« Los almanaques populares en la España contemporánea »


en : R. Gutiérrez Sebastián, B. Rodríguez Gutiérrez (eds.), Frutos de tu siembra. Silva de varias lecciones. Homenaje a Salvador García Castañeda, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, Centro de Estudios Montañeses, ICEL19, 2015, pp. 367-384.

 



 

Al margen del florecimiento y diversificación de los almanaques de prensa o especializados (cf. Botrel: 2003), subsisten en España, hasta hoy, unas formas antiguas de almanaques o calendarios que, por lo general, se perciben como unos conservatorios de prácticas arcaicas “populares”, pero que por su vigencia y resistencia dan cuenta de unas prácticas y usos que subsistieron al margen de la modernización de la sociedad española, al par que toman en cuenta  algunas evoluciones.

            Por eso, su observación en la larga duración y su comparación con otros productos disponibles en el mercado (inclusive para los agricultores) puede servir para revelar unas expectativas posiblemente menos populares que rurales o urbano-rurales en una España en la que el peso de la población no urbana fue durante mucho tiempo más importante que en otros países europeos[1].

            A la espera de un estudio más sistemático de un corpus muy cuantioso, solo se analizarán 27 ejemplares de 10 títulos de almanaques de los que seis seguían  publicándose en 2005[2], para sugerir algunas pistas[3].

 

Tipología.

Como a los almanaques en general (cf. Botrel: 2006), a los almanaques y calendarios populares se le puede aplicar una pauta de descripción que tome en cuenta sus principales características bibliológicas, para poder cotejarlas, por una parte con los modelos más antiguos de calendarios (como el Calendario para Castilla la Nueva o el Calendario para las provincias de Extremadura) de los que son en cierta medida la prolongación y, por otra, con los modelos dominantes a partir de 1855-1865, momento de la revolución del almanaque, con la aparición de los almanaques « literarios » e ilustrados, de los publicados por los principales periódicos, de los dirigidos a distintas categorías profesionales, como los maestros (Carreño, 1997) o de los enciclopédicos o administrativos (cf . Botrel: 2003).

Suele tratarse de unos folletos de pequeño formato[4], con entre 16 y 48 páginas habitualmente no numeradas, sin cubierta específica[5]. El papel suele ser de calidad mediocre o inferior y la somera encuadernación, otrora obtenida cosiendo los cuadernos con hilo, desde principios del XX se hace a base de grapas metálicas. Excepto en la página de cubierta[6], no suelen incluirse ilustraciones[7], siendo estas la característica fundamental de los almanaques « ilustrados », a partir de los años 1850. Su precio es poco elevado : 5 céntimos en 1890 ; 125 pesetas en 1999, esto es, el precio de un periódico como La Vanguardia. La ilustración de cubierta—una como cabecera— apenas varía al filo de los años y sirve de emblema al título para su identificación por el comprador : un retrato del « autor » (un busto como en el Almanaque Bristol, El Firmamento, El Copérnico) o una composición que lo pone en escena (El Ermitaño, El Profeta), un personaje (O Gaitero), o, más excepcionalmente, una alegoría del tiempo y de las labores el campo (Calendari dels Pagesos) o de Cataluña (Calendario del Principado). Desde el punto de vista bibliológico, este tipo de calendario o almanaque se acerca más al impreso de cordel que al libro, incluso de bolsillo.

Sin embargo, se observa cierta tendencia a la diversificación de la oferta, al proponer unas ediciones aumentadas de la versión matricial, como el Calendario Zaragozano de Francisco Hernández con sus 5 « ediciones numerosas » que varían de 16 páginas (edición económica) a 80 páginas (con una guía de Madrid) : 32 páginas tienen la « gran edición » y la de bolsillo y 48 la edición ilustrada de cuentos, sin precisión de los respectivos precios.

En cuanto a las tiradas, en 1875 los nuevos propietarios del almanaque del célebre astrónomo Sr. Yagüe se preciaban de publicar 500.000 ejemplares, en una época en la que España tenía 16,5 millones de habitantes de los que solo 4 millones sabían leer y escribir (el ratio sería, pues, de un almanaque por cada 4 alfabetizados…), pero más modesto resulta Francesc Puig (1938, 11) en sus estimaciones de 1938 para el Zaragozano de Joaquim Yagüe ("s'en tiravan pel cap baix 60.000 exemplars" —no precisa si solo para Cataluña) y se sabe que de O Gaitero de Lugo se hacían tiradas de 30.000 ejemplares en 1914 (la tirada cumulada de la prensa diaria española no rebasaba entonces los 1.500.000 ejemplares) y que El Firmamento 2000 anunció una tirada de 300.000 ejemplares.

Ya a principios del siglo XX, estos almanaques y calendarios se editan e imprimen en Madrid o Barcelona, incluso cuando el título remite a otra región, pero también pueden tener pie de imprenta de Tudela en Aragón, Alcoy (ciudad papelera, como se sabe), Asturias (Pérez de Castro, 1999) o Lugo… Para uno de ellos, el Calendario Zaragozano editado por Francisco Hernández e impreso en la Antigua Imprenta Universal de Madrid, consta un vínculo con la producción de impresos de cordel.

En cuanto a la difusión, solía coincidir con las ferias y mercados pero también se hacía desde unas estructuras precarias y hasta permanentes para unas zonas de venta que suelen coincidir con el área contemplada por el almanaque (el Principado de Cataluña, Lugo y su provincia, Aragón y España, exceptuado el País Vasco). También se pueda observar una efectiva capacidad para llegar a cualquier pueblo : las repetidas incitaciones a cooperar  hechas a los párrocos y alcaldes[8] o la larga lista de los mercados y ferias regionales son buenos indicadores de la difusión al menos potencial de estos almanaques y calendarios[9].

 

La autoridad. En tales publicaciones, la autoridad es ante todo la de los títulos que suelen ser breves (Calendari dels PagesosEl Zaragozano en 1920, Calendario Zaragozano o El Firmamento, Almanaque pintoresco de Bristol para el año de[10], Calendario del Profeta, El Cielo en 1859)  o abreviados cuando salen largos : de esta manera el Calendario religioso, astronómico y literario arreglado al Meridiano de Zaragoza según el horario de España, con el santoral del Martirologio Romano Español para el año de... por Fray Ramón Ermitaño de los Pirineos rápidamente vino a ser el Calendario del Ermitaño o El Ermitaño.  (Figura 1)

La antigüedad, esto es el tiempo que lleva publicándose el título, parece ser la mejor referencia : poder precisar que el calendario del año es el 135° de la colección, LXXII de los pronósticos y CXIV de publicación , o que "El Copérnico español lleva ya hechos  ¡¡ cuarenta y cinco calendarios !! ", es dar a entender que el producto es de probada confianza.

En cuanto a los autores efectivos u ocultos pueden contribuir a reforzar la autoridad de la publicación :  este es el caso del autoproclamado «Copérnico español », Francisco Hernández, y presentarse como el solo y único Zaragozano es apropiarse el prestigio asociado con el nombre del histórico Zaragozano[11]. Pudieron existir algunas como dinastías de almanaqueros (la de Joaquín Yagüe, por ejemplo), pero parece ser que después de la muerte del fundador el epónimo sirvió más bien de pantalla para cualquier fabricante de almanaques por cuenta del dueño de la cabecera: el modo de producción del almanaque se parece bastante al de los periódicos.

Bastante a menudo se le atribuye a los autores una cara (se les suele representar en busto), como para dar mayor verosimilitud a la autoridad que se expresa a través de una indumentaria que muy claramente remite al modelo urbano del “sabio”: un terno negro, una camisa, una corbata o una pajarita, un corte de pelo muy cuidado, etc.

En cuanto a la competencia, da lugar a unas múltiples y repetidas advertencias ( « Fijarse en el nombre del autor. No equivocarse con otros Zaragozanos », precisa el Calendario Zaragozano del Copérnico Español en 1899[12]), a unas afirmaciones como “Es el calendario de mayor circulación”, o a unas demostraciones de fiabilidad.

En El cielo en 1859[13], por ejemplo, J. Yagüe se esfuerza por demostrar "la exactitud que ha existido en mi Calendario y el que todos hemos observado" en su "Reseña de ...1856". Aquel mismo año, en la "edición chica", había publicado un artículo en el que destacaba el valor “general” de sus pronósticos al cumplirse, "es decir que no quedaban circunscritos a nuestro clima sino que se alargaban a otros muy remotos". Lo demuestra con la ayuda del diario La Esperanza de 19 de abril de 1856 donde se puede leer que el puerto de Odessa es navegable desde el 6, lo cual demuestra que el tiempo caluroso que Yagüe había fijado al Menguante del 29 de marzo había llegado igualmente a Crimea (!). Una preocupación compartida por otros almanaqueros y consta que se trataba de un excelente argumento publicitario: en la edición para 1900 del Zaragozano de F. Hernández queda subrayado que, en 1899, « El Copérnico español pronosticó abundancia de cereales y anunció a los labradores buena cosecha y ha cumplido sus pronósticos".

De la misma manera, la exhaustividad de la información puede ser un argumento comercial[14].


El texto.

Aquí conviene distinguir entre los “fundamentales” que se encuentran en todos los almanaques y lo que puede ser variable.

Fundamental es la parte dedicada a la división del tiempo astronómico, religioso y, parcialmente, civil que organizan y hasta rigen la vida día a día: las horas de orto y ocaso del sol y de la luna, el calendario religioso con sus prescripciones sobre las fiestas de precepto[15], las Cuatro Témporas, las Velaciones, con un sistema sofisticado de abreviaturas sin explicar[16], y sobre todo el Santoral[17]. Excepto la precisión de los días en que la Corte « se viste de gala » o « de media gala », al principio no se observa una muy relevante presencia de elementos del calendario civil (como las efemérides o las fiestas nacionales), pero bajo el Franquismo se da una fuerte irrupción de las fechas aniversario de la sediciente  “Cruzada”, hasta 1975.

Otro componente, casi tan fundamental, es el que tiene que ver con la prognosis relacionada con la agricultura o con la retrospección. Este es el criterio para distinguir los buenos almanaques de los menos fiables y, en periodos de intensa competencia (cuando varios Zaragozanos venían disputándose el mercado, por ejemplo), los autores de pronósticos nunca dejaron, como hemos visto,  de aducir pruebas de su sagacidad y fiabilidad. Los pronósticos son fundamentalmente meteorológicos (a veces astrológicos) pero tradicionalmente se completan con un “Juicio del año” que es un como contrapunto conjetural y “ritual” del calendario normativo y está escrito en verso con una invariable conclusión: “DIOS SOBRE TODO[18]”. Convendría hacer un examen sistemático de este componente redactado desde una concepción fatalista del año y de la vida por venir, acompañada bastante a menudo por una especie de auto-irrisión traducida bajo forma de perogrulladas como  « pan que llevar a la boca/no ha de faltar... cuando lo haya" o "no morirán de sed/los que puedan beber agua", lo que la lengua española califica como "verdades de almanaque". Ya en 1859, J. Yagüe, autor del almanaque El Firmamento, reconocía que "por la costumbre que hay de publicarlo” tenía que ofrecer un juicio del año, pero proponía dar " en lugar de los versos [...] este artículo al curioso en la confianza de que le sea más útil". Se ha de observar que al filo de los años el juicio del año propende a transformarse en un balance del año transcurrido o en una especie de crónica de unos acontecimientos nacionales o internacionales (de octubre a octubre, por lo común), pero sigue como algo característico del almanaque popular.

El último componente obligatorio son las informaciones sobre los días y fechas de las ferias y mercados, así como los consejos para el cultivo[19]. Pero, en una época en la que las unidades de medida métrica distaban mucho de ser de uso generalizado en el campo, en vano se buscará, por ejemplo, unas tablas de equivalencia de las medidas tradicionales con el sistema métrico, que no obstante se ofrecían bajo forma de libritos pertenecientes al circuito de cordel.

También podía aparecer algún proverbio o pensamiento, pero la parte literaria o científica  característica de los demás almanaques no existió al principio y solo de forma muy reducida después.

Lo cierto es que este almanaque no llegó a “engordar por dentro”, lo mismo que los almanaques contemplados por G. Bollème (1975: 331).

En cuanto a la puesta en página del almanaque es casi invariable, tanto para la presentación del calendario como para el lugar de cada sección. Se nota una clara preocupación por aprovechar al máximo el espacio disponible en la plana, a base de inserciones[20], yuxtaposiciones o abreviaturas, y con la utilización de los márgenes: se trata de una muy llamativa ruptura con el sistema tipográfico de la lectura seguida que sugiere una descodificación como dispersa y plural[21].

Estas características se presentan casi ne varietur en la larga duración, lo cual puede ser una indicación sobre las expectativas de un público que va en busca de lo ya conocido más que de lo novedoso.

 

Conservatismo y evolución. No obstante, se pueden observar algunas evoluciones al filo del siglo XX, sutiles a veces.

Si los pronósticos meteorológicos, siempre pensados para la agricultura, no se parecen mucho a unas previsiones científicas, podrá uno preguntarse si, a partir de la constitución de series basadas en una sistemática observación, a partir de 1865,  la media de dichos pronósticos no resulta como confortada por la información ya disponible. Las formulaciones por muy precisas que sean no parecen tener un verdadero valor funcional, siendo, tal vez,  la pronosticación tan retórica como útil: el que una anunciada tormenta no se verifique o no tenga las consecuencias anunciadas y temidas resulta tan satisfactorio y aún más que la veracidad del pronóstico, y el anuncio de lluvias en los meses lluviosos no modificarían mucho los hábitos de cultivo… En este campo, se puede observar un gran conservadurismo en tiempos en que la exactitud de los pronósticos ha dejado de ser un argumento comercial.

Pero si, en 1900, el Copérnico Español en su sección científica aún pone en tela de juicio la rotación de la tierra y el principio de la atracción terrestre…, se podrá observar que en 1920 el Calendario Zaragozano, al propio tiempo que sigue refiriéndose a la noción antigua de Principado de Cataluña, que sigue dando las fechas de las Velaciones, y acatando el ritual del Juicio del año (que solo se refiere al tiempo que hará), ya ha empezado a hacer el elogio de los progresos mecánicos en el riego y de las aplicaciones de la electricidad a la agricultura, con segundas intenciones comerciales, por supuesto. El conservadurismo y el arcaísmo no son absolutos y se podrá comprobar que un mismo título, bajo aparentes y prudentes reproducciones de lo mismo, fue adaptándose a las nuevas circunstancias y a los nuevos cultivos e incluso llegar a ser instrumentalizados para fines ideológicos e identitarios.

De hecho, algunos almanaques nos enseñan cómo un mero calendario puede convertirse en un soporte para la expresión y la reivindicación de una identidad regional, pero también adaptarse a las nuevas circunstancias políticas del Franquismo, y luego de la Democracia.

Este el caso de O Gaitero de Lugo[22]. Puede observarse un proceso de galleguización de la publicación culminado en 1936, tanto por la creciente presencia de la lengua gallega (hasta volverse monolingüe) como por la introducción de contenidos relacionados con la cultura gallega (unos santos gallegos tomados del Santoral gallego del P. Pardo Villar; refráns, contos, adiviñas, etc.) o el recurrir a colaboradores autóctonos[23], e incluso en los últimos años una invitación lanzada a los lectores para que colaboren. Como lo muestra C. Rodríguez Fer (1994), aquel almanaque-calendario de traza popular, con su gaitero xilograbado, vendido en los kioscos y las ferias de Galicia, se fue transformando en el vector de cierta cultura popular vista desde los medios cultos y no tuvo aparentemente más remedio para seguir publicándose después de 1937 que someterse a la reverencia y exaltación del nuevo Régimen[24], o trazar en 1937 "unha imaxe caótica do período gobernado pola Frente Popular" . En 1938, escribe Rodríguez Fer (1994: 100-101), O gaitero "leva blusa falangista/e boina de requeté,/o seu fusil, a sua gaita/e pra achantar ao marxista". Pero en 1999, síntoma de que llegaron otros tiempos, al lado de las tradicionales informaciones calendarias, de los acostumbrados versos y refranes y de una tabla de las mareas, se puede encontrar una "Información sobre subvencións" (europeas) destinada a los agricultores[25].

La reivindicación identitaria a través de la lengua también se percibe —implícitamente— en el Calendari dels Pagesos[26] (Figura 2), enteramente redactado en catalán, pero cuyo “Judici de l’any” en 1995 — retrospectivo—se hace eco para los pagesos quienes sin duda ya pueden ver cada noche el telediario, de la actualidad internacional, con sus inquietudes (Bosnia, Ruanda), sus esperanzas (palestinos e israelíes, África de Sur ("I, acabada ja a Sud Africa/la segregació racial/son guadornats els dos liders/(blanc De Klerc, negre Mandela)/amb el Nobel de la Pau »), sus progresos (con una referencia explícita al gran telescopio Hubble y al túnel de la Mancha), sus catástrofes (como el incendio del Teatre del Liceu de Barcelona), sus fallecimientos (Severo Ochoa, Fellini), para concluir con una convencional interrogación prospectiva:  "Què ens portarà l'any present? » y la respuesta : « Encara que ens hi esforcem/no evitarem les glaçades/ni els aiguats ni les secades./ Prô hem de fer tots els possibles/ i gairebé els impossibles/ cara a l'esdevenidor,/ per construir un món millor". Dicha tensión entre conservadurismo o arcaísmo y aggiornamento se percibe en los consejos ofrecidos para cada mes del año en la « Guia pràctica  de l’agricultor » a propósito de la cantidad de superfosfato de cal por metro cuadrado que hay que aplicar en un gallinero o de la alternancia de las parcelas (conreus) que permite recibir unas subvenciones de mayor cuantía por la PAC, pero con unas viñetas ilustrativas de los meses de Ricard Opisso (1880-1966) de estilo muy anticuado…

En su edición para 1972, El Firmamento da cuenta de esa misma capacidad de adaptación y sumisión[27]: si aún se precisan las fechas de las velaciones y témporas según el tiempo de la Iglesia católica así como las virtudes protectoras o curativas de algunos santos[28], también se pueden encontrar muchos anuncios, como el del Banco español de Crédito[29], la impronta del franquismo en el calendario[30], y algunas referencias a la historia nacional más antigua[31]. No falta, por supuesto, el tradicional « Juicio universal meteorológico-astronómico para el año de 1972 », al mismo tiempo que « Ferias y mercados de España[32] ».

En cambio, el Calendario religioso, astronómico y literario (...) por Fray Ramón Ermitaño de los Pirineos —o  Calendario del Ermitaño— que se viene publicando desde 1917-1918 y como el Calendari dels Pagesos se distribuye por una filial de Hachette, la S.G.E.L., hace pensar en un género más influenciado por unos modelos cultos con su retrospectiva « Crónica anual o Acontecimientos interesantes » que obviamente no puede coincidir con el año civil[33]. En su parte literaria (7 páginas de las 48 de que consta el Calendario en 1988), se encuentran, además de algunos pensamientos y refranes populares, unas poesías (7 en 1995 —una (L’anunci luminós) es de Josep Carner y otra (Las campanas) de Rosalía de Castro[34]). En 1995, se publican además unas « Curiosidades (principales centenarios que se han cumplido y celebrado desde primero de setiembre de 1993 hasta el 31 de agosto de 1994[35]. Si las principales fiestas, ferias y mercados son exclusivamente catalanes, todo lo demás es “mundial” y dicha tensión entre localismo y universalidad, entre conservadurismo y aggiornamento que lo caracteriza, tal vez no sea más que una nueva traducción de tendencias de atrás comprobables en los almanaques populares, bajo forma de ambigüedad y eclecticismo[36] (Figura 3).

 

Conclusión. 

Con respecto a los demás almanaques, el almanaque rural popular no se ha apartado mucho de los “fundamentales”, al contentarse con adaptarse a las evoluciones del calendario civil más que religioso y enriqueciéndose con bastante parsimonia con algunos elementos literarios (refranes, pensamientos, y a veces poemas). Plantéase, por supuesto, la cuestión de la utilidad de tal producto en la era de la comunicación audiovisual y virtual de masas…

En 2012, aún se puede comprar El Firmamento, con después de su cubierta color teja, con la "sombría expresión de Gioconda enfadada"  (Escanero: 1998 ), "el cejijunto rostro" y "la repeinada cabeza" (Bayón 1996) de su fundador[37], su calendario, sus refranes y sus citas de escritores célebres y las fechas de las distintas ferias y mercados. Pero, ¿se trata verdaderamente de " la navaja multiusos del conocimiento rural", como asegura Félix Bayón (1996)? Interesaría compararlo con los almanaques agrícolas orientados hacia la formación y el progreso técnico[38] (cf. Botrel: 2003) y entender el sentido de la preferencia manifestada por algunos por los “tacos” del Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús (Prada: 2004).

El 5 de octubre de 1999, pude conversar (por teléfono) con Rafael Escribano, el almanaquero de El Firmamento para el año 2000, distribuido por Egartorre (Mirlo, 23 (Campamento), 28024 Madrid) y editado por cuenta de la familia propietaria de la marca (¿los descendientes de Mariano Castillo?). Aunque desde hacía tres años ya existieran un almanaque de tamaño grande y un calendario mural, la versión tradicional era la que le interesaba: según él, se trataba sobre todo de poder mantener un precio de venta poco elevado (125 pesetas, con unos aumentos de 5 pesetas como mucho), sin cambiar el número de páginas (incluso con la aportación de la publicidad demasiado aleatoria y no susceptible de compensar los sobrecostos), de reproducir el santoral, de comprobar con los lectores la exactitud de los días y fechas de los mercados y ferias, a variar los refranes y a escribir los mismos consejos para el cultivo bajo unas nuevas formas. En aquel entonces, recibía el almanaquero, unas 50-60 cartas a las cuales contestaba y que las más versaban sobre la ausencia del santo patrono de tal o cual pueblo —de Úbeda, por ejemplo—cuando el del pueblo o de la ciudad de al lado sí estaba, o sobre los cambios ocurridos en las fechas de mercados y ferias.

Con una tirada de 300.000 ejemplares, distribuido en toda España y vendido en los kioscos, las tiendas de periódicos, las papelerías o al aire libre (en el Rastro de Madrid, por ejemplo[39]), aquel calendario/almanaque es sin duda, en la España de la televisión (con sus hombre del tiempo y sus efemérides) y de la comunicación electrónica, la latente y viva manifestación de esa coexistencia de distintas temporalidades y de unas prácticas sin duda arcaicas más que testimoniales —convendría poder hacer una encuesta a los usuarios— sobre las que los historiadores de la cultura seguirán interrogándose (Figura 4).

                                                         

 


Bibliografía:

 

Bayón, Félix. (dic. 1996).  El País Andalucía.

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Figura 1

 


 

Figura 2

 


 

Figura 3

 



Figura 4

 


 

 



[1] En 1860, el 65% de la población activa (sin tener en cuenta las mujeres) pertenecía al sector primario o vivía en ciudades de menos de 10.000 habitantes ; en 1900 el porcentaje era de un 68% y de un 51% en 1940, con, por supuesto, unas acentuadas disparidades regionales.

[2] Trátase de El Firmamento, El Cielo —dos "Zaragozanos", entre otros muchos—, O Gaitero galego, Calendari dels pagesos, Calendario del Ermitaño, O mintindeiro verdadeiro, El profético alcoyano, Calendario del Profeta, Calendario del Principado de Cataluña, Almanaque pintoresco de Bristol.

[3] Con todos los problemas que le plantea al investigador de hoy la reconstitución de unos usos parcialmente desaparecidos o de unas expectativas que no pertenecen a su habitual esfera de referencia.

[4] El mayor (Calendari dels Pagesos) mide 24 x17cm y El Ermitaño, 19x13, pero el formato más corriente es el del « Zaragozano » El Firmamento : 15,5x10,5 cm.

[5] Dieciséis páginas, o sea : un cuaderno doblado y no cosido, como para El Profeta, 24 páginas para el Calendari dels Pagesos, 36 e incluso 48 páginas, incluyendo casi siempre las páginas de cubierta. Paginación, no la llevan casi nunca y menos índices.

[6] Se conoce que, también  los calendarios murales se concibieron con acompañamiento de ilustraciones ya que en 1906, el Foto-Club Asturiano de Gijón invitaba a su socios a participar, con sus fotos, a un concurso de calendarios murales (Uría, 1996, 206).

[7] Unas excepciones contemporáneas son la del Calendari dels Pagesos donde los meses se ilustran con dibujos de Opisso, de manera deliberadamente idílico-anacrónica, y del Calendario del ermitaño cuya sección de Ferias y mercados lleva ilustraciones.

[8] En el Calendario Zaragozano para 1920, por ejemplo, se incita a los alcaldes y párrocos a que suministren informaciones sobre las fechas de los mercados, ferias y fiestas o las rectifiquen antes del mes de julio, porque debido a sus « enormes tiradas » el calendario empieza a imprimirse en agosto.

[9] También, la inclusión o no de una Tabla de las mareas.

[10] ”Pintoresco”  está compuesto con tipos de cuerpo inferior, lo cual sugiere que se puede leer Almanaque de Bristol, sin más.

[11] Victoriano Zaragozano y Zapatero, astrónomo y médico español (1545-1602).

[12] Anteriormente (en 1867, por ejemplo), el « famoso astrónomo D. Mariano Castillo » había publicado El Verdadero Zaragozano, « sin igual en el acierto».

[13]  Treinta y nueve páginas (15, 5 x 11 cm).

[14] Por ejemplo, en El Cielo en 1859, tratándose de la lista de ferias y mercados de Aragón, Joaquín Yagüe  se precia (p. 37) de dar, para el año 1859, diez informaciones más que « almanaque alguno había insertado ».

[15] O también este mandamiento: «Sacar ánimas » que en 1972 se ha convertido en un simple "Ánima" ( lo cual indica que, aquel día, se saca un alma del Purgatorio mediante el rezo de la Bula de la Santa Cruzada)

[16] En 1920, todavía, para poder consultar con utilidad el Zaragozano es menester conocer el sentido de las abreviaturas « I.B. », « p. mar », « ob. », « arz. J.B. », « cfr. », « vg. ».

[17] El santoral se va haciendo menos exhaustivo y preciso: por ejemplo, en el  Calendario... por Fr. Ramón, no se precisa que San Ignacio de Loyola es abogado contra las calenturas, o que San Teodomiro es patrón de Carmona.

[18] Entre 1799 y 1838, en el Calendario para Mallorca, Menorca e Iviza, el Juicio del año ocupa una página entera, a dos columnas, y consta de unos 76 versos. Sobre los orígenes de este género, véase Casali (2003, pp. 42 et sq.) y sobre su actualidad en Brasil (Carvalho, s. d. ).

[19] Puede uno preguntarse si estos almanaques no son más rurales que populares : la comparación habría que hacerla con los almanaques agrícolas y agronómicos que son claros vectores de progreso.

[20] Por ejemplo, las previsiones meteorológicas en negrita después de la posición de la luna en los signos del Zodíaco, redundantes con las del « Juicio del año » en el Calendario Zaragozano para 1999.

[21] Honorio Velasco (2001) asocia con los almanaques y calendarios la idea de una cultura « fragmentada ». Podría comprobarse con el calendario de hojas separables o tacos, como el del Mensajero del Sagrado Corazón, con el uso fragmentado y sucesivo día tras día que supone (cf. Prada, 2004).

[22] O Gaitero de Lugo es la continuación del  Calendario para el Reino de Galicia y Principado de Asturias publicado en La Coruña en 1810 y en Santiago en 1811,  luego retomado en 1837 por el impresor Manuel Soto Freire bajo el título Calendario Gallego (30.000 ejemplares en 1914), el cual en 1927 pasa a denominarse O Gaitero Galego por referencia al gaitero que desde 1862 adornaba la cubierta del calendario. Tenía una tirada de más de 60.000 ejemplares en los años 1960, hasta 1973. Últimamente lo “resucitó” la Diputación Provincial de Lugo (cf. Rielo Carballo: 1998).

[23] Como, por ejemplo, Xosé Filgueira Valverde, profesor en el Instituto de Lugo y redactor del almanaque (Rodríguez Fer, 1994).

[24] Como la introducción de patriótico en el subtítulo o la mención « Pro o ano Triunfal de 1938 ».

[25] Siete páginas, insertas entre las páginas 30 y 31.

[26] El año 1995 es el 134° de su publicación, y sigue en la cubierta la “roda perpètua” con el telón de fondo de un paisaje arcaizante y exótico (con una hoja de plátano, por ejemplo).

[27] Cf. Burgos (1972). Los contenidos habituales de El Firmamento son los siguientes : Juicio universal meteorológico, Santoral completo, Calendario con los pronósticos del tiempo,  Ferias y mercados de España. En 1999, constaba de 48 páginas e incluía refranes, citas de Voltaire, Hagel (sic), Napoleón, Balmes, etc. y había actualizado el calendario (los aniversarios franquistas desaparecieron en beneficio de las nuevas fiestas de la España democrática, como el 6 de diciembre : Día de la Constitución Española…). Las ferias y mercados  se anuncian ahora por provincia con denominaciones al día (Araba/Álava, Girona/Gerona, Lleida/Lérida, por ejemplo).

[28] Por ejemplo, el 27 de febrero : san Lázaro, ab. de las quemaduras, le 27 de julio : San Pantaleón, abogado contra la langosta, le 31-VII : San Ignacio de Loyola abogado contra calenturas. También se mencionan algunos santos patronos de algunas ciudades como San Teodomiro pat. de Carmona, el 30 de julio.

[29] Nueve páginas y media de 44 páginas (cubierta incluida). La publicidad existe desde 1920 en el Calendario Zaragozano donde ocupa el equivalente de 4 páginas de 36 (la mitad concierne a la agricultura y la viticultura;  viene después la salud (28%), la  religión (10%), los fuegos artificiales e incluso los pianos, pero no se puede decir que el calendario/almanaque esté al servicio del editor ni subordinado a un financiamiento exterior.

[30] Se precisan, por ejemplo, las fechas aniversario de las tomas de Málaga, Madrid, Valencia, Albacete, Castellón, Bilbao, Alto de los Leones, etc.. El 1° de abril queda presentado como día de la « Fiesta Nacional. Aniversario del fin de la guerra », y el 20 de julio como Día de José Antonio.

[31] Por ejemplo, el 2 de mayo : Aniv. primeros mártires de independencia española Fiest. Nac.

[32] Las informaciones se refieren a las siguientes regiones: Andalucía, Aragón, Asturias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Extremadura, Valencia, Galicia, León, Murcia y Albacete, Navarra, pero no el País Vasco.

[33] Una obligación peculiar y evidente para el editor es que tiene que preparar el almanaque con antelación y cerrar la edición en agosto para poder comercializarla con tiempo. De ahí que la “actualidad”, cuando esta dimensión se tiene en cuenta, no pase del primer semestre del año anterior al almanaque de la fecha.

[34] En el Almanaque Bristol, se puede encontrar, por ejemplo, un poema de Pablo Neruda y sobre una de la hojitas separables del Calendario del Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús… un texto de Juan Manuel de Prada (2004).

[35] Por ejemplo, el centenario del nacimiento de Mao, o el cuarto centenario de la iglesia del Santo Espíritu de Tarrasa, el 2° centenario de la decapitación de María Antonieta, 5° centenario de la existencia oficial del wisky, etc.

[36] Es de notar el conservadurismo inicial de este calendario con menciones de las Épocas célebres (el año 1995 es, por ejemplo el 2741° de la Era Nabonasar (...) y el 20° del Reinado de Juan Carlos I) y también la presencia de unas “Notas litúrgicas” donde se recomienda que « a últimos del mes de noviembre, se dedique un día laborable a orar para la siembra de los campos". En 1995 (año 120° de su publicación), el Calendario del Ermitaño  publica una advertencia respecto a las fiestas suprimidas o cuya fecha ha cambiado: "En estos últimos años han sido suprimidas o trasladadas varias festividades religiosas tradicionales, debido al nuevo ordenamiento del calendario en España y especialmente en Cataluña » ; de ahí cierta preocupación por evitar a los fieles de posibles conflictos entre el calendario civil y el calendario religioso: " Hemos de procurar que las Fiestas tradicionales religiosas no decaigan pues, la solemnidad, sea día de trabajo o no, continúa igual", concluye el Calendario.

[37] Entre 1899 y 1999, cambió la matriz del grabado, pero sigue representádose al fundador con la misma corbata anudada en el cuello de la camisa.

[38] Como el Almanaque ilustrado del labrador y del ganadero que se publicaba en 1860 (Carreño 2001, p. 200) o el  Calendari del pagès (…) publicat por lo Institut agrícola català de Sant Isidro, entre 1861 y 1894, por lo menos. Para una perspectiva comparatista, cf. Lerch (1982).

 

[39] La edición del F (fundado en 1840 por Don Mariano Castillo y Osciero) para 1999 estaba ahí a la venta en.… junio de 1999, por 125 pesetas, en un puesto ; el vendedor me dijo que había comprado una partida de 500 ejemplares “por motivos de precio”. En un cartelito impreso se podía leer lo siguiente : « Algunas opiniones y comentarios de nuestro Calendario Zaragozano/ Pronósticos del tiempo/ Ferias y mercados de España/ Santoral completo/ Juicio universal meteorológico-astronómico/ El de toda la vida/ Más de 150 años informando ».