La libertad de prensa según Sagasta y según Clarín (1881-1884).
 
« A la concha de Venus amarrado
Y al recio galopar de los tritones,
Por formar comités para elecciones
Cual César, cruza el mar alborotado.
Neptuno, que estará subvencionado,
En redes de cristal tiende traiciones,
Y del agua salobre cien montones
Arroja sobre el nauta atribulado.
Mas todo el furor aquí no basta ;
Toca por fin las playas españolas
Débil barquilla en forma de canasta
Adornada con lindas banderolas,
Y brota al punto el inmortal Sagasta
Cual Venus de la espuma de las olas »
 
(El Solfeo, n° 49, 19 de octubre de 1875)[1]
 
 
En la historia de la prensa española, el acceso al poder de Sagasta el 8 de febrero de 1881 marca un hito, por las inmediatas medidas liberadoras tomadas[2], pero sobre todo por las duraderas aunque siempre cuestionadas consecuencias de la ley de policía de imprenta de 1883, después del férreo periodo canovista de la Primorrestauración. 
            Ahora bien : por muy sabido todo esto, no deja de tener interés y -tal vez- relevancia para una historia menos institucional y más pragmática y cultural, volver sobre dicho hito, cuestionándolo, en alguna medida, para poder observar cómo la praxis de la prensa –incluso desde el poder- va anunciando y preparando lo que va a edictar un nuevo gobierno desde luego más liberal que el de Cánovas y también, aprovechando la reciente publicación de un corpus periodístico como es el de todos los artículos de prensa publicados por Clarín entre 1875 y 1890, cómo pudo un periodista republicano muy comprometido en el debate político y de ideas vivir tal evolución o cambio, analizando sus posibles consecuencias en la manera y expresión periodísticas, como aportación a una historia interna de la prensa o del periodismo.
            O sea, dentro de una línea histórica caracterizada por cierto desinterés por el eje temporal largo y la macrohistoria, privilegiar la microhistoria de un momento institucional  (los años 1881-1884, con el "primer" gobierno Sagasta), interpretando algunos datos que nos siguen deparando -creo- los archivos del Ministerio de Gobernación y analizando las prácticas desde la subjetividad de un sujeto histórico (Clarín), para matizar y enriquecer tal vez  la macrohistoria de la prensa y del periodismo pero también la del liberalismo español y europeo.           
 
1. Sagasta y la prensa. En la ley de policía de imprenta de 26-III-1883, fundamentalmente dirigida a la prensa, se observa muy claramente « el interés de sus autores por incluir el ejercicio de la actividad periodística en el derecho común, para facilitar la libre expresión y circulación de las ideas, aspecto en el cual enlaza con el espíritu de las disposiciones de octubre de 1868 » (Botrel, Desvois,1991, 34), cerrando por muchos años el paréntesis abierto con la Restauración y las disposiciones restrictivas de 1874-5[3]. No cabe aquí estudiar las condiciones de su elaboración, ni el detalle de su articulado, pero sí interesa destacar que, como la ley francesa de 29-VII-1881, es una ley de codificación y liberación y marca una ruptura duradera en la filosofía de la prensa. Pero cabe matizar, ya que, por una parte, no por aplicarse la legislación ordinaria a la prensa y existir una ley liberal sobre imprenta dejó de la prensa de ser víctima de medidas represivas, y, por otra, la liberación anunciada el 14 de febrero de 1881 y oficializada en 1883 se puede observar que venía prefigurada a partir de 1878 por una evolución del marco legal y sobre todo por una creciente pasividad de las instancias represivas, con la consiguiente recuperación de la prensa no política y política.
Si nos fijamos, por ejemplo, en las circulares que acompañan y desarrollan la ley, observamos que ya en la  Circular del Ministerio de Gracia y Justicia del 30-VII-1883, se recuerda que la libertad de pensamiento no se aplica a « cuanto se refiere a las instituciones fundamentales, que deben ser por todos respetadas y acatadas » y recomienda a los gobernadores « la más activa vigilancia para que las instituciones fundamentales se conserven inalterables », y « en todo lo demás, un criterio benigno sin debilidad, recto y desapasionado de toda prevención política, de todo sentido de parcialidad, para que la acción pública encomendada al Ministerio fiscal sea tan sólo la manifestación genuina del espíritu de la ley si bien, en todo lo demás »[4].
            En la Circular de 2-X-1883, se recordará que  « la única legislación aplicable es la ordinaria. Cuanto no se halle comprendido en las disposiciones del Código penal es permitido al escrito ». Pero « todo aquello que sea una injuria o amenaza a la sagrada e inviolable persona del Rey o signifique una provocación directa a dicho delito, o a un cambio en la forma de Gobierno, o cualesquiera de los hechos que constituyen la rebelión o sedición, y a los restantes delitos que se determinan en las indicadas disposiciones debe ser inflexiblemente objeto de persecución y castigo » (Martínez Alcubilla, VII, 878).
Conste que a pesar de la medidas liberadoras tomadas en febrero de 1881, las prácticas de los gobernadores civiles pudieron seguir siendo de desconfianza , al observar la politización de los boletines eclesiásticos[5], pro ejemplo, o de represión, como en el caso de de Gil Blas, condenado el 1-VI-1882 a cuatro meses y pico de suspensión, que desaparece « después de cinco meses y 5 días de lucha » (Alas, 2004, 37). Después de la promulgación de la ley, el Ministerio de Gobernación tendrá, el 29-XII-1885, que exponer el verdadero sentido sentido del artículo 22 de la Ley provincial de 29-VIII-1882 que daba a los gobernadores « un medio seguro de limitar la libertad de prensa, imponiendo multas de 500 pesetas a los periódicos, so pretexto de que cometían faltas de respeto a la autoridad o ataques a al moral o a la decencia pública » (Martínez Alcubilla, VII) y no  desaparecieron del todo las sanciones: según Clarín, el 30-VIII-1883, al director de El Pacto aragonés, por ejemplo, le han pegado una paliza, al periódico multado y suspendido ; "sanó el periódico y lo volvieron a denunciar y secuestrar" y añade este comentario : "amigo, o somos o no somos el cuarto poder del Estado. Yo creo que después de los contribuyentes, los periodistas somos los más soberanos, porque después de los contribuyentes somos los que pagamos más vidrios rotos". Pronóstico: Día llegará en que cualquier polizonte tendrá sus motivos para llevar a la prevención al director de El Pacto aragonés, diciéndole: -Caballero eso es una tentativa de suicidio; en estos tiempos el que publica un periódico quiere que le revienten" (Alas, 2003, 184).
Tras la vuelta de Cánovas al poder, el 18-I-1884, la persecución de que la prensa se consideraba víctima será motivo de una protesta dirigida al Gobierno por 100 periódicos de Madrid y provincias (Fernández Almagro, 1968, 410) : hasta doce autos de procesamiento tendrá, por ejemplo, el diario democrático-progresista El Progreso y  las repetidas crisis harán que el Estado se vuelva atrás, con la suspensión de las garantías constitucionales en parte del territorio o en todo él el equivalente de más de doce años entre 1875 y 1923 (Botrel, Desvois, 1991, 34).
A la inversa, después del conocido periodo de « normalización » y represión de la prensa que coincide con la primorestauración,  al filo de los años se va notando una relativa liberalización, debida, en parte, a las exigencias de los propios periódicos. Así, por ejemplo, por Real Orden de 16-IX-1876, ya se había dispuesto que los gobernadores fueran los que concedieran las autorizaciones para publicar toda clase de escritos fueran o no periódicos "que traten exclusivamente de ciencias, artes, agricultura, industria y comercio" y, en 1879, a raiz de la ley de 7 de enero, que suprime la licencia previa pero  exige el pago de un subsidio  industrial de 500 pesetas para los propietarios de periódicos que no pagasen 250 pesetas de contribución territorial, se nota una ligera reactivación en la prensa política y más aún en la prensa satírica, como medio de expresión indirecta pero también cada vez más como exutorio. Es interesante observar cómo la restrictiva cláusula financiera de las 500 pesetas va, progresivamente, quedar derrogada de hecho : después de las peticiones de prórroga para su pago, hasta por el gobernador civil de Madrid[6], menudea en los expedientes conservados la mención « en suspenso », señal de que, bajo la presión de los medios, inclusive los de la situación, el poder está ya dudando de la aplicabilidad de su propia normativa…
Según Cecilio Alonso (2002, 170), el vuelco se daría a partir de 1878, cuando « las circunstancias políticas permitieron cierta normalización informativa » reconvirtiéndose El Solfeo, por ejemplo, en « Diario democrático de la mañana », paso más adelante en la « normalización de las ideologías » y el agotamiento/fin del periodismo político satírico-festivo, con la renuncia a la universalidad crítica expansiva, restringiendo su función a la didáctica periodística para uso exclusivo de sus correligionarios ». Esta tendencia irá acentuándose, y , como observa G. Cazottes (1982), el año 1880, después del vacío total o casi de la prensa política entre la Restauración y 1879, marca un cambio cuantitativo que irá acentuándose en 1881 con el gobierno Sagasta. El total de las publicaciones no diarias casi se duplica con respecto a 1875. Vuelve a ser boyante la prensa satírica, con El Rompecabezas, La Lejía, El Escándalo, La Viña, El Buñuelo, El Cesante, Satanás, La Campana, Madrid Cómico, en su primera época, etc.  El examen de las estadísticas referidas a la prensa madrileña, no deja lugar a dudas al respecto: 88 títulos en 1878, 124 en 1879, 149 en 1880 149 pero a principios del año 1881, en Madrid, se publican ya 203 periódicos que, en 1883, serán 238, hasta alcanzar los 328 en 1886 (Botrel, 1993, 373). Por otra parte, la comparación entre el número de periódicos existentes entre principio y fin de año permite obervar que el año 1881 es año de verdadera euforia[7], con una elevadísima mortandad de los títulos (una tercera parte) que luego va reduciéndose (17% en 1882-1883, 19% en 1884, 27% en 1885, 16% en 1886), y, sobre todo, un notable incremento de los periódicos políticos (29 en 1879, 41 en 1880, 51 en 1881 en 1882, 54 en 1882, 73 en 1883, 107 en 1886), con una relativa estabilización posterior, antes del auge de la prensa local y regional (Botrel, 1992).
Conste, pues, que el marco legal represivo establecido por Cánovas, pudo por pocos años contener el auge de la prensa, pero da la sensación (confirmada por las estadísticas) de que una latente reinvindicación social de la libertad y masificación de la expresión, alimenta un proceso inexorable si no arrollador (en el caso de España) cuya aceleración y consolidación « dentro de lo que cabe » coincide obviamente con la llegada al poder de los liberales : el decreto de 14-II-1881 que según Castelar « cuelga la ley de imprenta en el Museo arqueológico de las leyes inútiles » y, luego, la ley de 1883 vienen a satisfacer una exigencia colectiva, por momentos reivindicada y ahora admitida. 
Este proceso que corre parejas con una fundamental evolución y transformación de la prensa[8], ¿qué pudo suponer en la práctica efectiva de los periodistas y del periodismo ? El examen de lo experimentado, durante ese periodo, y muy concretamente en el año 1881, por un periodista muy implicado en la lucha por la libertad de expresión como fue Clarín puede informarnos al respecto.
 
2. La práctica de un « escritor público ». Observemos primero que ni el decreto de febrero de 1881 ni la ley de 1883 le han merecido comentarios a Clarín : apenas un comentario gramatical de la circular de 30-VII-1883[9].  Para el que conociera, en su práctica periodística y en su situación personal, casi todas las consecuencias de un sistema represivo[10], el giro liberal que da a la política Sagasta después de la purga -« los sacrificios » dice púdicamente Castelar- del periodo Cánovas, lo interpreta Clarín, no como una revancha ni una liberación, sino como la vuelta a cierta normalidad y no hay, pues, expresión oficial de alivio, como si el momento de liberación y nueva codificación estuvieran inscritos ya en la marcha de la historia y del sistema institucional siempre cuestionado por el siempre republicano Clarín[11].
            Lo cierto es que después de una desafiante y valerosa militancia periodística en periódicos republicanos como El Solfeo y La Unión[12], y coincidiendo con la transformación de El Solfeo en diario político de la mañana va cambiando su estilo periodístico : el « lenguaje oblicuo » y el disfraz que supone el periodismo satírico-festivo en período de censura drástica donde hasta el verso tiene una intención extraliteraria, cede al del discurso periódico llano, culminando la evolución, en 1883, con la incorporación de Clarín en el aséptico y consensual semanario « literario, festivo e ilustrado », el  Madrid Cómico, cuando el redivivo Gil-Blas no logra sobrevivir.
    Al mismo tiempo, se puede observar que, ya a partir de 1880, escribe Clarín cada vez menos artículos políticos y que sus colaboraciones suelen ser más de crítica teatral o literaria, incluso en los periódicos republicanos, como El Mundo Moderno y El Progreso. Para el periodista Clarín, pues, casi coincide la llegada al poder de Sagasta con una inflexión de su quehacer periodístico (deja de ser redactor para ser colaborador de varios periódicos, algunos no republicanos[13]) y de su manera periodística (menos « política », militante e incisiva)[14]. Verdad es que los años 1880-1881 coinciden para Leopoldo Alas con una nueva visión de su vida personal, con la idea de casarse y para ello establecerse, consiguiendo la cátedra denegada en 1878 por Toreno : tras unas intervenciones de su padre ya desde abril de 1881 –en balde[15]-, será, en 1882, repuesto en sus derechos y nombrado catedrático en Zaragoza, para luego conseguir un traslado a Oviedo en 1883.
Como escribe Yvan Lissorgues (Alas, 2003, 41) : « Leopoldo Alas, sin renunciar a sus ideas, como revelan sus artículos de El Día, pone mucho bemoles a Clarín y se dedica más que nunca a la literatura, a la crítica », y si la inflexión en un quehacer periodístico ya casi estabilizado es anterior a 1881, sí se nota después una especie de normalización, dentro de lo que cabe.
De ahí la sensación de que algo ha cambiado : no en las convicciones nucleares como veremos, sino en la manera de inscribirse en el palenque periodístico, un poco como si el primer turno « pacífico » lo presintiera –sin resignarse- como estructural y duradero al mismo tiempo que las divisiones del republicanismo restan perspectivas para un pronto restablecimiento de la República[16].
            No cabe hacer aquí un examen preciso de las posiciones filosóficas y políticas de Clarín hacia el liberalismo sagastino y su actuación en el sistema de la restauración que para el republicano intransigente sigue siendo censurable y demás. Quedan exhaustivamente expuestas en los trabajos de Y. Lissorgues (2004) y de S. Saillard (2001). En cambio, sí interesa analizar, con una lectura seguida cronológica de sus artículos[17], las consecuencias sobre sus prácticas periodísticas y en su evolución.
La serie de artículos sobre « El hambre en Andalucía » (y la Mano negra) publicados en El Día a partir del 31-XII-1882, son tal vez emblemáticos de esta permanente convicción y nueva actitud por lo que revela de la pretensión clariniana a dar cuenta de la actualidad sin dejarse llevar por ella, elevando el nivel de reflexión y con aparente ignorancia de lo anecdótico, por muy intolerables que fueran sus consecuencias[18]. De ahí  su análisis crítico de un sistema parlamentario « mal entendido » falseado o del centralismo autoritario, sus hondas reflexiones sobre la lucha de clases vs las relaciones entre clases (con una marcada presencia del socialismo de cátedra), sobre la universidad y, en alguna medida, sus críticas desde puntos de vista de la Liga nacional de contribuyentes de la que el marqués de Riscal era el presidente, contra la política del ministro Camacho[19].
Todo lo demás, como son sus comentarios sobre la Real Academia Española y los académicos, el teatro anémico, el centenario de Santa Teresa, la inauguración de la línea de Canfranc[20] , los « infundios » (13-X-1882),  Linares Rivas (21-X-1882), etc., son expresiones entre pesimistas y resignadas, sin el calor y la vehemencia del marras[21].
Ni siquiera la actuación del nuevo gobierno y de sus ministros es pretexto para mayores consideraciones[22], con la excepción, ya señalada, de Camacho, y a los políticos, casi no les presta atención[23], con excepción de los « zurdos » o « siniestros » (de la Izquierda dinástica).
Del presidente del gobierno, « castellano (de no sé qué cuantos de Cameros) »[24], que otrora le mereciera repetidos comentarios y pullas[25], casi no se acuerda: no hay artículo dedicado a Sagasta y apenas se encuentran referencias directas ni alusiones, menos cuando se niega a declarar ilegales a los trabajadores de la Internacional[26], y cuando alaba, en clave irónica, sus cualidades de hombre de Estado y su sentido político al repartir los billetes para una función del Teatro Real de manera que las "bellezas esculturales, las carnes, hablando en plata, de nuestros más acreditados bustos femeninos se lucieran debidamente ! Sagasta se ha asegurado para mucho tiempo –escrine Clarín. Cuando se reparten con tal habilidad unos cuantos billetes de teatro se merece el poder por mucho tiempo. No lo haría mejor el más experto de nuestros acomodadores" (Alas, 2003, 134-5). Más o menos es como si Sagasta no existiera o no tuviera protagonismo personal, cuando sí menudean artículos que tratan de Cánovas[27]. De ahí que se pueda arriesgar una hipótesis : dejando aparte el que en la comparación con Cánovas, Sagasta no parece tener gran personalidad –no tiene obra científica ni intelectual[28]- , lo más probable es que el cuasi silencio sobre Sagasta aunque no sobre su política y los reiterados ataques a Cánovas son consecuencias de un análisis y de un pronóstico : Cánovas pronto ha de volver al poder, como lo hará en enero de 1884.
No existe, pues, en la producción clariniana de los años 1881-1883, ningún indicio de un posible y espectacular alivio con motivo de la llegada de Sagasta al poder, ni siquiera a través del desahogo de un comprensible ajuste de cuentas con Cánovas y Toreno, etc. Como a menudo sucede se ve que ha presentido el cambio, preparándose para posibles y positivas consecuencias personales, como es la obtención -por fin- de una cátedra. Lo cierto es que la manera satírica militante aplicada a la política ceja, sustituyéndola una visión más aséptica y menos comprometida de la situación, siempre indignada, pero bajo otras modalidades, no más cínica, sino más desengañada. Como republicano, aún no posibilista, Clarín sigue bregando por unos valores democráticos incompatibles con la Monarquía y el sistema político derivado y no se deja llevar por la vía de la claudicación. No escatima críticas y pullas a todos los del sistema, inclusive la Izquierda dinástica y por supuesto algunos ministros de Sagasta, pero de manera no enconada, sin ensañarse y menos con el presidente del gobierno: como si ya estuviera convencido de que ha de durar poco y que en buenas manos está el pandero, las de Cánovas por supuesto, con una inteligencia inmediata de lo que la historia había de dejar sentado.
 
Conclusión. Lo había dicho Castelar: "Cánovas no ha sabido coronar el orden alcanzado por los sacrificios de todos, con la libertad para todos, y la nación, a pesar de sus desgracias históricas, ama los principios liberales" (Fernández Almagro, 1968, 372). El primer episodio Sagasta permite confirmar este análisis y restablecer y/o instaurar alguna libertad, como la de la prensa[29], como algo necesario, impuesto por la sociedad, por decirlo de alguna manera.                       Se podrá percibir cierto sentimiento de liberación, como un respiro al ver que las aguas volvieron no a su cauce del Sexenio sino, al menos, a uno más tolerable. Pudo ser un respiro…
            Pero sin ninguna ilusión, como si el filósofo de la historia y el periodista, al propio tiempo que sigue(n) defendiendo el ideal democrático y republicano,  saben ya que el sistema no ha cambiado en lo fundamental. Lo cierto es que el periodo 1881-1883, para Clarín, es como la confirmación de algo intuido/programado, confirmado a lo largo de los años y de las « alternancias », con la consiguiente valoración de Sagasta por lo que es : un instrumento en manos de Cánovas quien sigue siendo el blanco preferido de Clarín.         
Una síntesis de lo que pudo representar para el periodista y disidente ciudadano Clarín el sagastino momento clave de los años 1881-1883 y de la Restauración, tal vez la podamos encontrar en este lúcido y desengañado comentario unos años después, en 1888 : « Ahora que manda Sagasta también hay absolutismo (como con Cánovas, JFB) (…) la diferencia está en que las leyes son liberales… pero no se aplican" (Alas, 2004, 731).
En las distintas interpretaciones de la libertad de prensa según Sagasta y según Clarín, además de matizar las aparentes rupturas, tal vez podamos encontrar la ejemplificación del desfase que en la historia puede darse entre lo que, en la larga duración, llega a caracterizar un momento y la manera personal de vivirlo.
           
J.-F. Botrel (Univ. Rennes 2/Pilar).
 
Obras citadas
 
Alas Clarín, Leopoldo, Obras Completas. V. Artículos (1875-1878),  Edición de J.-F. Botrel e Y. Lissorgues, Oviedo, Ediciones Nobel, 2002.
 
Alas Clarín, Leopoldo, Obras completas. VI. Artículos (1879-1882). Edición de J.-F. Botrel e Y. Lissorgues, Oviedo, Nobel, 2003.
 
Alas Clarín, Leopoldo, Obras completas. VII. Artículos (1882-1890). Edición de J .-F. Botrel e Yvan Lissorgues, Oviedo Nobel, 2004.
 
Alonso, Cecilio, « Clarín y la configuración del espacio literario en la prensa de la Restauración, en A. Iravedra Valea, E. de Lorenzo Alvarez, A. Ruiz de la Peña (eds.), Leopoldo Alas. Un clásico contemporáneo (1901-2001). Actas del congreso celebrado en Oviedo (12-16 de noviembre de 2001), Oviedo, Universidad de Oviedo, 2002, p. 157-201.
 
Bellanger, Claude, Godechot, Jacques, Guiral, Pierre, Terrou, Fernand, Histoire générale de la presse française. T. III. De 1871 à 1940, Paris, PUF, 1972.
 
Botrel, Jean-François, "La prensa en las provincias : propuestas metodológicas para su estudio", Historia contemporánea, 8 (1992), p. 193-214
 
----, Libros, prensa y lectura en la España del siglo XIX, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Ed. Pirámide, 1993.
 
----, « La libertad de imprenta entre la ley y las prácticas », in :Víctor Infantes, François Lopez, Jean-François Botrel (eds.), Historia de la edición y de la lectura en España. 1472-1914, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2003, p. 523-530.
 
Botrel, Jean-François, Desvois, Jean-Michel, "Las condiciones de la producción cultural"". In : 1900 en España, Madrid, Espasa Calpe, 1991, p. 33-58.
 
Cazottes, Gisèle, La presse périodique madrilène entre 1871 et 1885, Montpellier, Université Paul Valéry, 1982.
 
Fernández Almagro, Melchor, Historia política de la España contemporánea. 1868-1885, Madrid, Alianza Editorial, 1968.
 
Lissorgues, Yvan, Clarín político, Oviedo, KRK Ediciones, 2004.
 
Martínez Alcubilla, Marcelo, Diccionario de administración española, t. VII, Madrid, 1892-1895.
 
Saillard, Simone (ed.), Leopoldo Alas "Clarín", El hambre en Andalucía. Edición crítica. Estudio preliminar y notas de …, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2001.
 
 
 
 
 


[1] Alas, 2002, 164. « Lindas banderolas »y no « bandoleras » como viene erróneamente impreso en el citado libro, agradeciendo a Mario Hernández la observación.
 
[2] El 11-II se autorizan los banquetes republicanos ; el 14-II se toma un decreto de amnistía por el cual se alza a determinados periódicos la pena de suspensión, que estuvieren cumpliendo, ordenándose a la vez que los fiscales especiales de imprenta retirasen las denuncias pendientes ante los tribunales creados por la ley de 1879, y que fuesen sobreseídas las causas criminales incoadas por los delitos del carácter aludido »; el 3-III una circular encarece « el respeto más absoluto a la libertad de cátedras » y el  5-III una circular a los fiscales de la Audiencia territorial  precisa que « nada que se refiera al Poder indiscutible e inviolable puede disimularse ni debe consentirse ; pero tampoco es lícito confundir la polémica viva, la censura acre y apasionada, con la injuria y la calumnia, siempre que de los poderes responsables se trate » (Fernández Almagro, 1968, 369).
 
[3] Aunque se sabe que bien mediante la suspensión de las garantías constitucionales, bien desarrollando una serie de disposiciones que contradicen el espíritu de la ley de 1883, quedará limitado el ejercicio de tal libertad (cf. Botrel, Desvois, 1991, 34).
 
[4] « El gobierno de S. M. que estima, reconoce y aplaude la noble altivez de los escritores públicos, espera… que la natural discreción de todos, la certeza de que el campo para manifestar las opiniones es vastísimo y la libertad de pensamiento apenas limitado, salvo en cuanto se refiere a las instituciones fundamentales, que deben ser por todos respetadas y acatadas » , tenga por cosnecuencia que « los procesos contra los escritores públicos (serán) rarísimos ». « En resumen : la ley aplicada con la mayor presteza, el más exquisito cuidado y la más activa vigilancia para que las instituciones fundamentales se conserven inalterables, son las únicas y especiales instrucciones que el Gobierno de S. M. se considera obligado a dirigir a V. S. En todo lo demás un criterio benigno sin debilidad, recto y desapasionado de toda prevención política, de todo sentido de parcialidad, para que la acción pública encomendada al Ministerio fiscal sea tan sólo la manifestación genuina del espíritu de la ley » (Martínez Alcubilla, VII, 877-8).
 
[5] Cf. la circular de 31-III-1881 (AHN-Gobernación 1311).
 
[6] Cf. la petición de prórroga de 24-III-1879, concedida hasta el 30-IV el 2-IV  y luego hasta el 30-VI para 13 periódicos madrileños ya existentes  (AHN-Gobernación) 1311, 31-747) o las prórrogas concedidas a periódicos de la situación como El Español de Sevilla o El Universal y bastantes más (AHN-Gobernación, 1311/ 27-890).
 
[7] Los «  Estados de prensa. Variaciones ocurridas en la misma » (a raiz del telegrama de 11-XI-1881 » (AHN-Gobernación 1311), corroboran la intensidad de creaciones de periódicos :  28 creaciones en Madrid durante el último semestre de 1881, por ejemplo.
 
[8] Para la prensa, 1883 supone tal vez la definitiva consagración del periódico de empresa vs el periódico « político »,  un nuevo modelo de periodismo, el periodismo de masas vs « un periodismo didáctico y crítico, defendido como tribuna ideal para fundamentar opinión y mejorar la moral social desde una contradictoria perspectiva democrático-elitista » (Alonso, 2002, 158).
 
[9] En este artículo de 9-VIII-1883, censura Clarín además de la gramática, el estilo prudhomesco de la circular, observando que recomienda « benignidad e imparcialidad para todo menos para lo que se refiere a instituciones fundamentales, a la disciplina del ejército y al orden público. ¡Eso es, a los que toquen a las instituciones, al orden o a la disciplina que les parta un rayo !" (Alas, 2003, 178-180). En febrero de 1882 no había comentado la huelga de los cajistas cuando en mayo de 1883 se referirá a la huelga de 4 000 jornaleros en Sabadell (Alas, 2003, 135). En 1884, cuando con el nuevo gobierno Cánovas vuelve la represión,  Clarín no parece darse por enterado de las denuncias, procesos y suspensiones a la prensa : verdad es que se está dedicando ya a otros asuntos, como por ejemplo a escribir La Regenta…
 
[10] Además de las repetidas suspensiones ocasionadas por sus artículos a El Solfeo, en 1878,  Clarín había sido postergado por el Ministro de Fomento en las oposiciones, por él ganadas, a la cátedra de Elementos de Economía y Estadística en la universidad de Salamanca (cf. Alas, 2002, 43 y 25).
 
[11] « El Mundo combate a los liberales con el mismo tesón que había empleado La Unión contra los conservadores y siguen los violentos ataques contra el posibilismo de Castelar. Clarín continúa todavía en esta línea », escribe Yvan Lissorgues (Alas, 2004,18)
 
[12]  Valga como muestra esas irónicas y desafiantes líneas de 1877 sobre el Fiscal de imprenta que entonces se llamaba Mendo : "Mendo es la raiz de varias palabras, referentes todas al al oficio de fiscal : en-mendar, vale tanto como hacer de Mendo, ser el Mendo de una cosa, y así enmendarle la plana es corregir, por ejemplo, los abusos de prensa ; reco-mendar significa que Menda le tenga a uno de la mano, y así al que escribe un periódico se le echa la recomendación del alma ; en-comendarse a Dios es pedir que no dé buen Mendo en la hora próxima de la muerte, que son hoy por hoy las veinticuatro del día. Sin más que cambiarle a Mendo una vocal, elemento insignificante en los radicales, tenemos de Mendo...Mando, y ya ven Vds si Mendo Manda, como que si quiere nos manda al otro mundo; mundo que también viene de Mendo, y tengo por notorio que el mundo es uno de los enemigos del alma. Quien tales estudios ha hecho, Sr. Director, no necesita que le tiren de la pluma ; yo sé que hasta en francés por decir multa se dice amende, figúrese Vd. si lo cogeré por donde quema" (Alas, 2002, 736).
 
[13] También empieza a colaborar en periódicos no republicanos, como El Día y, accesoriamente, en La Diana, periódicos liberales y dinásticos, a sabiendas de lo que ha de suponer para la expresión de sus ideas no literarias y también literarias in fine : refiriéndose a su colaboración en El Día, lo dice muy a las claras : « sólo hablaré de aquello en que podamos convenir periódico y corresponsal » (cf. Alas, 2003, 29-30).
           
[14] Este nuevo talente no trae consigo una menor asiduidad muy al contrario ya que en 1882 es cuando publica más artículos en toda su vida periodística (182 ; 92 en 1881), pero sí menos expresiones militantes.
 
[15]  Como consta en una carta dirigida a su ex-jefe político Posada Herrera y en la recibida de J. L. Albareda, de 28-IV-1881.
 
[16] Clarín no comenta -ni siquiera de refilón- las intentonas republicanas de 1883.
 
[17] Unos 400 durante la primera presidencia de Sagasta (109 en 1881 ; 184 en 1882 ;  87 en 1883 y 25 en1884) publicados en La Unión y en seguida El Mundo Moderno, La Publicidad y, desde el 5-V-1881, en El Progreso (órgano del  partido democrático progresista de Ruiz Zorrilla y luego Salmerón). En El Día del ilustrado y reformador –y por cierto riojano- marqués de Riscal « alma y vida » de las Ligas de Contribuyentes », empieza a colaborar el 18-XI-1881. También colabora en  La Diana, fundado por « leales afiliados a la política del gabinete que preside el señor Sagasta » (Alas, 2003, 40) y en  Gil Blas  que vuelve a nacer el 26-I-1882, bajo la dirección de A. Sánchez Pérez, donde, como dice Y. Lissorgues, Clarín « sigue tocando a su manera llamada y tropa » (Alas, 2003, 37), así como, desde el 17-II-1882 en  El Porvenir (órgano del partido progresista de Ruiz Zorrilla) y, a partir de 4-III-1883, en el Madrid Cómico.
 
[18] Por ejemplo, no hay que sepamos protesta de Clarín contra la sentencia a muerte de siete de los implicados, en junio de 1883, ni contra la ejecución del 14-VI-1883, pero sí una crítica a «  las hipérboles de autoridad, después de la hipérboles de anarquía ».
 
[19] Cf., por ejemplo, los artículos de 18-XI-1881, 29-IX-81, 25-II-82, 9-III-82 , 23-I-83.
 
[20]  Cf. el artículo de 24-X-1882 (Alas, 2004, 157-158).
 
[21] Una excepción en un momento en el que casi ya no se encuentran expresiones sobre la Iglesia católica cuando, en El Día de 2-IV-1883). escribe :  « durante la Semana Santa ¿ no se suprime el ruido de los carruajes ? Pues que se suprima el ruido de curas … por la solemnidad de los misterios que recuerda la Iglesia » (Alas, 2004, 345).
 
[22] Cf. los artículos de 7-III-1883 sobre el nuevo Gobierno, de 27-XI-1882 sobre Albareda, de 27-XI-1882 sobre Modesto Fernández y González, de 3-XII- 1883 a propósito de « los nietos de Toreno ».
 
[23] Valga como muestra esta reflexión de 7-VII-1882 : « Dos cosas preocupan la atención de los hombres que se interesan por la prosperidad de la patria. La formación de una compañía para el teatro Español, y la formación de un partido dinástico-democrático que pueda turnar en el Gobierno dignamente con la troupe de Sagasta   … es probable que nos quedemos sin demócrata para la dinastía », pero se pueden encontrar alusiones a Venancio González, Cañamaque («Cañamaquín », »Cañamaquazo », « la triquina del Congreso »), Martínez Campos («¡ Quién sabe si algun día dirá la historia que Martínez Campos fue un héroe ! »), Alonso Martínez, Servando Ruiz Gómez, etc.
 
[24] De « Carneros", pone el cajista de La Publicidad el 7-II-1883.
 
[25] Recordemos, no obstante, que el acta de nacimiento de Clarín coincide con un artículo sobre Sagasta (Alas, 2002, 78) y que en la primera producción periodística clariniana no faltan referencias a Sagasta,  a « los sagastinos caídos », a la « sagasticidad » o a lo de "donde hay Sagasta no manda marinero" (V, 184), pero también este juicio : « Ni el señor Sagasta es académico ni lo será en su vida y no importa que su estilo se vulgarice » ,  con la intuición, en el soneto reproducido al principio, de la adhesión de Sagasta al sistema y al futuro turno pacífico, a raiz del discurso del teatro Circo de 6-XI-1875. Dejo a los sagastólogos el cometido de aprovechar, en la larga duración de los 2.400 y pico artículos publicados por Clarín entre 1875 y 1901, las cuantiosas alusiones de todo tipo al castellano de "de no sé cuantos de Cameros" y los frecuentes comentarios que le merecen la actuación pública de Sagasta, aun cuando, valga la verdad, más materia encontrarán los canovasólogos, porque, si bien el intransigente y joven republicano no deja de criticar lasclaudicaciones de don Práxedes Mateo, es decir el mismísimo Sagasta » y las de los llamados "constitucionales", es, al fin y al cabo, menos blanco que los neos y Cánovas y sus fiscales de imprenta.
 
[26] Cf. el Palique de 2-IV-1883 (Alas, 2004, 344).
 
[27] Valga como muestra estas líneas de 4-XI-1885 (Alas, 2003, 174-5) : « En aquellos tiempos se llamaba Cánovas a los presidentes de todo, como a los reyes de Egipto se les llamaba faraón aunque se llamasen Nicolás.
Así hubo un Cánovas Sagasta, un Cánovas duque de la Torre que presidió la construcción de un puente llamado de Alcolea, que más tarde se hundió bajo el peso de unos carros de Martínez Campos, que era como entonces se llamaba el plomo.
            Cánovas era también sinónimo de monstruo, y así a Lope de Vega se le llamaba monstruo o el Cánovas de los ingenios. Cánovas también significaba sabiduría».
 
[28] « ¡ Cúanto le envidiará Sagasta estos viajes [de Cánovas] a Simancas ; él que no siquiera registró el archivo de su pueblo natal ! », escribe Clarín el 30-X-1882 (Alas, 2004, 160).
 
[29] Convendría comprobar si, tratándose de la prensa, con Sagasta empieza a aplicarse aquella línea definida por Alexis de Tocqueville en los años 1830 : «el único medio de neutralizar a los periódicos es la multiplicación de su número » (apud Bellanger et al., 1972, cap. III), abandonándose la arbitrariedad sin llegar, sin embargo, a la impunidad.
 
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« La libertad de prensa según Sagasta y según Clarín (1881-1884) »

en : José Miguel Delgado Idarreta, José Luis Ollero Vallés (Eds.), El liberalismo europeo en la época de Sagasta, Madrid, Biblioteca Nueva, Fundación Práxedes Mateo Sagasta,  2009, pp. 300-309.