« Lugares de memoria : el Boletín y la Biblioteca de Menéndez Pelayo »



Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, LXXXV, Enero-Diciembre 2009, pp. 667-671.

 

LUGARES DE MEMORIA: el Boletín y la Biblioteca Menéndez Pelayo[1].

 

Para Santander y Cantabria, Menéndez Pelayo, su Biblioteca y su Boletín (el BBMP, como se le suele denominar), son obviamente consustanciales de una identidad cultural, pero también han llegado a ser algo más: unos « lugares de memoria », en el sentido que le diera el historiador Pierre Nora, o sea: no aquello de que uno se acuerda, sino un lugar donde trabaja la memoria ; no la tradición por sí misma, sino su laboratorio » ; algo —un personaje, un museo, cualquier objeto o idea— con hondo y compartido valor simbólico para una comunidad : Santander, Cantabria, pero también España y el hispanismo internacional, .

         Son lugares de la memoria » de Marcelino Menéndez Pelayo, asombroso dechado de erudito filólogo y polígrafo, inventor tras Amador de los Ríos de la  Literatura española y, a pesar de bastantes divergencias de tipo ideológico, solícito y solicitado interlocutor de los hispanólogos europeos y norteamericanos de su tiempo : recuerdo que en mis jóvenes años de estudioso de la Restauración,  pretendía, con no poco asombro de Maxime Chevalier quien me oía afirmarlo en 1968, « ajustarle las cuentas » al Menéndez Pelayo de los Heterodoxos españoles, al que en el Brindis del Retiro manifestaba sus « antipatías de raza[2] » motejando a los alemanes de « bárbaros », el que de, su por otra parte asiduo corresponsal, Morel-Fatio decía que « tiene la desgracia de ser ateo y positivista furibundo como muchos franceses », y más que al propio Menéndez Pelayo, tal vez, al menéndezpelayismo, sinónimo de patriotismo nacional-catolicista y filofranquista[3]. Al filo de los años, de la mano de Leopoldo Alas, con la lectura de sus cartas a su « querido amigo y condiscípulo —y maestro—, he llegado, con expresión de Ciríaco Morón (1994, 233), a « separar el documento de la opinión » y con el libro recién publicado por la Real Sociedad Menéndez Pelayo[4], con el perfecto bosquejo biográfico de Benito Madariaga de la Campa y las convincentes reflexiones del mismo Morón sobre la obra de aquel patriota, católico, erudito y « humanista clásico », sobre « el hombre que, al construir la historia del pensamiento español, soñó con aportar la base desde la cual fuera posible un pensamiento español original » (2006, 152),  a convencerme de la necesidad —compartible por cualquier historiador de la cultura— de « releerlo en clave y contextos europeos » para poder valorar su erudición.

         Son  Menéndez Pelayo y su biblioteca lugares de memoria de un siglo XIX español durante mucho tiempo poco más apreciado que el muy denostado (por el propio don Marcelino) siglo XVIII y ahora, por fin, « descubierto » como momento de saludable isocronía con la tan recelada y apetecida Europa del Norte, con un equiparable rango en el canon literario, con sus novelistas del Gran Realismo, por ejemplo : lo ejemplifica, física e intelectualmente, el acervo de la Biblioteca (de) Menéndez Pelayo, con sus remotos y precoces orígenes recordados por Enrique Menéndez Pelayo en 1919, y para cuya valoración la Sociedad Menéndez Pelayo ideó el BBMP, revista pionera —basta con repasar sus índices— de los estudios del XIX.

         Pero el BBMP es también memoria  —para todos— de la trágica, azarosa y por fin madura historia de la España del siglo XX, en él reflejada desde 1919.

En esta apresurada intervención, no pretendo ofrecer una historia formal del Boletín, pero me consta que los primeros años en que publicaba incluso literatura contemporánea, como unas Rimas de Miguel de Unamuno (BBMP, 1919, 270-281), o alguna poesía de Gerardo Diego, y la publicación de estudios de hispanistas como A. Morel Fatio (¡en francés !) o A. Peers sobre el Romanticismo español, acordes con los felices años 20, fueron de los más dinámicos y productivos.

Con la brutal interrupción de 1936 y la "restauración de la España inmortal que está en la obra de Menéndez Pelayo", como dijera Pedro Sáinz Rodríguez (BBMP, 1938, 236), con la exaltación,  ya en 1938,  de los « raudales de luz vertidos por el maestro de La Ciencia española » (BBMP, 1938, 202), el BBMP pretende, con palabras de Luis de Escalante (BBMP, 1945, 6),  combatir « la barbarie revolucionaria », pero también « alejar de su Biblioteca todo aspecto de yerto museo, vivificándola (…) y difundir y vulgarizar las enseñanzas de la ingente labor de aquel coloso de la erudición, de la historia de la critica », y llegará, en 1949, a apostillar un estudio del propio Zamora Vicente, sobre « El arte de Eça de Queirós » con la siguiente « Nota de la Redacción » (BBMP, 1949, 350) : « Téngase en cuenta que el autor de este artículo (es el texto de una conferencia, JFB) juzga aquí a Eça de Queirós no más que en el aspecto literario dejando aparte otro como el religioso, en el que seguramente no sería tan alabado » (p. 350).  Este Boletín, más centrado, en adelante, en la materia menéndezpelayista y santanderina, tardó algo en recuperar la asidua colaboración de los hispanistas extranjeros[5], efectiva a partir de mediados del 60 ya[6].

Para llegar en estos últimos años a un muy fructífero equilibrio, perceptible también en la estructural y nutrida participación de científicas (¡ a comparar con la única colaboración femenina de 1919, la de Carmen de la Vega Montenegro sobre El Jayón de Concha Espina !, y las escasas, al fin y al cabo, colaboraciones de la propia Concha Espina, o María Fernanda de Pereda y Torres Quevedo[7], pero también de Blanca de los Ríos.

El BBMP y la Biblioteca Menéndez Pelayo son por fin,  lugares de memoria, para los hispanistas de todos los países que, al filo de los años, con más o menos asiduidad y empeño, han ido acudiendo a la Biblioteca en busca de los incomparables documentos e informaciones allí conservados o al acervo de los más de mil quinientos artículos publicados en el Boletín. Como investigador de la cultura del siglo XIX español, me consta que no en vano he dedicado varias estancias, veraniegas (con motivo de las actividades organizadas por la Sociedad Menéndez Pelayo y la Universidad homónima) pero también no veraniegas, cuando toca a galerna, a explorar los inagotables fondos de la Biblioteca y a vaciar las correspondencias publicadas en el Boletín, para treinta años después, seguir aprovechándolas, como base documental aún no superada[8].

Pocos investigadores, supongo, habrán llegado a leer la integralidad de los 84 tomos publicados del BBMP publicados hasta la fecha, pero, a partir de un somero examen de la colección completa (disponible por ejemplo en la Casa de Velázquez donde la consulté) del Boletín y de sus sucesivos e imprescindibles Índices[9], se puede observar varios hitos en su evolución bibliológica. Entre 1919 y 1995, ha pasado, por ejemplo, de publicar 6 números al año, a 4, 2 y finalmente un tomo anual único, con un volumen de páginas anual reducido (unas 250 páginas) en los años 2001-2003, por ejemplo, y últimamente, unos tomos con 550, 600 y hasta 650 páginas.  Sin querer valorar la impronta de sus sucesivos  directores a los que, en dos ocasiones[10], el Boletín rindió homenaje, se puede observar alguna reforma en la disposición de los contenidos[11], con la idea de que el Boletín « volcado en estudios literarios » abra la puerta a artículos de crítica histórica y a historia del pensamiento español, además de trabajos sobre el propio Menéndez y Pelayo.

De los casi 1500 ítems publicados para el periodo 1919-1995, en el BBMP,  solo el 11% —puede parecer poco o mucho— se ha dedicado a la figura de Menéndez Pelayo  y a su biblioteca, a Santander y Cantabria, un 9%, pero un 50% a la literatura española (con dedicación casi por igual al Siglo de Oro y al siglo XIX, y alguna incursión en la literatura más contemporánea, contemporánea,  con estudios sobre Buero Vallejo en 1989 y Mateo Díez, en 1993, una reseña de un libro sobre Juan Marsé, o, en 1958,  de l’Histoire de la ittérature Française du XXe de Pierre-Henri Simon (1956).

En los tres últimos tomos publicados bajo la dirección de J. M. González Herrán, se ejemplifica la voluntad del BBMP, declarada en 2005,  de « centrarse en la  Historia y crítica de la literatura española sin olvidar su raíz menéndezpelayista y su vinculación cántabra » y ha aumentado notablemente el número y el volumen de estudios y reseñas (la sección de Bibliografía existe desde 1932)[12], con una diversificación del origen de los colaboradores[13] y una clara feminización del elenco de colaboradores ( 21 de 52 en 2008).

Son lejanos y humildes continuadores y renovadores de la labor científica e investigadora de Menéndez Pelayo, y el reivindicarla y cultivarla, a través de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, la Biblioteca y, año tras año, el BBMP, sirve para que  una comunidad, una sociedad, un pais y  un espacio como Europa o el hispanismo vayan entendiendo, al progresar por la vía de la libre expresión y discusión, lo que humanamente las fundan,  la literatura y la cultura, no la « España eterna », sino la eterna humanidad.

Es de la responsabilidad de la Real Sociedad Menéndez Pelayo y de todos los que apoyan sus esfuerzos, seguir haciendo que, como lo desearan sus fundadores, la Biblioteca « no se reduzca a un panteón literario sino que se convierta en foco de actividad intelectual, en un verdadero laboratorio » (BBMP, 1919, 55) y que, desde este rincón de la costa cantábrica, el veterano y boyante Boletín siga proyectando, para el futuro, la luz de estos compartidos y frecuentados lugares de memoria, en beneficio de todos los estudiosos y demás, en su inacabable tarea de ilustración de la tierruca y del ancho y cada vez más universal mundo hispánico.

 

Jean-François Botrel

(Université Rennes 2 Haute-Bretagne)

 

LUGARES DE MEMORIA: el Boletín y la Biblioteca Menéndez Pelayo[14].

 

Para Santander y Cantabria, Menéndez Pelayo, su Biblioteca y su Boletín (el BBMP, como se le suele denominar), son obviamente consustanciales de una identidad cultural, pero también han llegado a ser algo más: unos « lugares de memoria », en el sentido que le diera el historiador Pierre Nora, o sea: no aquello de que uno se acuerda, sino un lugar donde trabaja la memoria ; no la tradición por sí misma, sino su laboratorio » ; algo —un personaje, un museo, cualquier objeto o idea— con hondo y compartido valor simbólico para una comunidad : Santander, Cantabria, pero también España y el hispanismo internacional, .

         Son lugares de la memoria » de Marcelino Menéndez Pelayo, asombroso dechado de erudito filólogo y polígrafo, inventor tras Amador de los Ríos de la  Literatura española y, a pesar de bastantes divergencias de tipo ideológico, solícito y solicitado interlocutor de los hispanólogos europeos y norteamericanos de su tiempo : recuerdo que en mis jóvenes años de estudioso de la Restauración,  pretendía, con no poco asombro de Maxime Chevalier quien me oía afirmarlo en 1968, « ajustarle las cuentas » al Menéndez Pelayo de los Heterodoxos españoles, al que en el Brindis del Retiro manifestaba sus « antipatías de raza[15] » motejando a los alemanes de « bárbaros », el que de, su por otra parte asiduo corresponsal, Morel-Fatio decía que « tiene la desgracia de ser ateo y positivista furibundo como muchos franceses », y más que al propio Menéndez Pelayo, tal vez, al menéndezpelayismo, sinónimo de patriotismo nacional-catolicista y filofranquista[16]. Al filo de los años, de la mano de Leopoldo Alas, con la lectura de sus cartas a su « querido amigo y condiscípulo —y maestro—, he llegado, con expresión de Ciríaco Morón (1994, 233), a « separar el documento de la opinión » y con el libro recién publicado por la Real Sociedad Menéndez Pelayo[17], con el perfecto bosquejo biográfico de Benito Madariaga de la Campa y las convincentes reflexiones del mismo Morón sobre la obra de aquel patriota, católico, erudito y « humanista clásico », sobre « el hombre que, al construir la historia del pensamiento español, soñó con aportar la base desde la cual fuera posible un pensamiento español original » (2006, 152),  a convencerme de la necesidad —compartible por cualquier historiador de la cultura— de « releerlo en clave y contextos europeos » para poder valorar su erudición.

         Son  Menéndez Pelayo y su biblioteca lugares de memoria de un siglo XIX español durante mucho tiempo poco más apreciado que el muy denostado (por el propio don Marcelino) siglo XVIII y ahora, por fin, « descubierto » como momento de saludable isocronía con la tan recelada y apetecida Europa del Norte, con un equiparable rango en el canon literario, con sus novelistas del Gran Realismo, por ejemplo : lo ejemplifica, física e intelectualmente, el acervo de la Biblioteca (de) Menéndez Pelayo, con sus remotos y precoces orígenes recordados por Enrique Menéndez Pelayo en 1919, y para cuya valoración la Sociedad Menéndez Pelayo ideó el BBMP, revista pionera —basta con repasar sus índices— de los estudios del XIX.

         Pero el BBMP es también memoria  —para todos— de la trágica, azarosa y por fin madura historia de la España del siglo XX, en él reflejada desde 1919.

En esta apresurada intervención, no pretendo ofrecer una historia formal del Boletín, pero me consta que los primeros años en que publicaba incluso literatura contemporánea, como unas Rimas de Miguel de Unamuno (BBMP, 1919, 270-281), o alguna poesía de Gerardo Diego, y la publicación de estudios de hispanistas como A. Morel Fatio (¡en francés !) o A. Peers sobre el Romanticismo español, acordes con los felices años 20, fueron de los más dinámicos y productivos.

Con la brutal interrupción de 1936 y la "restauración de la España inmortal que está en la obra de Menéndez Pelayo", como dijera Pedro Sáinz Rodríguez (BBMP, 1938, 236), con la exaltación,  ya en 1938,  de los « raudales de luz vertidos por el maestro de La Ciencia española » (BBMP, 1938, 202), el BBMP pretende, con palabras de Luis de Escalante (BBMP, 1945, 6),  combatir « la barbarie revolucionaria », pero también « alejar de su Biblioteca todo aspecto de yerto museo, vivificándola (…) y difundir y vulgarizar las enseñanzas de la ingente labor de aquel coloso de la erudición, de la historia de la critica », y llegará, en 1949, a apostillar un estudio del propio Zamora Vicente, sobre « El arte de Eça de Queirós » con la siguiente « Nota de la Redacción » (BBMP, 1949, 350) : « Téngase en cuenta que el autor de este artículo (es el texto de una conferencia, JFB) juzga aquí a Eça de Queirós no más que en el aspecto literario dejando aparte otro como el religioso, en el que seguramente no sería tan alabado » (p. 350).  Este Boletín, más centrado, en adelante, en la materia menéndezpelayista y santanderina, tardó algo en recuperar la asidua colaboración de los hispanistas extranjeros[18], efectiva a partir de mediados del 60 ya[19].

Para llegar en estos últimos años a un muy fructífero equilibrio, perceptible también en la estructural y nutrida participación de científicas (¡ a comparar con la única colaboración femenina de 1919, la de Carmen de la Vega Montenegro sobre El Jayón de Concha Espina !, y las escasas, al fin y al cabo, colaboraciones de la propia Concha Espina, o María Fernanda de Pereda y Torres Quevedo[20], pero también de Blanca de los Ríos.

El BBMP y la Biblioteca Menéndez Pelayo son por fin,  lugares de memoria, para los hispanistas de todos los países que, al filo de los años, con más o menos asiduidad y empeño, han ido acudiendo a la Biblioteca en busca de los incomparables documentos e informaciones allí conservados o al acervo de los más de mil quinientos artículos publicados en el Boletín. Como investigador de la cultura del siglo XIX español, me consta que no en vano he dedicado varias estancias, veraniegas (con motivo de las actividades organizadas por la Sociedad Menéndez Pelayo y la Universidad homónima) pero también no veraniegas, cuando toca a galerna, a explorar los inagotables fondos de la Biblioteca y a vaciar las correspondencias publicadas en el Boletín, para treinta años después, seguir aprovechándolas, como base documental aún no superada[21].

Pocos investigadores, supongo, habrán llegado a leer la integralidad de los 84 tomos publicados del BBMP publicados hasta la fecha, pero, a partir de un somero examen de la colección completa (disponible por ejemplo en la Casa de Velázquez donde la consulté) del Boletín y de sus sucesivos e imprescindibles Índices[22], se puede observar varios hitos en su evolución bibliológica. Entre 1919 y 1995, ha pasado, por ejemplo, de publicar 6 números al año, a 4, 2 y finalmente un tomo anual único, con un volumen de páginas anual reducido (unas 250 páginas) en los años 2001-2003, por ejemplo, y últimamente, unos tomos con 550, 600 y hasta 650 páginas.  Sin querer valorar la impronta de sus sucesivos  directores a los que, en dos ocasiones[23], el Boletín rindió homenaje, se puede observar alguna reforma en la disposición de los contenidos[24], con la idea de que el Boletín « volcado en estudios literarios » abra la puerta a artículos de crítica histórica y a historia del pensamiento español, además de trabajos sobre el propio Menéndez y Pelayo.

De los casi 1500 ítems publicados para el periodo 1919-1995, en el BBMP,  solo el 11% —puede parecer poco o mucho— se ha dedicado a la figura de Menéndez Pelayo  y a su biblioteca, a Santander y Cantabria, un 9%, pero un 50% a la literatura española (con dedicación casi por igual al Siglo de Oro y al siglo XIX, y alguna incursión en la literatura más contemporánea, contemporánea,  con estudios sobre Buero Vallejo en 1989 y Mateo Díez, en 1993, una reseña de un libro sobre Juan Marsé, o, en 1958,  de l’Histoire de la ittérature Française du XXe de Pierre-Henri Simon (1956).

En los tres últimos tomos publicados bajo la dirección de J. M. González Herrán, se ejemplifica la voluntad del BBMP, declarada en 2005,  de « centrarse en la  Historia y crítica de la literatura española sin olvidar su raíz menéndezpelayista y su vinculación cántabra » y ha aumentado notablemente el número y el volumen de estudios y reseñas (la sección de Bibliografía existe desde 1932)[25], con una diversificación del origen de los colaboradores[26] y una clara feminización del elenco de colaboradores ( 21 de 52 en 2008).

Son lejanos y humildes continuadores y renovadores de la labor científica e investigadora de Menéndez Pelayo, y el reivindicarla y cultivarla, a través de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, la Biblioteca y, año tras año, el BBMP, sirve para que  una comunidad, una sociedad, un pais y  un espacio como Europa o el hispanismo vayan entendiendo, al progresar por la vía de la libre expresión y discusión, lo que humanamente las fundan,  la literatura y la cultura, no la « España eterna », sino la eterna humanidad.

Es de la responsabilidad de la Real Sociedad Menéndez Pelayo y de todos los que apoyan sus esfuerzos, seguir haciendo que, como lo desearan sus fundadores, la Biblioteca « no se reduzca a un panteón literario sino que se convierta en foco de actividad intelectual, en un verdadero laboratorio » (BBMP, 1919, 55) y que, desde este rincón de la costa cantábrica, el veterano y boyante Boletín siga proyectando, para el futuro, la luz de estos compartidos y frecuentados lugares de memoria, en beneficio de todos los estudiosos y demás, en su inacabable tarea de ilustración de la tierruca y del ancho y cada vez más universal mundo hispánico.

 

Jean-François Botrel

(Université Rennes 2 Haute-Bretagne)

 

LUGARES DE MEMORIA: el Boletín y la Biblioteca Menéndez Pelayo[27].

 

Para Santander y Cantabria, Menéndez Pelayo, su Biblioteca y su Boletín (el BBMP, como se le suele denominar), son obviamente consustanciales de una identidad cultural, pero también han llegado a ser algo más: unos « lugares de memoria », en el sentido que le diera el historiador Pierre Nora, o sea: no aquello de que uno se acuerda, sino un lugar donde trabaja la memoria ; no la tradición por sí misma, sino su laboratorio » ; algo —un personaje, un museo, cualquier objeto o idea— con hondo y compartido valor simbólico para una comunidad : Santander, Cantabria, pero también España y el hispanismo internacional, .

         Son lugares de la memoria » de Marcelino Menéndez Pelayo, asombroso dechado de erudito filólogo y polígrafo, inventor tras Amador de los Ríos de la  Literatura española y, a pesar de bastantes divergencias de tipo ideológico, solícito y solicitado interlocutor de los hispanólogos europeos y norteamericanos de su tiempo : recuerdo que en mis jóvenes años de estudioso de la Restauración,  pretendía, con no poco asombro de Maxime Chevalier quien me oía afirmarlo en 1968, « ajustarle las cuentas » al Menéndez Pelayo de los Heterodoxos españoles, al que en el Brindis del Retiro manifestaba sus « antipatías de raza[28] » motejando a los alemanes de « bárbaros », el que de, su por otra parte asiduo corresponsal, Morel-Fatio decía que « tiene la desgracia de ser ateo y positivista furibundo como muchos franceses », y más que al propio Menéndez Pelayo, tal vez, al menéndezpelayismo, sinónimo de patriotismo nacional-catolicista y filofranquista[29]. Al filo de los años, de la mano de Leopoldo Alas, con la lectura de sus cartas a su « querido amigo y condiscípulo —y maestro—, he llegado, con expresión de Ciríaco Morón (1994, 233), a « separar el documento de la opinión » y con el libro recién publicado por la Real Sociedad Menéndez Pelayo[30], con el perfecto bosquejo biográfico de Benito Madariaga de la Campa y las convincentes reflexiones del mismo Morón sobre la obra de aquel patriota, católico, erudito y « humanista clásico », sobre « el hombre que, al construir la historia del pensamiento español, soñó con aportar la base desde la cual fuera posible un pensamiento español original » (2006, 152),  a convencerme de la necesidad —compartible por cualquier historiador de la cultura— de « releerlo en clave y contextos europeos » para poder valorar su erudición.

         Son  Menéndez Pelayo y su biblioteca lugares de memoria de un siglo XIX español durante mucho tiempo poco más apreciado que el muy denostado (por el propio don Marcelino) siglo XVIII y ahora, por fin, « descubierto » como momento de saludable isocronía con la tan recelada y apetecida Europa del Norte, con un equiparable rango en el canon literario, con sus novelistas del Gran Realismo, por ejemplo : lo ejemplifica, física e intelectualmente, el acervo de la Biblioteca (de) Menéndez Pelayo, con sus remotos y precoces orígenes recordados por Enrique Menéndez Pelayo en 1919, y para cuya valoración la Sociedad Menéndez Pelayo ideó el BBMP, revista pionera —basta con repasar sus índices— de los estudios del XIX.

         Pero el BBMP es también memoria  —para todos— de la trágica, azarosa y por fin madura historia de la España del siglo XX, en él reflejada desde 1919.

En esta apresurada intervención, no pretendo ofrecer una historia formal del Boletín, pero me consta que los primeros años en que publicaba incluso literatura contemporánea, como unas Rimas de Miguel de Unamuno (BBMP, 1919, 270-281), o alguna poesía de Gerardo Diego, y la publicación de estudios de hispanistas como A. Morel Fatio (¡en francés !) o A. Peers sobre el Romanticismo español, acordes con los felices años 20, fueron de los más dinámicos y productivos.

Con la brutal interrupción de 1936 y la "restauración de la España inmortal que está en la obra de Menéndez Pelayo", como dijera Pedro Sáinz Rodríguez (BBMP, 1938, 236), con la exaltación,  ya en 1938,  de los « raudales de luz vertidos por el maestro de La Ciencia española » (BBMP, 1938, 202), el BBMP pretende, con palabras de Luis de Escalante (BBMP, 1945, 6),  combatir « la barbarie revolucionaria », pero también « alejar de su Biblioteca todo aspecto de yerto museo, vivificándola (…) y difundir y vulgarizar las enseñanzas de la ingente labor de aquel coloso de la erudición, de la historia de la critica », y llegará, en 1949, a apostillar un estudio del propio Zamora Vicente, sobre « El arte de Eça de Queirós » con la siguiente « Nota de la Redacción » (BBMP, 1949, 350) : « Téngase en cuenta que el autor de este artículo (es el texto de una conferencia, JFB) juzga aquí a Eça de Queirós no más que en el aspecto literario dejando aparte otro como el religioso, en el que seguramente no sería tan alabado » (p. 350).  Este Boletín, más centrado, en adelante, en la materia menéndezpelayista y santanderina, tardó algo en recuperar la asidua colaboración de los hispanistas extranjeros[31], efectiva a partir de mediados del 60 ya[32].

Para llegar en estos últimos años a un muy fructífero equilibrio, perceptible también en la estructural y nutrida participación de científicas (¡ a comparar con la única colaboración femenina de 1919, la de Carmen de la Vega Montenegro sobre El Jayón de Concha Espina !, y las escasas, al fin y al cabo, colaboraciones de la propia Concha Espina, o María Fernanda de Pereda y Torres Quevedo[33], pero también de Blanca de los Ríos.

El BBMP y la Biblioteca Menéndez Pelayo son por fin,  lugares de memoria, para los hispanistas de todos los países que, al filo de los años, con más o menos asiduidad y empeño, han ido acudiendo a la Biblioteca en busca de los incomparables documentos e informaciones allí conservados o al acervo de los más de mil quinientos artículos publicados en el Boletín. Como investigador de la cultura del siglo XIX español, me consta que no en vano he dedicado varias estancias, veraniegas (con motivo de las actividades organizadas por la Sociedad Menéndez Pelayo y la Universidad homónima) pero también no veraniegas, cuando toca a galerna, a explorar los inagotables fondos de la Biblioteca y a vaciar las correspondencias publicadas en el Boletín, para treinta años después, seguir aprovechándolas, como base documental aún no superada[34].

Pocos investigadores, supongo, habrán llegado a leer la integralidad de los 84 tomos publicados del BBMP publicados hasta la fecha, pero, a partir de un somero examen de la colección completa (disponible por ejemplo en la Casa de Velázquez donde la consulté) del Boletín y de sus sucesivos e imprescindibles Índices[35], se puede observar varios hitos en su evolución bibliológica. Entre 1919 y 1995, ha pasado, por ejemplo, de publicar 6 números al año, a 4, 2 y finalmente un tomo anual único, con un volumen de páginas anual reducido (unas 250 páginas) en los años 2001-2003, por ejemplo, y últimamente, unos tomos con 550, 600 y hasta 650 páginas.  Sin querer valorar la impronta de sus sucesivos  directores a los que, en dos ocasiones[36], el Boletín rindió homenaje, se puede observar alguna reforma en la disposición de los contenidos[37], con la idea de que el Boletín « volcado en estudios literarios » abra la puerta a artículos de crítica histórica y a historia del pensamiento español, además de trabajos sobre el propio Menéndez y Pelayo.

De los casi 1500 ítems publicados para el periodo 1919-1995, en el BBMP,  solo el 11% —puede parecer poco o mucho— se ha dedicado a la figura de Menéndez Pelayo  y a su biblioteca, a Santander y Cantabria, un 9%, pero un 50% a la literatura española (con dedicación casi por igual al Siglo de Oro y al siglo XIX, y alguna incursión en la literatura más contemporánea, contemporánea,  con estudios sobre Buero Vallejo en 1989 y Mateo Díez, en 1993, una reseña de un libro sobre Juan Marsé, o, en 1958,  de l’Histoire de la ittérature Française du XXe de Pierre-Henri Simon (1956).

En los tres últimos tomos publicados bajo la dirección de J. M. González Herrán, se ejemplifica la voluntad del BBMP, declarada en 2005,  de « centrarse en la  Historia y crítica de la literatura española sin olvidar su raíz menéndezpelayista y su vinculación cántabra » y ha aumentado notablemente el número y el volumen de estudios y reseñas (la sección de Bibliografía existe desde 1932)[38], con una diversificación del origen de los colaboradores[39] y una clara feminización del elenco de colaboradores ( 21 de 52 en 2008).

Son lejanos y humildes continuadores y renovadores de la labor científica e investigadora de Menéndez Pelayo, y el reivindicarla y cultivarla, a través de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, la Biblioteca y, año tras año, el BBMP, sirve para que  una comunidad, una sociedad, un pais y  un espacio como Europa o el hispanismo vayan entendiendo, al progresar por la vía de la libre expresión y discusión, lo que humanamente las fundan,  la literatura y la cultura, no la « España eterna », sino la eterna humanidad.

Es de la responsabilidad de la Real Sociedad Menéndez Pelayo y de todos los que apoyan sus esfuerzos, seguir haciendo que, como lo desearan sus fundadores, la Biblioteca « no se reduzca a un panteón literario sino que se convierta en foco de actividad intelectual, en un verdadero laboratorio » (BBMP, 1919, 55) y que, desde este rincón de la costa cantábrica, el veterano y boyante Boletín siga proyectando, para el futuro, la luz de estos compartidos y frecuentados lugares de memoria, en beneficio de todos los estudiosos y demás, en su inacabable tarea de ilustración de la tierruca y del ancho y cada vez más universal mundo hispánico.

 

Jean-François Botrel

(Université Rennes 2 Haute-Bretagne)

 

 



[1]  Este texto, ahora ampliado y remodelado, al prescindir de cuanto remitía al último tomo del BBMP, se leyó con motivo de la presentación del tomo 84 en la Real Sociedad Menéndez Pelayo, el 18 de diciembre de 2008.

[2] Ciríaco Morón Arroyo, BBMP. Extra, 1994, p. 233.

[3] Ciríaco Morón Arroyo, « La obra : sentido y actualidad », en Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, Real Sociedad, 2008, p. 152.

 

 

[4] Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 2008

[5] Solo colaboran hispanistas como Alison Peers, Stanislav Zimic (Univ. of Texas) o el atípico hispanista francés, Camille Pitollet (véase la Nota de la Redacción en el BBMP, (1952, p. 1), donde se manifiesta la no conformidad del Boletín con algunas de las afirmaciones de Pitollet sobre la conducta moral de Unamuno), al lado de hispanistas españoles como Alonso Cortés o Blanca de los Ríos.

[6] A partir de1963, aparecen nuevas firmas como las de Cros, Varey, Laurenti, Recoules Guenoun, Clarke, Rodríguez Puértolas, y, a partir de 1971, la del añorado Baron que tanta dedicación manifestó por Menéndez Pelayo.

[7] Autora, en 1932, de una reseña del programa del Partido Nacionalista de Trabajadores Alemanes trad. directa del alemán por M. Fernanda de Pereda y Torres Quevedo (« tan alejada por su contenido de las que ocupar suelen las notas bibliográficas de este Boletín », precisa la redacción).

[8] Como pueden ser, además del archivo de Menéndez Pelayo, las  5 500 cartas que unos 2 000 corresponsales enviaron a Cañete o una nota de Ciochiatti sobre el contrato editorial de la Historia de los heterodoxos (BBMP, 1963, 228-234)

[9] Los publicados para los años 1919-1959, y los Índices para 1919-1995, publicados en 1996, a cargo de Andrés del Rey Sayagüés y Rosa Hernández Lera que son los que he aprovechado.

[10] Miguel Artigas  (en 1933) y a  Revuelta Sañudo (en 1999).

[11]  Entre 1999-2004, se repartían las distintas materias de la siguiente manera: I. Crítica literaria II. Historia del pensamiento III. Crítica histórica IV. Biblioteca de MP V. De Cantabria VI .Notas y comentarios bibliográficos VII. Bibliografía VIII. Crónica.

[12]  20 estudios en 2005, 18 en 2006, 23 en 2007, 14 en 2008, y reseñas que llegan a ocupar 70 y 94 p. en 2006 y 2007.

[13] Para los 4 últimos tomos, de los más de 60 colaboradores, una tercera parte son hispanistas no españoles.

 

[14]  Este texto, ahora ampliado y remodelado, al prescindir de cuanto remitía al último tomo del BBMP, se leyó con motivo de la presentación del tomo 84 en la Real Sociedad Menéndez Pelayo, el 18 de diciembre de 2008.

[15] Ciríaco Morón Arroyo, BBMP. Extra, 1994, p. 233.

[16] Ciríaco Morón Arroyo, « La obra : sentido y actualidad », en Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, Real Sociedad, 2008, p. 152.

 

 

[17] Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 2008

[18] Solo colaboran hispanistas como Alison Peers, Stanislav Zimic (Univ. of Texas) o el atípico hispanista francés, Camille Pitollet (véase la Nota de la Redacción en el BBMP, (1952, p. 1), donde se manifiesta la no conformidad del Boletín con algunas de las afirmaciones de Pitollet sobre la conducta moral de Unamuno), al lado de hispanistas españoles como Alonso Cortés o Blanca de los Ríos.

[19] A partir de1963, aparecen nuevas firmas como las de Cros, Varey, Laurenti, Recoules Guenoun, Clarke, Rodríguez Puértolas, y, a partir de 1971, la del añorado Baron que tanta dedicación manifestó por Menéndez Pelayo.

[20] Autora, en 1932, de una reseña del programa del Partido Nacionalista de Trabajadores Alemanes trad. directa del alemán por M. Fernanda de Pereda y Torres Quevedo (« tan alejada por su contenido de las que ocupar suelen las notas bibliográficas de este Boletín », precisa la redacción).

[21] Como pueden ser, además del archivo de Menéndez Pelayo, las  5 500 cartas que unos 2 000 corresponsales enviaron a Cañete o una nota de Ciochiatti sobre el contrato editorial de la Historia de los heterodoxos (BBMP, 1963, 228-234)

[22] Los publicados para los años 1919-1959, y los Índices para 1919-1995, publicados en 1996, a cargo de Andrés del Rey Sayagüés y Rosa Hernández Lera que son los que he aprovechado.

[23] Miguel Artigas  (en 1933) y a  Revuelta Sañudo (en 1999).

[24]  Entre 1999-2004, se repartían las distintas materias de la siguiente manera: I. Crítica literaria II. Historia del pensamiento III. Crítica histórica IV. Biblioteca de MP V. De Cantabria VI .Notas y comentarios bibliográficos VII. Bibliografía VIII. Crónica.

[25]  20 estudios en 2005, 18 en 2006, 23 en 2007, 14 en 2008, y reseñas que llegan a ocupar 70 y 94 p. en 2006 y 2007.

[26] Para los 4 últimos tomos, de los más de 60 colaboradores, una tercera parte son hispanistas no españoles.

 

[27]  Este texto, ahora ampliado y remodelado, al prescindir de cuanto remitía al último tomo del BBMP, se leyó con motivo de la presentación del tomo 84 en la Real Sociedad Menéndez Pelayo, el 18 de diciembre de 2008.

[28] Ciríaco Morón Arroyo, BBMP. Extra, 1994, p. 233.

[29] Ciríaco Morón Arroyo, « La obra : sentido y actualidad », en Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, Real Sociedad, 2008, p. 152.

 

 

[30] Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 2008

[31] Solo colaboran hispanistas como Alison Peers, Stanislav Zimic (Univ. of Texas) o el atípico hispanista francés, Camille Pitollet (véase la Nota de la Redacción en el BBMP, (1952, p. 1), donde se manifiesta la no conformidad del Boletín con algunas de las afirmaciones de Pitollet sobre la conducta moral de Unamuno), al lado de hispanistas españoles como Alonso Cortés o Blanca de los Ríos.

[32] A partir de1963, aparecen nuevas firmas como las de Cros, Varey, Laurenti, Recoules Guenoun, Clarke, Rodríguez Puértolas, y, a partir de 1971, la del añorado Baron que tanta dedicación manifestó por Menéndez Pelayo.

[33] Autora, en 1932, de una reseña del programa del Partido Nacionalista de Trabajadores Alemanes trad. directa del alemán por M. Fernanda de Pereda y Torres Quevedo (« tan alejada por su contenido de las que ocupar suelen las notas bibliográficas de este Boletín », precisa la redacción).

[34] Como pueden ser, además del archivo de Menéndez Pelayo, las  5 500 cartas que unos 2 000 corresponsales enviaron a Cañete o una nota de Ciochiatti sobre el contrato editorial de la Historia de los heterodoxos (BBMP, 1963, 228-234)

[35] Los publicados para los años 1919-1959, y los Índices para 1919-1995, publicados en 1996, a cargo de Andrés del Rey Sayagüés y Rosa Hernández Lera que son los que he aprovechado.

[36] Miguel Artigas  (en 1933) y a  Revuelta Sañudo (en 1999).

[37]  Entre 1999-2004, se repartían las distintas materias de la siguiente manera: I. Crítica literaria II. Historia del pensamiento III. Crítica histórica IV. Biblioteca de MP V. De Cantabria VI .Notas y comentarios bibliográficos VII. Bibliografía VIII. Crónica.

[38]  20 estudios en 2005, 18 en 2006, 23 en 2007, 14 en 2008, y reseñas que llegan a ocupar 70 y 94 p. en 2006 y 2007.

[39] Para los 4 últimos tomos, de los más de 60 colaboradores, una tercera parte son hispanistas no españoles.