, resultaría censurable lo que para la reproducción y permanencia del orden económico y social organizaba la misma sociedad se hacía con la mujer  (20)?

            Lo cierto es que la señorita "bien" y conforme ha venido a ser más que una escritora, una literata, y aún más una verdadera mujer de letras y es el resultado de un conjunto de iniciativas y acciones -empresas- que le permiten hacerse en poco tiempo -entre 1879 y 1887-, con  la casi totalidad de los requisitos necesarios para afirmarse dentro del campo literario como punto insoslayable (21).

            Puede observarse gráficamente la evolución habida comparando la convencional puesta en escena en una foto de tocador de una señorita que se da a ver, antes de 1870, a través de un diálogo no tan narcisista con el interrogado espejo y la caricatura de Ppe publicada el 13-II-1887 en el semanario satírico ilustrado Café con gotas  (22), para un público compostelano y gallego :  con pelo corto aunque vestida de mujer, en actitud de voluntariosa imperiosidad significada por la barbilla semierguida y el porte decidido de la cabeza, en actitud de domadora de libros (La dama joven, El cisne de Villamorta, La Tribuna, Los pazos de Ulloa), con la péñola en las manos, curvada como si de una fusta se tratara... : dos representaciones gráficamente sintomáticas de su transformación de señorita o recién casada en mujer y mujer de letras, ya hecha y derecha.

 

La irresistible ascensión de una mujer de letras. Falta por ver cómo, para refrendo de lo observado, se esmera E. Pardo Bazán en construir una carrera perfecta lógica desde sus primeros pinitos hasta 1886, fecha de sus Apuntes autobiográficos .

            Demos por sentado primero que en estos "apuntes autobiográfico-literarios"-así los llama- se trasluce la fingida o falsa modestia de un ego muy afirmado, no impropio del género confidencial , y fijémonos en lo que casi pudiera ser una vida y obra de corte lansionano ya que de inscripción en el movimiento histórico de la vida literaria de E. Pardo Bazán y de su obra primera se trata.

            Estos generosos Apuntes están organizados según una lógica biológica y determinista de tipo casi naturalista de crisálida que se rompe para transformarse en mariposa, con un continuum que va de la precocidad de la niña de letras a la mujer de ídem, en el que se seleccionan "casos" emblemáticos y notables, pero organizados de tal manera que se desemboque lógicamente en lo que es E. Pardo Bazán en 1886, con una sutil mezcla de dotes propios de una mujer predestinada por su "congénito amor a las letras", y de trabajo arduo y asiduo, con sucesivas etapas o progresión y trasmutaciones : de la recitación a la oratoria, de la lectura "pasiva" a la lectura activa, de la formación recibida a la formación construída, del francés al alemán, de la poesía de gabinete a la novela editada, con la conciencia de una mujer (vs hombre) que ha llegado a ser... mujer de letras.

            Lo más evidente es que en los puntos biográficos de su infancia que recuerda, destaca -como en biografías recurrentes retrospectivas de los héroes épicos- todos aquellos que dan base positiva a la precocidad en el saber leer, en el leer, en hacer versos, en memorizar, etc., hasta en el inconformismo de las desafiantes y atrevidas posturas de la niña lectora, con imágenes y situaciones propias de las heroinas de la Comtesse de Ségur y simptomáticas de  su "congénito amor a las letras" o a su "cara literatura", de su "vocación" (23).

            Se va dibujando, pues, la figura de un ser predestinado para  la práctica de la lectura y de la escritura: incluso cuando las formas practicadas resultan harto convencionales y compartidas, cobran un peculiar sentido dentro de la "bildungstory" pardobazaniana.

            Casi nos olvidaríamos del decisivo periodo comprendido entre 1868 y 1875, escuetamente recordado en los Apuntes ..., con  bastantes imprecisiones cronológicas, pero que le da pie para una reflexión -con generalización- sobre las desventajas de la mujer en cuanto a educación que obligan a la joven Emilia a adquirir una cultura autodidáctica y llenar los claros de su educación (25).

            Lo cierto es que va emergiendo la figura literaria de E. Pardo Bazán en muy buena o selecta companía, protegida por los próceres del ámbito paterno y más bien político cuando de la niña se trata (Uzuriaga, Olózaga o Fernández Baeza) y luego, en otro ámbito más público y nacional, patrocinada por los prohombres de la literatura y de la filosofía de entonces quienes le llevan de la mano por el campo literario, le asesoran o le dan el brazo para llevarla a sus bodas con la literatura. Son sus mentores o padrinos, por ejemplo, Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) quien le presta el "señalado servicio" de olvidarse del tomo de versos que le había enviado, o Francisco Giner (1839-1915), Juan Manuel Ortí, Manuel de la Revilla. En 1883, durante la brillante velada celebrada en el salón azul de la Granja de Meirás en obsequio de José Zorrilla, el veterano poeta llegará a ofrecerse, dice E. Pardo Bazán, " para leer lo que yo quisiese", y no faltan hombres  devotos y atentos dispuestos todos a atenderla  desde sus preeminentes posiciones para una edición, para una colaboración, para una crítica.

            Obsérvese que todos son hombres, para una única mujer, quien de paso recuerda cómo venció en buena lid -literaria e intelectual- a una de las grandes mujeres gallegas de entonces : Concepción Arenal (1820-1893) y cómo le tocó presidir, el 2-IX-1885, la velada dedicada a la memoria del "primer poeta regional" Rosalía de Castro.

            Pero donde culmina, tal vez, el proceso de autoencumbramiento es en la evocación de su femenino, patriótico y literario protagonismo en la tertulia de Víctor Hugo : sentada a su lado por voluntad de la "majestad caída", amparada - pero sin poder lograrlo- tras un gran ramillete que en la mano tenía, sin dejar de respirar el perfume de los heliotropos y de jugar con el abanico, defiende con agallas a España contra los consabidos prejuicios referentes a la Inquisición, dejando clavada a otra mujer, "creo que Madame Lockroy", precisa E. Pardo Bazán (Apuntes, B40). Se repite la escena en el "desván" de los Goncourt :  donde Emilia Pardo Bazán, "refugiada en un diván turco, cerca del amo de casa...", sabe hacer muestra de chovinismo español (así llaman los franceses" a esto de que uno se acuerde con amor de su país y lo encomie"), rebatiendo, de pasada, la acusación "de atarnos al carro de Francia" (Apuntes, B55).

            El mismo procedimiento se puede observar con la asociación de la persona de la joven Emilia con obras casi todas canónicas : primero el Quijote, luego la Biblia, y la Conquista de Méjico de Solís o los Varones ilustres de Plutarco, etc. y después  filósofos, alemanes casi todos.

            Vemos también como se van -lógicamente- ensanchando los espacios de referencia : de unos estantes con libros a una biblioteca universitaria o nacional, de las casa y teatros de Galicia a lo que está "fuera de la región gallega" (Apuntes, B34), Madrid, España, Pau, Vichy, París, Francia y Europa : esta "abogada de Europa", como dice Nelly Clémessy, forma ya parte "de los que tratamos de llamar la atención hacia un movimiento literario extranjero. Ya me creo francesa" escribe en 1885, pero su afán europeista iba más allá y de aprender el convencional francés ya había pasado a aprender el inglés ("porque yo me había propuesto leer en su idioma a Byron y a Shakespeare") y hasta el alemán.

            Obsérvese cómo la recurrente referencia a la autoridad "extranjera", muy concretamente francesa y parisina, le permite ir asentando la suya propia, de manera "natural" pero obviamente muy señalada para la opinión de la época muy atenta a la moda y modelos transpirenaicos. Por una parte se presenta como mera "introductora" o mediadora cuya iniciativa no supone "gran mérito "puesto que yo venía de París", pero en seguida marca la diferencia al ser la primera : "los primeros ecos, acaso el más resonante hasta entonces, que en España tuvo el movimiento naturalista francés" se ha de buscar en el prólogo y texto del Viaje de novios (Apuntes, B38). Puede ya declararse "cansada de comer con la (princesa) Ratazzi todas las noches" o de frecuentar "celebridades de palco" las que "buenamente se (le) vienen a las manos" (Clemessy, 1999, 140), pero no parece muy sincera la interrogación de fines de 1884 (29-XII) sobre "hasta qué punto es lícito robar tiempo a las celebridades europeas"...

            Donde mejor se percibe este irresistible encumbramiento de E. Pardo Bazán, tal vez sea en la evocación que tanto impresionó a Boris de Tannenberg (1903), de su primer discurso público -género propio si no exclusivo de hombres entonces, como se sabe-, de la "alternativa" de oradora recibida de manos del mismísimo Castelar (26). Se verifica el 1-IX-1885, con motivo de la presidencia de la velada dedicada a la memoria de Rosalía de Castro. Veamos cómo recuerda E. Pardo Bazán el momento desde una lógica orientada a equipararse con el propio Castelar: "me arredraba la idea de leerlo (su discurso) ante un auditorio de tres mil personas, y en un recinto vasto, pues mi recelo no procedía del temor de cortarme, como suele decirse, sino de no poseer voz suficiente", y a continuación evoca

el empeño con que Castelar procuró darle aliento y consejos: " ¿ sería preferible leer de pie o sentada, y tener o no en la mano las cuartillas al ir leyendo ?" ; pero "la parte escénica del asunto" le preocupa a Castelar que no a doña Emilia : "A mí la posición no me parecía cosa tan importante (...), sólo me asustaba no contar con mi laringe". Y llega el momento : "Me levanté a leer (pues había prevalecido la idea de hacerlo en pie) y no sabré decir lo escaso, lo indócil, lo duro que se me figuró mi acento resonando en medio del silencio repentino... Esta emoción me empañó la garganta, pero apenas terminado el primer párrafo, oí a mi derecha la voz de Castelar, baja, llena de ardor y alegre sorpresa, diciéndome repetidas veces : -Muy bien, muy bien, ése es el tono". Respiré : la garganta se me había calentado, la emisión del sonido era cada vez más fácil y valiente... ". Y tars el discurso del propio Castelar, el final : "me apretó la mano (con los abultados ojos brillantes de regocijo, el rostro chorreando sudor y los labios dilatados, entreabiertos aún por el torrente de la palabra, recuerdo que dijo :-Debemos estar contentos, Emilia ; hemos proporcionado un goce estético, puro y elevado ; alegrémonos, pues" (Apuntes, B54). No es difícil sentir la fruición en la explayada evocación de tal consagración pero sobre todo su simbólico significado : a pesar de ser una mujer, ni la voz ni el tono le han fallado y en un arte y una ocasión propias si no exclusivas de los hombres, al quedarse de pie, con su voz de mujer, ha conquistado y se ha alzado al nivel del máximo orador de entonces. El "nosotros" de Castelar es toda una sanción, más que positiva.

            En total, podemos decir que,en estos apuntes, escribe E. Pardo Bazán la historia no de una heroina sino de un héroe hembra sucesivamente vencedor(a) , como en los cuentos para niños o tradicionales- de todos los obstáculos que le salen al paso y que llega por fin al primer pináculo de Los Pazos de Ulloa. o a la "grata fiebre de la creación artística" en la Granja de Meirás (Apuntes, A335).

            Vemos, pues, cómo lo que en el curso de la vida cotidiana pudo sufrir una más caótica evolución, queda desde la visión reconstruida de la autora de la autobigrafía una armoniosa, lógica e irresistible ascensión hacia la equiparación con el hombre de letras con clara conciencia, tal vez retrospectiva- de conseguirlo como mujer y a pesar de ser mujer.

 

            Si bien no disponemos para lo viene después en esta saga pardobazaniana de más Apuntes..., sabemos que seguirá manifiesto el afán de Emilia Pardo Bazán por no perderse oportunidad alguna de conquistar nuevas posiciones en el campo literario : ser la egeria y apoderada de una revista como La España Moderna, autoeditar una revista unipersonal como el Nuevo Teatro Crítico, publicar una Biblioteca gallega y sus propias Obras Completas (a los 40 años), ser candidata a la Real Academia Española, presidir la Sección de literatura del Ateneo, escribir para el teatro, ser protectora de artistas como Joaquín Vaamonde (Tilve, 2000, 36) y siempre anfitriona en las veladas literarias de sus elegantes salones, pensar en transformar a Mondariz en un Vichy gallego, llegar a ser catedrática, etc. Es difícil hacer una lista completa de todos los cargos, actividades o distinciones simbólicas que le permiten inscribirse de manera señera en el campo literario como mujer de letras más que como intelectual , con evidente capacidad para ponerse en escena como tal y, en alguna medida, teorizarlo al referirse a los "ambientes literarios" y al afirmar de manera predictiva que "mal que nos pese, formamos parte de una época literaria, y en ella nos ha de considerar la crítica de la edad venidera" (GonzálezHerrán, 1983, 268, 286)

            Emilia Pardo Bazán es "una mujer que lucha con la dificultad de serlo a finales del siglo XIX" (Mayoral, 1989, 391) y, a pesar de participar aún de la mentalidad aristocrática tradicional, se adelanta a su tiempo. No vayamos a caer, pues, en los excesos o injusticias  contemporáneos, y demos por buena su legítima satisfacción por haber conseguido -objetivamente- "alzarse" al nivel de un "hombre de letras" e incluso superarlo, dando un impulso y un salto cualitativo que por aislado y único llamó entonces la atención y sigue llamándola. Emilia Pardo Bazán es emblemática de unas aspiraciones que sólo más tarde podrán expresarse con alguna representatividad : marca la pauta para el futuro.

 

J.-F. BOTREL (Univ. Rennes 2).

 

 

1. Cf. Apuntes, B36 ; Bravo Villasante, 1973,190, 270 ; Torres, 1980, 428 ; Freire, 1991, 109 ; Bravo Villasante, 1973, 131.

 

2. Cf. Alvarez Barrientos, Joaquín, Lopez, François, Inmaculada Urzainqui, La República de la Letras en la España del siglo XVIII, Madrid, CSIC,1995.

 

3. Teniendo en cuenta que, a pesar de la muy útil aportación de M. C. Simón Palmer (1986), se echa de menos una bibliografía interna exhaustiva y comentada de E. Pardo Bazán.

 

4. Son datos harto conocidos, sacados de su biografía, cartas, etc., con la ayuda de los trabajos o la cooperación de  N. Clemessy, M. Hemingway, Marina Mayoral, J. M. González Herrán, A.-M. Freire, Marisa Sotelo, Cristina Eirín Patiño, Ermitas Penas, Darío Villanueva. Agradezco a A.-M. Freire y a la Fundación Barrié de la Maza el haberme obligado a completar unas investigaciones iniciadas hace muchos años sobre Valera, Galdós y Clarín a propósito de E. Pardo Bazán.

 

5. Se citarán indistintamente como Apuntes por las dos versiones existentes : la versión A (cf. Freire, 2001) y la versión B (Villanueva/González Herrán, XXXX).

 

6. Sobre el libro de apuntes de E. Pardo Bazán, cf. Bravo-Villasante, 1973, 25 y Heminway, 1996, IX y sobre los "Apuntes de un viaje : De España a Ginebra" (1973), cf. González Herrán, 1999.

 

7. Por sus cartas a Yxart, se sabe que  había ofrecido antes del 22-VII-1883 al Sr. Domenech "el único trabajo mío que soñé con ver ilustrado", y que el 27-XII-1883 confiesa : "Mucho me alegraría de que esa empresa de Arte y letras editase mi tomo de Cuentos. ¿Qué autor no apetece ver su prosa en tan bonita forma?" (Torres, 1980, 427, 431).

 

8. Con el n° 1120, según consta en el archivo de dicha Asociación.

 

9. También proyectó la de La Tribuna por un tal Charles Waternau (en 1886), y sabemos que "se (le) ocurrió traladar en castellano Les frères Zemganno " (Apuntes, B55), consiguiendo tal vez que se publicara luegouna edición francesa ilustrada con los dibujos de Apeles Mestres para la traducción e impresa en España, caso bastante excepcional.

 

10. Cf. en este volumen el trabajo de J.-M. González Herrán al respecto.

 

11. Cf. Apuntes, passim y Palomo, 1997, 218.

 

12. Por ejemplo : "yo suelo cobrar (a las Revistas, no a los editores) 25 pesetas por cada 10 cuartillas, reservándome el derecho de reimprimir después en libro" (Torres, 1980, 426).

 

13. Cf. la comunicación (inédita) leída por Ana María Freire en el XIV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Nueva York, julio 2001) sobre "Las leyendas que nunca escribió Emilia Pardo Bazán".

 

14. En esta carta inédita de 13-VII-1884 dirigida desde La Coruña al Presidente de las Asociación de Escritores y Artistas la socia EPB "tiene el honor de acudir a la Asociación de Escritores y Artistas en solicitud de su valioso apoyo para exigir reparación de un incalificable abuso (...) cometido en mengua de la propiedad literaria.

            "Habiendo publicado la que suscribe en el pasado otoño una novela titulada La Tribuna , cuya primera edición de cierto número de ejemplares establecido de antemano, vendió al Sr. D. Alfredo de Carlos Hierro, reservándose para las nuevas ediciones la propiedad de aquélla y el derecho de reimprimirla, el periódico de La Habana ha publicado recientemente en su folletín dicha obra, sin permiso de la autora y negándose hasta ahora a conceder a ésta la indemnización a que tiene derecho, con arreglo a la ley de propiedad literaria" (...); el 8-VII-84, el Presidente de la Asociación escribe al director del Diario de la Habana y de ello informa a E. Pardo Bazán el mismo día (Archivo de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles).

 

15. Arriesga González Herrán (1997, 19) que a la traducción de La cuestión palpitante por Albert Savine acaso no fueron ajenas las gestiones de la propia Pardo Bazán y que a través de Isaac Pavlovsky es como llega a ser -tal vez- leída por Zola "gros ignorant" de lo que en España se estaba haciendo según confesión del mismo a N. Oller. Obsérvese como en la edición de 1891 se vale de la "autoridad" de Zola (cf. González Herrán, 1989). También se puede conjeturar que habrá tenido alguna influencia en Emilia Pardo Bazán el modelo de George Sand sobre la que leerá una conferencia, lo mismo, tal vez, que el de Madame Adam (1836-1936), fundadora de La Nouvelle Revue.

 

16. Lo que permite, luego, por ejemplo, escribir a Pereda que en su Sotileza  "los toques de verde algas y olas, de blanco de espuma y unas siluetas de pescadoras arremangadas y atezados mareantes (...) (le) han sabido como las ostras de Cancale que hoy acompañaron (su) almuerzo" (González Herrán, 1983, 272).

 

17. El 17-XI-1881 le pide la "prometida crítica sobre Un viaje de novios y como deduce de un artículo suyo que no ha leído su primera novela, le propone en 7-I-1882 enviarle un ejemplar. Incluso puede anunciarle a Clarín que la crítica que aún no ha escrito sobre El cisne de Villamorta se publicará en El Globo ... (cf. Gamallo, 1987, 299).

 

18. Cf. Freire, 1991, 106 ; Mayoral, 1989, 168 ; González Herrán, 1983, 270, por ejemplo. 

 

19. Impresiona de veras la cantidad de libros dedicados conservados en su Casa- Museo de La Coruña.

 

20. Existe al respecto un muy sugerente y lúcido artículo de Clarín -bastante misógino en el campo de las letras como la mayor parte de sus colegas masculinos entonces, titulado "El amor y la economía"...(Revista de Asturias, n° 19, 15-VII-1879).

 

21. Sería interesante comparar el tono de sus cartas de los años 1880 y de las de 1890 cuando, ya segura de sí misma, de su valor y de su poder,  va buscando/proponiendo colaboraciones en La España Moderna (cf. Martínez Cachero,1947, 250).

 

22. Reeditado en la Universidade de Santiago de Compostela bajo la dirección de Margarita Santos Zas (1999).

 

23. Cf. Apuntes, A320 y B18, pero las "aficiones de traga-libros" mencionadas en la versión A (p. 320) desaparecen en la versión B.

 

24 . Cf., por ejemplo :"amontoné una docena de libros, con ellos hice zócalo a una silla; sobre este puse otra, que quedó medio en el aire y bailando ; hecho lo cual, me encaramé con inminente peligro de desnucarme (Apuntes, B13-14).

 

25. Las cartas a González de Linares (Faus, 1984) así como las a Giner de los Ríos permiten precisar un poco este momento que tuvo por consecuencia, entre otras cosas,   el descubrimiento tardío de la moderna novela debido a la deliberada ignorancia de este tipo de solaz por los "krausistas" (pasa lo mismo con Clarín).

 

26. El "mágico prodigioso de la palabra, la máquina eléctrica el que arranca(ba) vítores y lágrimas de entusiasmo a sus enemigos religiosos y políticos, y casi casi a los que le envi(ab)an" como recuerda Clarín en Un viaje a Madrid .

 

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