Alocución (…) en el acto inaugural del XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (París, 9 de julio de 2007), en Pierre Civil/Françoise Crémoux (eds.), Actas del XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. París, julio de 2007. Nuevos caminos del hispanismo…, Madrid/Frankfurt am Main,  Iberoamericana, Vervuert, 2010, pp. 49-52.


Alocución de Jean-François Botrel, Presidente de la Asociación Internacional de Hispanistas, en el acto inaugural del XVI Congreso de la AIH (París, 9 de julio de 2007)


 
Monsieur le Recteur-Chancelier des universités de Paris, Alteza, Señor Duque, embajadoras y embajadores, mesdames et messieurs les présidents des universités, señoras y señores presidentes de asociaciones nacionales de hispanistas, queridos colegas y amigos,
 
Pocos días hace, me preguntaba (por Internet) un joven doctorando, con tranquila confianza : —¿Qué es la AIH y para qué sirve exactamente?
De estar en este Gran Anfiteatro de la Sorbona lleno de veteranos o más jóvenes hispanistas de más de 30 países (algunos muy distantes de París, como Chile y Argentina, Japón, Corea, China y Australia) o por la mera lectura del programa de este XVI Congreso nuestro, ya habrá comprendido y sentido lo que, más allá del trienal encuentro, reúne y une al hispanismo internacional -sutil compuesto de tradiciones nacionales y de aspiración a la globalidad- como conjunción y amalgama, cada vez más coherente, de unas múltiples e intensas miradas sobre el mundo hispánico.
La Asociación Internacional de Hispanistas, sin propugnar un Hispanismo de hispanismos ni pretender sustituirse a las legítimas iniciativas de las asociaciones y entidades con las que libremente coopera, entre otras la Fundación Duques de Soria, el Instituto Cervantes y la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y las asociaciones nacionales de hispanistas, sí procura, como lugar de encuentro y permanente foro de debate, actuar como vínculo y como aglutinador y crisol para una visión cada vez más trascendente y compartida del hispanismo y de sus cometidos, cara a una acrecentada coherencia y un mayor impacto social y cultural.
         La AIH y el hispanismo internacional son la  obra viva de más de cuarenta años : desde el fundacional Congreso de Oxford recordado hoy a través de un curioso programa donde vienen recogidas las firmas de 160 socios fundadores de nuestra Asociación, ha venido haciéndose gracias al obstinado empeño y sacrificado trabajo de nuestros sucesivos presidentes, secretarios generales tesoreros y miembros de la Junta Directiva, muchos y muchas de ellos/as presentes en este Anfiteatro.
Por segunda vez se celebra un congreso de la AIH en Francia: algunos recordamos con nostalgia ya el V de Burdeos en 1974, con la entrañable memoria de Marcel Bataillon, presidente de la AIH entre 1965 y 1968 y de Noël Salomon, cuyas innovaciones como la de los Encuentros de investigadores venimos practicando aún. Pero París es París. Para muchos españoles e hispanoamericanos de antaño era la Atenas o la Babilonia moderna –sobre esto hay opiniones-, un lugar –no faltan lugares parecidos- donde la trama del hispanismo internacional se ha ido constituyendo y enriqueciendo a base de  intercambios estructurados o de involuntarios, por necesarios, movimientos migratorios, con todas las aventuras pero también los dramas colectivos y personales de unos hispanistas, algunos malgré eux que, con la lejanía,  aprendieron a distanciar la mirada: no será para los hispanistas motivo de asombro pero sí de reflexión  el que El coronel no tiene quien le escriba lleve la fecha de "París, enero de 1957" o que tantas lápidas en los cementerios de París recuerden la memoria de escritores, artistas o intelectuales españoles o hispanoamericanos. Este legado, aún por valorar, está presente en nuestra propia esencia y en nuestro quehacer -y en nuestra memoria.
 
Lo que nos une y unifica a todos es obviamente la lengua española con todas sus herencias e hibridaciones (en el recién celebrado IV Congreso de la lengua española de Cartagena de Indias nos enteramos de que la palabra preferida por los niños colombianos era chocolate, una palabra nahuatl, por cierto) y sus variadas modalidades, la de Valladolid o de Antofagasta, con o sin ese "balanceo de hamaca" con que habla don Frutos, el indiano de La Regenta, y hasta la de los que la hemos aprendido como lengua extranjera y la hemos hecho nuestra.
 Pero para ser hispanista no basta entender y hablar el español, es preciso saber de lo hispánico, para poder producir unos nuevos conocimientos y poder transmitirlos, para proyectarse y actuar, si cabe, como intermediario cultural. Ejemplar me parece al respecto la figura de Alfonso Reyes, evocada en una exposición ofrecida con motivo de este Congreso, no solo como simbólico enlace entre Monterrey y París, sino por su ingente labor mediadora como diplomático e hispanista entre México, Brasil, Argentina, España y Francia.
         El hispanismo hoy es, además de un legítimo y a veces asombroso interés por lo hispánico, el obrar conjunto y vario de todas esas miradas cruzadas y entrecruzadas, con la idea de progresar colectiva y conjuntamente en el conocimiento de lo hispánico y permitir a los no hispanófonos que le vayan cobrando más estima.  
         Un hispanismo globalizante y dialogante: es de nuestra responsabilidad de hispanistas "internacionales" intentar superar la muy humana pero egoísta aspiración a autovalorar la propia asignatura y especialidad y a querer reproducirse a través de ella, y recapacitar sobre  lo que podría ser una legítima preocupación para cualquier hispanista : mantener y cultivar ese calar hondo en la historia de la lengua, de la literatura y de la cultura para una docencia actual, pero también fomentar una dialogante e incluyente actitud dentro de la propia esfera del hispanismo donde caben, desde el principio, filólogos, lingüistas, teóricos de la literatura, historiadores, etnólogos, etc. y, en sus márgenes, con otras disciplinas : a los egoístas cotos cerrados, se ha de oponer un legítimo -con tal que sea intelectual- braconnage apto para explorar campos, bienes y métodos ajenos, y enriquecer el quehacer común.
Un hispanismo sin fronteras, pues, entre  los distintos hispanismos pero también las principales disciplinas del ámbito de las ciencias humanas y sociales o las épocas, etc., que mantenga y promueva una visión no fragmentada e hiperespecializada sino pluri o multidisciplinar y globalizante. Espero que este XVI Congreso de París, organizado por hispanistas representantes de nueve universidades herederas y renovadoras de la antigua Sorbona, a quienes agradecemos su altruismo y empeño, por su arquitectura y su temática nos ayude a progresar por este camino largo de recorrer, sin duda.
 
Porque el hispanismo no puede contentarse con ser un conservatorio de glorias pasadas por muy efectivas que sean; es su responsabilidad y la de los hispanistas desensimismarse, abrirse y apoderarse de unas  nuevas y diferentes problemáticas y tecnologías, bregar por la promoción y  emergencia de más emblemas y valores vinculados con lo hispánico. Proseguir, pues, en la línea marcada por Ramón Menéndez Pidal cuando, en 1920, abogaba por un hispanismo no únicamente de templa serena, de pura erudición, sino más  vivo, más amplio, más directo —"de plus direct" decía, en Tolosa de Francia—, destacando sus tres aspectos: el literario, el lingüístico y el utilitario (así lo decía). Una tarea de permanente aggiornamento de nuestros planteamientos y prácticas, para hacer mentir el refrán que dice que "antes se toma el pulso al haber que al saber",  desconfiando, pues,  de una cómoda aunque halagüeña insularidad, para alcanzar más y más el espacio público internacional, inclusive en aquellos países (africanos o hispanoamericanos) donde, por motivos económicos o históricos, falta aún desarrollar el hispanismo o la conciencia de obrar como hispanistas.
 
Ante el muy laico y alegórico  mural "El bosque sagrado" de Pierre Puvis de Chavannes, me gustaría, para concluir, citar a nuestro primer presidente Dámaso Alonso quien definía el mundo de la cultura hispánica como "la selva milagrera donde al caballero hispanista –se entiende que también a la caballera- se le puede dar, una tras otra, estupendas aventuras".
Por este bosque milagrero o esta selva sagrada, de colores que se me antojan intensificados hoy por todo  el amor y la pasión que tanto lamentaba Rafael Altamira no observar en los hispanólogos de principios del siglo XX, donde, de fecunda manera,  bajo los alegóricos auspicios de muchas de las disciplinas representadas y con una intacta o renovada ilusión, se aúnan  el estudio y el afán, por esa selva y este bosque nos venimos adentrando, día tras día, trienio tras trienio, desde hace casi medio siglo, en pro del Hispanismo.
¡Ojalá sea por muchos años!
 
                                                    
 
 
 
 
 
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