« La alegoría del soldado y la baraja o el poder del no libro », en : Mariana Genoud de Fourcade, Gladys Granada de Egües (ed.), Unidad y multiplicidad : tramas del hispanismo actual, Mendoza, Zeta Editores, 2009, pp. 23-33.

 



La alegoría del soldado y la baraja, o el poder del no libro.

 

A principios del siglo XX, en la provincia de Catamarca, aún se cantaba la siguiente "canción sentenciosa":

 

"Señores soy un pobre

Pobre y no tengo con qué

comprar un sagrado libro

que me enseñe a mí la fe

 

Por eso, porque soy pobre

y entiendo ciencia tan alta

Veré si con la baraja

Ese libro no hace falta

 

Al As coloco primero,

Uno es el Dios verdadero

que solo con el poder

creó el mundo entero

 

Saco el Dos y me hace ver etc.

 

Saco el Tres y me hace ver etc.

 

Saco el Cuatro y lo miro etc.

 

Observa el colector Juan Adolfo Carrizo (1926) que "no debe ser nuestra esta canción, que se conoce entre nuestros paisanos con el nombre de "Naipe a lo divino". Es una adaptación de un romance anónimo de la Baraja".

            Tiene sobrada razón ya que la matriz de la canción y del romance hay que buscarla al otro lado del Atlántico, en la leyenda del Grenadier Richard, publicada a principios del XIX y ubicada en Bres (Brest), en uno de los Finisterres europeos -Bretaña- y de la que, tal vez desde finales del siglo XVI-XVII y con total seguridad desde finales del siglo XVIII,  se pueden encontrar numerosas versiones, con un soldado que puede llamarse Ricart o Andrés, en al menos cinco países y en siete regiones de España[1] , y siguió vivo, o sea: impreso y recitado hasta los años 1960. Incluso hoy (2007), se puede encontrar en la red, con origen argentino, "El cuento del soldado".

            Puede resumirse de la siguiente manera: sorprendido el soldado con una baraja entre manos durante la misa dominical y por ello denunciado a su mayor por el sargento, hace la demostración manual e intelectual -espiritual- de que al profano juego se le puede dar un sentido divino. La índole sacrílega de la acción se transforma, pues, en una demostración de piedad casi teológica, mediante una lectura a lo divino de cada naipe de la baraja, con el consiguiente bochorno del sargento denunciador y la enhorabuena de la jerarquía militar.

            Es, pues, el cruce entre la arraigada costumbre de interpretar a lo divino determinados objetos, como el arado, y la trama de un cuento muy proppiano, con la puesta en escena del bueno, del malo y del justo, la inversión final de la situación inicial y la posibilidad para el oyente de identificarse con el simbólico desquite del "pobre pero bueno" que acaba por vencer superar al "malo y poderoso". La construcción alegórica ("el último será el primero") estriba en la conocida y disponible metáfora de la baraja-libro o del libro-baraja que, como queda demostrado en el estudio de J-P. Etienvre sobre las "figuras del juego" (1987), abunda en la literatura española.

            Este "cuento" -con muy probables vinculaciones con una cultura cuartelera y de los quintos aún mal conocida (cf. González Casarrubios, 2002)- también puede ser una nueva ilustración de cómo el pueblo -los illiterati  y los marginados- no queda al margen de la cultura dominante de referencia y llega a constituirse su literatura (Botrel, 2000), siendo la transmediaticidad (el cuento del soldado se encuentra bajo forma de libro, de pliego de cordel, de copia manuscrita, en la prensa, en la literatura de la voz, da lugar a realizaciones bajo forma de performance,  etc.) y la intergenericidad (plasma en romances, coplas, canciones de ronda o de mayo, con motivo del Cuaresma o de la Pasión y hasta Navidad (Díaz, 1978, 256), como literatura mnemotécnica, "sentencia" o artículo de prensa, etc.) . Es poderosa palanca para la adaptación y apropiación de toda clase de motivos cultos o no, con el añadido interés que en el caso de La baraja y el soldado -así se suele denominar el romance- se va desarrollando una como parábola en la que el no libro por excelencia -la baraja, también antifrásticamente denominada el "descuadernado", el "libro real", "de Juan Bolay", "de Villán", el "libro de cuarenta o de cuarenta y ocho", etc.- hace las veces de libro y llega a ser un libro de hecho, con toda la sabiduría que lo suele acompañar en la representación mayoritaria.

            Veamos, pues, a partir del examen de un corpus de unos quince avatares de la leyenda o del cuento (romances impresos o recogidos oralmente, coplas y hasta copias manuscritas -leídas- del Boletín de Justicia Militar ) cómo, por la lectura de un no libro, se va afirmando y demostrando -via una verdadera performance-, el saber superior y el poder de un pobre y humilde soldado y lector raso[2].

 

La lectura del no libro. Observo primero que todo lo que en la baraja del soldado remite al orden del libro, bajo todas sus formas, queda, para las necesidades de la fábula, solicitado, movilizado y puesto en escena por un sistema de analogías con los elementos constitutivos de libro o las operaciones mentales a que da lugar.

            Queda la baraja asimilada con un libro "devoto", un libro "de meditar", un libro "de oración y toda instrucción", un catecismo y un almanaque con su suplemento y hasta con el "libro de los libros": el Testamento y la Biblia : "de los naypes hice Biblia" dice el soldado en una de las versiones estudiadas.

            Como el libro, la baraja tiene sus hojas que va repasando -repasar es el verbo utilizado[3] - el soldado explícitamente representado como que está leyendo un texto, con los ojos puestos en el libro de naipes, para una actividad conforme con la representación que suele dar de la lectura: algo serio.

            Como el libro, el libro de naipes da lugar a una ordenada manipulación que se supone pudo ser doble: durante la misa, como un jugador de naipes[4], el soldado tiene abierta la baraja en una o dos manos y luego, después de cerrarlo y guardarlo en su bolsillo (como un libro), ante el mayor, lo va leyendo, hoja tras hoja, como si fuera hojeando un libro paginado aunque no encuadernado -las "repasaba carta por carta", dice Rabanal (C7)-, siguiendo sus números por orden creciente, desde el as hasta el rey, para en cualquier caso una presentación ordenada que respete el orden de la baraja y del libro al mismo tiempo. Va agotando el sentido de las sucesivas páginas y del conjunto, cubriendo cada página o naipe abierta y enseñada con la siguiente, hasta cerrar el juego.

            Es preciso, pues, reconstituir una gestual que sutilmente mezcla y confunde la de la lectura y del juego de naipes para una performance pública pero que podría ser de orden privado, para mostrar e interpretar la cara no oculta de los naipes.

            De una verdadera lectura se trata, no de una lectura de segundo grado, al margen o más allá del juego, como la que supone la divinación, sino de una lectura de aprendizaje y edificación a partir de un libro de sustitución, de un sustituto de libro. Y es que, conforme con lo que apunta Etienvre (1987), el libro de naipes, como "máquina de imaginar",  da lugar a unas verdaderas lecturas: cada figura o cada carta numeral es en efecto un pictograma o un hieroglífico, tan disponiible como las palabras según Valéry, y cada una, combinada a veces con otra, da lugar a unas lecturas a base de analogías múltiples y a lo que Etienvre (1987) califica de "symbolique éclatée": lo mismo puede tratarse de metáforas profanas, amorosas o sexuales (como "atrevesar el basto"),  que de metáforas religiosas, para el recreo o la edificación, sin que falte la frecuente condena por parte de las autoridades morales.

            La lectura del libro de cartas da lugar a la puesta por obra de unas habilidades exigidas para la lectura tipográfica, pictográfica e icónica. En La baraja y el soldado, se trata de leer unos iconos o pictogramas "abiertos" y muy solicitados, estableciendo una analogía entre una cifra o una figura y uno o varios elementos de un saber posiblemente adquirido a través de la catequesis (sin pasar por el impreso, pues) y que permite la producción de un sentido.

            Muy a las claras se trata -se puede observar un verdadero derroche de informaciones al respecto por parte del soldado- de una actividad cerebral y de intelección: pensar, percibir, recordar, imaginar, meditar, los verbos empleados no dejan lugar a duda[5]. Esta actividad da lugar, pues, a unas operaciones mentales, intelectuales o espirituales asociadas a la lectura de unas cifras o figuras, o sea: de unos mensajes no discursivos y que todos dan cuenta de la implicación del lector que se vuelca en el libro de naipes; con la descripción de los efectos producidos sobre él y nada más que sobre él, en un trabajo que superar con mucho la mera cooperación interpretativa, ya que aquí el no texto no es más que pretexto.

            Todas estas analogías establecidas de manera insistente con la lectura activa vs pasiva o sea: escuchada, que entonces era la forma de lectura dominante, y con los efectos que se sabe produce, son necesarias para entender el sentido que en la alegoría se le da al recurso al no libro, a su posesión y a su uso.

 

El sentido del no libro. El punto de partida es una situación anómala, escandalosa y hasta sacrílega - de "delito" se llega a hablar-: la utilización durante la "santa misa" de la muy profana baraja -"los naypes en Misa/ tiene gran oposición"-, en vez del libro "devoto" o devocionario. Los presentes y el sargento, por supuesto,  manifiestan un asombro que puede llegar a indignación.

            Pero, a continuación, aduce el soldado quien asume su condición de inferioridad con respecto a la norma y el orden dominante que es el uso del libro, una explicación racional: está utilizando un no libro a falta del libro que no puede adquirir porque el "pres" (el sueldo) no da para ello[6] ; se encuentra excluido del acceso al libro por motivos económicos y no por motivos intelectuales o culturales.

            Y después del porqué la baraja ha de hacer las veces del libro, el soldado se va dedicar a mostrar cómo, a base de la producción de un discurso apoyado en la manipulación del no libro.

            Recordemos que el soldado tiene cierta cultura del libro: sabe nombrarlo bajo distintas formas -desde la Biblia hasta el libro de faltriquera-, sabe para qué sirve y aplica esta ciencia al no libro para unos esperados efectos que tienen que ver con la lectura: la meditación o la verificación de conocimientos. Si obviamente lo que puede utilizar se parece más a un libro de bolsillo, para el illiteratus o autodidacta, es por encima de todo el libro-autoridad lo que está contemplando, con el protagonismo de un nuevo mediador o intérprete laico que desbanca al clérigo y a su autorizada mediación verbal ; un "no libro-libro" que conlleva la ciencia y el conocimiento como la Biblia o el almanaque pero que también puede ser fuente de placer, individualmente experimentado y apropiado, como queda explicitado por el recurso sistemático a la primera persona[7].

            Este libro implícito y las informaciones que potrncialemente ofrece se hallan presentes a la hora de leer la baraja: ya se ha dicho, el soldado interpreta el no texto de su baraja a partir de un saber preexistente y autorizado, aprendido y tal vez memorizado a través de la catequesis, y que se contenta se limita a aplicar a unas cifras o unas figuras. Su "lectura" es una lectura recitada ante un superior y juez, como ante un maestro de escuela que toma la lección.

            Se trata de una lectura aparentemente encerrada en un marco determinado pero, de hecho, permite unos espacios de libertad interpretativa, sospechosa para la jerarquía católica que llegó a prohibir y condenar tal literatura. Ya que si el saber preexiste, las modalidades de lectura son relativamente libres; si bien existe el orden del libro, también pueden darse interpretaciones originales, puede profundizarse más o menos en el sentido, como en las lecturas convencionales donde se da el sentido al texto sin acatar la totalidad del mensaje ni su orden de presentación, con hipo- o hiperlecturas como se verá, y unas variaciones al hilo de las sucesivas versiones, con motivo de la hispanización de la leyenda -la baraja de 52 cartas se transforma en una de 48 y 40 con otros emblemas-  y de la necesidad de producir unas "nuevas" versiones[8].

            En la mayor parte de las versiones estudiadas, el soldado-lector, por el recurso a la primera persona, afirma su autoridad y relativa libertad interpretativa[9], insiste en la atención que presta a la percepción de los signos ("considero", dice), por opción propia o siguiendo la lógica del juego o del libro, para una actividad de contemplación y de silenciosa lectura y meditación que solo llega a verbalizarse por la necesidad en que se encuentra de justificarse.

            Nos consta que si el soldado-lector sigue el orden de las cartas desde el as hasta el rey -saltándose los 7, 8 y 9 en su caso-, también puede prescindir de unas cartas como se saltan algunas páginas: no lee todas las cartas, no todas dan lugar a una interpretación explícita y no siempre respeta el orden convencional de los palos.

            Además, en las sucesivas versiones, no todas las páginas dan lugar a la misma lectura y, por ende, interpretación ni sentido: el dos, por ejemplo, lo mismo puede evocar el antiguo y el nuevo testamento que el buen y mal ladrón y cuatro doses los ocho,  verdugos; el tres puede remitir a la Trinidad, a Fe, Esperanza y Caridad, a los clavos de Cristo, a los dados, a las tres horas de María, a los cordones, a las caídas, a Cristo entre los ladrones, etc.; el cuatro hace pensar en los evangelistas pero también en las cuatro virtudes cardinales; el cinco puede asociarse con las cinco vírgenes bellas, las cinco llagas o los cinco dedos de Marcos (sic) en el rostro del Señor; el 7 remite al séptimo día o a los siete dolores de María cuando de espadas se trata; el ocho a la familia de Noë o a las beatitudes; el nueve a los leprosos pero también a los 9 coros de ángeles, por la triplicación del tres. La figura del caballo de espadas hace ver a Longines y la del rey al "rey del cielo y de la tierra", mientras los 4 reyes reunidos hacen ver los que en el portal se juntaron o las cuatro columnas del templo de Salomon, etc.

            La lectura de las cifras, por otra parte, es pretexto para dar pruebas de otra habilidad que es el del cálculo mental y da pie para unas sutiles combinaciones por multiplicación, decomposición o adición: con 4 doses se llega a 8; el nueve se decompone en tres por tres (« en los nueve miro tres/ triplicados »), « y estos son/ los Kirieles de la Misa/de la Trinidad blasón » (B1), ;  la suma del 4 de oros y del 5 de copas, permite referirse al 9 que no existe en la baraja española y "hacer pensar" en los 9 misterios de María Santísima; el 6 de bastos más el 6 de espadas da 12 que no existe como carta numeral, pero permite la analogía con la Cena, etc. . En la versión A1, hasta se puede encontrar una interpretación de las cifras propia de los almanaques pero que no permite la baraja española de 40 naipes: los 365 puntos de las 52 cartas coinciden con los días del año y con las semanas, y existen más variaciones más o menos ingeniosas.

            La única carta no interpretada por el soldado es la sota de oros; al mayor que le pregunta el por qué, contestará, valiéndose de la simbólica sistemáticamente negativa que suele asociarse con la sota (cf. Etienvre, 1987, 310-326), que la reservó para una analogía con el sargento[10]

            Fácil es comprobar que, según las versiones, el soldado puede saltarse una carta (la versión que más lecturas ofrece es la del Boletín de Justicia Militar), no tener en cuenta todos los palos para cada carta numeral o de figuras, y hacer hipolecturas de los naipes (con una única y escueta analogía) o, al contrario, añadir unas interpretaciones que no estaban (por ejemplo, interpretar todos los palos de cada cifra o dar un sentido a cada uno de los reyes), o desarrollar algunas con unas sabias glosas[11], con, en la tradición B, un cariz obviamente más didáctico, doctrinal o moralizador. Sin duda alguna, todo esto se enmarca, para el destinatario oyente o leyente, en la tradición de los juegos memorísticos y hasta mnemotécnicos que solían aplicarse a los Sacramentos, a la Pasión, etc.[12] .

            Lo cierto es que el soldado-lector, al par que va siguiendo el orden convencional de las cartas y páginas, demuestra una gran habilidad para manipular los naipes y el sentido: el lector-manipulador de un juego preparado y/o leído como un libro, hoja tras hoja, impone al no texto un sentido a lo divino, lo cual no excluye por supuesto otras lecturas más profanas y sospechosas, algunas de ellas por meros descuidos tipográficos (también lee el cajista): de ahí que, en C,  Malco sea interpretado como Mateo e incluso el "valeroso Mateo", que se mencionen los "tres dedos con que rasgaron las vestiduras al Señor" (cuando obviamente se trata de los dados[13]) o que "ósculo de paz" sea transformado en "escudo de paz"[14]

            En la lectura del soldado convergen, pues, dos saberes: el muy profano del código del juego de naipes que en el lector-oyente "modelo" posiblemente sea más adueñado que el de la lectura tipográfica y el saber -sacro- de  los dos Testamentos, de la Biblia posiblemente a través del catecismo, un saber muy compartido entonces que se pone por obra en el no texto de las cartas: puede ser suministrada la prueba -cartes sur table- de la correcta adquisición de dicho saber, pero, aún más, de su apropiación e individualización por un humilde o illiteratus, a través de un no libro, por referencia a y en competencia con la herramienta por excelencia de la cultura clerical: el libro.

            Así queda ejemplificado el ingreso del emblemático soldado en el código dominante, pero como por efracción y de una manera casi disidente que posiblemente lleve muchas características de la autodidaxia.

 

El desquite del autodidacta. Llegado a este punto, convendría poder apreciar la importancia de la baraja y de los juegos de naipes en la cultura castrense y popular y evocar los recursos y las estrategias puestas por obra por los autodidactas: baste con recordar la importancia fundamental de la memoria y de la memorización que permite prescindir del soporte impreso y decorar sin apenas vacilaciones ; una producción o restitución de sentido -según-, fragmentada pero de manera "original", sui generis, asombrosa en alguna medida si se tiene en cuenta el nivel cultural que suele asociarse con el soldado, el plebeyo, etc.

            En este décalage o desfase, puede suponerse que hay, implícita, la reivindicación y la afirmación esencial de unas aptitudes comprobadas y comprobables en quien menos se esperaba y, por ende, una especie de revancha simbólica de los humildes sobre los prepotentes.

            Ayuda a ello, como quedó señalado, la propia estructura de la historia, pero aún en las versiones en que la parte expositiva y la conclusiva han desaparecido (como en la D), la performance verbal y manual apunta muy a las claras a esta demostración y afirmación.

            Esta "ciencia" o sabiduría del soldado queda destacada por el propio narrador quien le presta al soldado unas aptitudes que suelen atribuirse a los clérigos y eclesiásticos: habla de las "saludables y doctrinales respuestas" del soldado, de la "ciencia de Salomón" que manifiesta y hasta lo compara con San Pablo. El propio soldado utiliza la palabra "entendimiento" ("mi entendimiento vio") y el verbo de uso escolar "explicar" ("lo bien que expliqué en los naipes/toda la muerte y pasión"). Algún comentario, entre chocarrero y desafiante,  de una lectora de una versión en prosa de la historia, apunta a lo mismo: "falta saber si lo hicieron doctor en Teología", dice, a gusia de conclusión[15]. El soldado puede, pues, simbólicamente alzarse a la categoría de predicador, substituirse al profesional de la predicación y, por voluntad del narrador, para unos fines edificantes, glosar tal o cual símbolo o analogía, como el cura en púlpito, sobre todo en la versión más orientada a lo divino y a lo edificante. Como dice el propio soldado en una de las versiones: "a los naypes hice Biblia/y templo a mi corazón" y lo confirma el narrador al observar que "en la baraja/las virtudes encontró". De ahí que se pueda calificar el relato de "alegórico, discreto y místico asunto".

            Pero lo que más extraña sin duda es aquella insistencia en comprobar lo que de un soldado no se esperaría: la riqueza de la vida interior y sus evidentes capacidades para la meditación y la oración mental. Reiteradamente en la versión B1 se hace referencia a su interior[16], lo cual permite recordar otra vez confirmar que solo por obligación manifiesta oralmente el soldado lo que en su intimidad concibió.

            En la afirmación simbólica de unos saberes no cultos, conformes y disidentes al mismo tiempo e individualmente asumidos, pudieron identificarse -y siguen identificándose- muchos illiterati que escuchan y repiten la historia del soldado y de su baraja, revancha maliciosa y tradicional del pequeño astuto sobre el grande y poderoso que puede ser leída e interpretada de manera irónica (por autoirrisión) por aquellos mismos a quienes se dirige, o demostración, recordada gracias a la memoria, de unas capacidades intelectuales o espirituales ocultadas o negadas.

 

Los usos del no libro. El recurrir al no libro y lo que permite y autoriza como rodeos y hasta con respecto al libro ortodoxo no dejó de semejarle peligroso a la Iglesia católica[17], y sigue siendo en gran parte ignorado y desconocido por los historiadores académicos del libro de la lectura y de la literatura.

            En el caso de la historia del soldado y de la baraja, más allá de los distintos impresos en que se conserva y de la sistem´tica e ingeniosa busca de nuevas analogías y, por ende, sentidos, interesa muy especialmente los efectos de la memorización de los textos y las variantes a que dan lugar, en el momento de su restitución cantada (a veces con acompañamiento de pandereta), recitada, pero también por una situación revelada por los lectores de textos orales y es la copia manuscrita.

            Por los ejemplos observables, se trata de un texto de cuño oficial (la sentencia de un tribunal de La Habana de 2 de abril de 1870, reproducido en el Boletín de Justicia Militar de 15 de noviembre de 1897, cuando de nuevo se mandan soldados a Cuba[18], ligeramente modificada y sin duda incompletoa, por habaer sido reproducida de puño y letra de los propietarios de los sucesivos papeles. El mismo documento documento es probablemente la fuente del romance C2, pero también de una elemental pero efectiva narrativización[19], y de una "lectura" reproducida nuevamente en la prensa (cf. C7) e inmediatamente aprovechada para un nuevo romance de la Imprenta Rodas, 26, en los años 1960, con su significativa puesta en página. Una verdadera ilustración del proceso de tranmediatización e intergenericidad : de la sentencia reproducida en la prensa judicial a la copia, al "cuento", al artículo de prensa, al romance o a la canción[20].

            Estos no libros manuscritos -una hojas, unos papeles- que por su estructura y su formulación conservan todas las apariencias del impreso y del escrito legítimos y son un punto de encuentro inesperado entre la cultura del poder por excelencia y su recuperación -vertedero- por los pobres y humildes, soldados o no, sin que la copia del documento oficial libre el texto de posibles trastrueques (cf. dedos por dados) o variantes, muy presentes en las versiones orales recogidas, y actualizaciones del contexto[21].

            Al filo de los años, pudieron evolucionar -mínimamente y siempre en la línea antes indicada de las infinitas variaciones sobre el sentido de las cartas- las dos principales tradiciones A y C), pero la actualidad y la situación evocadas siguen intactas: en la España de los años 1960-70, aún existían había gente demasiado pobre económica o culturalmente para poder comprar un libro pero bastante instruida para dar un sentido al argumento y a sus páginas y apropiarse el "poder" del libro siquiera bajo la forma elemental del pliego o de la transcripción mágica en un "papel" conservado en unas elementales bibliotecas o en las mnemotecas.

 

Conclusión. Todo lo que antecede también puede ser entendido como otra parábola, una parábola científica y académica, con visos de edificación y casi de conversión: la infinidad de no-libros, ignorados o desconocidos porque no pertenecen a la esfera pública legítima culta nos depara otra vía de acceso a la cultura del pueblo que por muy analfabeto que sea no es tan inculto como se suele imaginar.

            El no libro obviamente pertenece a la esfera del libro con el cual mantiene, como dice N. Petit (1997), unas "relaciones de coalescencia" y mucho dice sobre la representación de la autoridad y poder que, con razón, de él tienen unos illiterati, entre reverentes y frustrados, pero también muy duchos en encontrar la compensación, inclusive irónica, pudiendo la afirmación de que uno puede prescindir del libro no ser más que una consolación simbólica.

            Por los usos -documentados o documentables- a que da lugar, el no libro remite a unas relaciones autodidácticas con unas parcelas o fragmentos -a veces meras briznas- del saber legítimo. A partir de un orden elemental legítimo (por ejemplo, el orden numeral utilizado en los aprendizajes), queda el nuevo saber como fragmentado y potencialmente transgresivo porque nunca resulta totalmente conforme u ortodoxo.

           Conste que la situación estudiada y comentada a propósito del soldado y la baraja puede comprobarse en unas infinitas situaciones a propósito de una infinidad de "textos", únicamente conservados en las mnemotecas o en unos impresos ínfimos -las "menudencias" que circulaban por toda España y pudieron llegar hasta la provincia de Catamarca, y que al paleontógo de la cultura popular pueden resultarle un mamut (Botrel, 2000b; 2002), que al margen de los textos legítimos o canónicos, sirvieron y siguen sirviendo, algunos en la muy larga duración como el Conde Partinoples o el João de Calais, de punto de referencia para un lector lato sensu "popular", para unos usos no conformes pero no ilegítimos, por supuesto.

            Existieron y siguen existiendo: así que, según dicen que dijo un célébre autor de parábolas (Marcos, 10.13-16), "dejad que los no libros y los pobres illiterati vengan a nosotros"...

 

J.-F. Botrel (Université Rennes 2-UNED).

 

Estudios citados:

 

 

Botrel, Jean-François, " Pueblo y literatura. España, siglo XIX ", in : F. Sevilla y C. Alvar (eds.), Actas del XIII° Congreso de la Asociación  Internacional de Hispanistas. Madrid 1998. II, Madrid, Ed. Castalia, 2000, pp. 49-66.

----, "La cultura del pueblo a finales del siglo XIX", in : Javier Serrano Alonso et al. (eds), Literatura modernista y tiempo del 98. Actas del Congreso Internacional. Lugo, 17 al 20 de noviembre de 1998, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2000, p. 67-94.

----, "La librería del pueblo", in : Museo Etnográfico de Castilla y León. Zamora, Exposición 2002-2003. EnSeres,  Madrid, Junta de Castilla y León, Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León, 2002, pp.  82-87.

Carrizo, Juan Adolfo, Antiguos cantos populares argentinos recogidos en la provincia de Catamarca, Buenos Aires, Silla Hnos, MCMXXVI.

 

Díaz, J., Delfín Val, J. & Díaz de Viana, L. , Catálogo folklórico de la provincia de Valladolid. "Romances tradicionales", Valladolid, Institución Cultural Simancas, 1978-79.

 

Etienvre, Jean-Pierre, Figures du jeu. Etudes lexico-sémantiques sur le jeu de cartes en Espagne (XVIe-XVIIIe siècle), Madrid, Casa de Velázquez, 1987.

 

Etienvre, Jean-Pierre, Márgenes literarios del juego. Una poética del naipe Siglos XVI-XVIII, London, Tamesis Books Limited, 1990.

 

González Casarrubios, Consolación et al., Los quintos, Urueña, Fundación Joaquín Díaz, 2002.

Petit, Nicolas, L’éphémère, l’occasionnel et le non-livre (XVe-XVIIIe siècles), Paris, Klincksieck, 1997.

 

 

 

 

 



[1] España, Argentina, Portugal, México, Argentina ; Madrid, Salamanca, Castilla la Mancha, Santander, Jaén, Segovia, Guadalajara, León (cf. Díaz, 1978, 254-261).

[2] Son los siguientes, identificados por una letra o una letra y una cifra: A1. La baraja del soldado. Nueva relación de la baraja que ordenó un soldado llamado Miguel Ricarte, en la ciudad de Brest, en la cual se hallará lo que él contemplaba estando en misa, por medio de las figuras que había en cada naipe (Etienvre, 1987,107-114) ;

A2 Astuta y verdadera disculpa de un soldado que fue acusado a su Mayor de habérsele hallado en la misa , teniendo en sus manos un juego de naipes franceses, contemplándolos, en lugar de rezar un libro devoto. Dicha baraja consta de diez cartas bajas, una sota, dama y rey cada palo, que suman cincuenta y dos naipes ; con los cuales hizo ver que las cosas son buenas y malas, según el uso que se haga de ellas (Etienvre, 123-128) A3. Reus ; B1. Curiosas y exemplares coplas que dan desengaño a la mormoración de algunos que critican, y sensuran mal de un sugeto, que por que le ven acciones, que al parecer se les antoja malas, y en sí son virtuosas, pues a veces se hace de la necesidad virtud, y para que tome escarmiento el mormorador, escuche el más alegórico, discreto y místico asunto de un Soldado, que en el Puerto de Brez, a la vista del Pueblo en la Iglesia parece escandalizaba, y a la verdad contemplava mientras se decía Misa en unos naypes, o baraja, los misterios de el Nuevo y Viejo testamento ; dase cuenta de cómo lo delató su Sargento a el mayor, y las saludables y doctrinales respuestas que dió, quedanco con ellas él acrisolado en virtud, y el acusador reprehendido, y todos los que lo vieron, para no juzgar por malas las acciones de el próximo aunque nos parezcan malas, sino dexar a Dios que las recopile como supremo Juez, y otras curiosas y doctrinales materias que acaecieron, como verá el curioso (...) (Etienvre, 1987, 115-122) ; C1. "La religión y la baraja (Una sumaria curisísima)", Boletín de Justicia Militar (VII, 21, 15 de noviembre de 1897); C2. Nuevo Romance titulado La religión y la Baraja. Sumaria curiosísima contra el soldado Andrés Espinosa Montero ; natural de Logroño (Castilla la Vieja) Primera parte. (Palma. Es propiedad de A. Borrás) (Col. JFB ; NB : Falta la segunda parte) ; C3. La baraja y el soldado,  copia del Boletín de Justicia Militar (recogido en Olmos de  Esgueva; Díaz 1978, 260-1); C4. La baraja y el soldado, leido a partir de una copia del Boletín de Justicia Militar (María Gómez de La Pedraja de Portillo (Centro etnográfico J. Díaz en Urueña, C5. La baraja y el soldado, narrada (parcialmente) por Emilia Sanz de Aldeamayor de San Martín (Centro etnográfico J. Díaz en Urueña);  C6. Nuevo tango titulado La religión y la baraja. Sumaria curiosísima contra el soldado Andrés Espinosa, natural de Logroño (Castilla laVieja), sl, sf. ; C7. Rabanal Brito, T. "Un soldado español de guarnición en Cuba, meditaba en la Pasión del Señor a través de la baraja…", sl, sf. , C8; Un soldado español de guarnición en Cuba, meditaba en la Pasión del Señor a través de la baraja  (Madrid, Imp. Rodas circa 1960).; D. La baraja. Cantada y recitada por Eusebia Rico de Nava del Rey  (Díaz, 1978, 254+ casete 3/44/bc); E. "Señores yo soy un pobre/pobre y no tengo conqué…", en: Carrizo, 1926, Canciones sentenciosas, n°107; F. El cuento del soldado (http:/www.geocities.com/argen_1010/soldado.htm); G1. "La baraja de los naipes/niña, te voy a explicar", en: La pasión por la baraja (http://users.servicios.retecal.es/jesussj/paginasdiscos/Baraja.htm); G2. "Atención, pido señores,/para poder explicar/lo que pasó a un soldado/cuando oyendo misa está", en: (http://users.servicios.retecal.es/jesussj/paginasdiscos/Baraja.htm). 

 

[3]  En G2,por ejemplo: "el soldado (...) meditaba en la baraja, y (...) con ella en la mano, mirando carta por carta, la Pasión de Jesucristo en ella representaba".

[4] Véase la ilustración de A2.

[5] A1: “se me representa”, “se me acuerda”, “me hace pensar”,  “hago memoria”, “considero”, “me acuerdo”, “me hace pensar”, “a la memoria me lleva”, “recapacito”. B1: “miraba con atención”, “me avisa que”, “contemplo”, “miro”, “miro atento”, “miro en”, “miro”, “miro y contemplo”, “miro”, “miro”, “mira mi contemplación”, “contempla mi devoción”, “contemplé con devoción”, “hago la contemplación”, “en mi idea hago la contemplación”. C1: "contemplaba", "meditaba", "considero", "se me representan", "lo considero com", "contemplo", "medito", "me representa", "consideo", "me representa", "al contemplar", "me hace meditar""me representa", "me lleva a considerar", "me hacen contemplar", "considero", "medito en", "considero", "me representa", "me representan", "se me figuran", "contemplo"; C2: “considero”, “indica”, “representa”, “representa”, “indican”, “indica”, “señala”, “representa”, “examino (...) y creo”, “indica”, “considero en”, “indico (...) y contemplo”, “medito”, “considero en (…) y estoy en el parecer”, “contemplo”, “considero en”, “contemplo”.C3. “contempla”, “considero”, “representa”, “me hace meditar”, “es”, “me representa”, “considero hasta qué punto”, “representan”, en... meditó (sic), consideró (sic), me representa, “me representa”, “me representan”, “contemplo”. C6: "medito", "medito", considero", "indica", "representa", "representa", "indica", "indican", "indica", "señala" "considero", "contemplo", etc. D : «considero », « contemplo », etc.

[6]  "Señores, yo soy un pobre/y no tengo con qué/comprar un sagrado libro". En A1: "por ser la paga nuestra/tan corta... vea/si tendrá el pobre soldado/para libros, en que pueda/Meditar mientras la misa ", idea luego repetida: “los libros a cuya compra no llegan/mis escasas facultades"; "no tengo con qué comprar un sagrado libro que me enseñe a mí la fe", insitiendo: "soy pobre". Lo mismo se encuentra en  B1 : “Yo no puedo mercar libros,/el pre, tan corto es su don,/que no alcanza para agua/el día que como Salmón (sic) »,  : « aquesta baraja/pues no tengo en la ocasión/para facilitar libros,/me sirve de devoción” . En cambio, en C2, el rosario sustituye al libro: « Yo por no tener rosario... ».

 

[7] Cf. nota 5.

 

[8] Se observará que de las tres principales, la única que, por lo visto, no experimenta variantes es la "a lo divino" (B1). En cambio, la tradición iniciada (?) por el Boletín de Justicia Militar  (C) es la que más perdura y varía.

 

[9]  Si en las distintas versiones se puede observar una casi total homogeneidad en la lectura del as o de los ases, de los doses, a partir del tres empieza toda clase de variantes ya que este cifra .

 

[10]  Cf., por ejemplo, en A2 : ¿ Cómo es dijo el mayor/que la sota hayas pasado ? (…) contesta el soldado: « es la sota más villana/que suple esta mañana/al sargento más traidor » et A1(158-9, 195-222). En la versión B1, no se menciona este detalle, existente en la versión C1 y en G1:se da una rehabilitación de la sota:  "En la sota considero/que es una mujer piadosa/que con su mano lavó,/a Jesús su cara hermosa". Sobre la simbólica sistemáticamente negativa de la sota, véase Etienvre, 1987, 310-326)

 

[11] Por ejemplo, el 8 asociado con la familia de Noë merece una glosa de 8 versos en A1 (« las ocho personas buenas/que del diluvio escaparon/por Divina providencia,/que fue Noé y su muger,/sus tres hijos, prendas tiernas/de su fino corazón, / con sus tres esposas bellas »,  lo cual permite comprobar lo exacto de la cuenta. A las cinco vírgenes, se dedican 5 versos en A1 y 16 en A2, con la siguiente precisión: « sólo cinco ya que las necias por llevar sus lámparas apagadas fueron despedidas » ; a propósito del 10, A2 aporta la precisión del Monte Sinai, como en una clase de Historia santa, etc.

 

[12]  Cf , por ejemplo, en las Rimas infantiles recogidas por A. Carrizo (1926) la, n° 1457: "Los doce apóstoles, Las once mil vírgenes, Los diez mandamientos (...) Las dos tablas de Moisés, El niño que nació en Belén". .

 

[13]  Esto de los "dedos", no entendidos en C2, C3 y C6 y sustituidos por "tres horas de María al pie de la cruz", queda rectificado en C7 -posiblemente la primera versión-:("los dados con que jugaron las vestiduras del Señor").

 

[14] "El as de oros representa /aquel escudo de paz, que dio Judas al Señor/por librar a Barrabás". Esta equivocada lectura se rectifica en C3 con la "traición de Judas" y moderniza con "beso de paz" en C7 y C8.

 

[15] La versión F ("El cuento del soldado") concluye de la siguiente manera: "Amigos, lo que les he platicado aquí es la verdad, lo sé porque soy ese soldado" y viene la firma: "Reverendo Padre Pepe Peña".

 

[16] B1: « esto la gente decía/ignorando su interior » (33-34) ; « yo a mi Sargento perdono porque ignoró mi interior »; A2: “Dígome al interior/que existe Dios criador”.),

 

[17]  Habría que preguntarle a un teólogo si resulta ortodoxo decir: "En el cuatro considero/y esta sí que es cierta y clara/las tres personas distintas/y la Trinidad sagrada".

 

[18] Entre un sinnúmero de condenas por asesinatos, injurias, insultos, deserción, desobedencia, hurtos, lesiones, rebelión militar o homicidios…

 

[19]  Cf., en el Centro etnográfico Joaquín Díaz de Urueña (Valladolid), la grabación en 1977, en La Pedraja de Portillo (Valladolid), por José Delfín y Joaquín Díaz, de lo contado por Emilia Sanz, de Aldeamayor de San Martín, con 70 años (C5).

 

[20]  Cf. por ejemplo, G1: "La baraja de los naipes/niña, te voy a explicar,/para que de Dios te acuerdes/cuando vayas a jugar".

 

[21] En F, por ejemplo, el soldado participa en la guerra de Corea.